Dicen que las promesas electorales tienen ventanas para el olvido. Se aferran a las esperanzas de la gente que siembra ilusiones, pero sus frutos son amargos y muchas veces indigeribles. Hace doce años (el lapso en que algún niño entró al preescolar y ahora en octubre iniciará su bachillerato), un militar, nacido en Sabaneta de Barinas, prometió un sinfín de cosas. Una economía sana, un montón de viviendas y seguridad en las calles. Hay quienes todavía apuestan al cumplimiento de esas promesas. Mientras tanto, prefieren esperar sentados.
Foto: Renier Otto