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La Nación | 14/09/2013
"El país sigue mal"
Para el exdirector del Cendes y actual coordinador de la Alianza por la Venezuela que Queremos Todos, Werner Corrales, resulta paradójico ver al mismo tiempo ausencia de autoridad, como pasa con la anarquía de los motorizados, y el exceso de autoritarismo, con la imposición de cadenas y el uso del estamento militar para amedrentar.
ELIZABETH ARAUJO /FOTO SAÚL UZCÁTEGUI
Werner Corrales
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Para Werner Corrales resulta paradójico ver al mismo tiempo ausencia de autoridad, como pasa con la anarquía de los motorizados, y el exceso de autoritarismo, con la imposición de cadenas y el uso del estamento militar para amedrentar.

El exdirector del Cendes de la UCV y actual coordinador de la Alianza por la Venezuela que Queremos Todos abrirá un diplomado en la Universidad Metropolitana para formar nuevos líderes. Piensa que los dirigentes políticos no deben seguir enfocados casi exclusivamente en ganar elecciones, como pasa desde hace 30 años, como tampoco en transformarse en asépticos gerentes de políticas públicas.

–¿Cómo define usted la Venezuela actual?
–Somos un país en que se ha perdido la cohesión y confianza entre los ciudadanos. Un país que lleva 35 años viendo caer todos los indicadores de bienestar, de generación de valor,  equidad, de seguridad institucional. En fin, un país que ha perdido uno de los atributos fundamentales de una nación, que es una visión compartida de futuro.

–Partiendo de esa evaluación, se requiere de un cambio de paradigma que impulse al país a desarrollar nuevos dirigentes. ¿En eso consiste el diplomado de Liderazgo Social y Político?
–El Diplomado es un programa académico para la formación de nuevos líderes políticos y sociales (se inicia el 4 de octubre en la Universidad Metropolitana) y que planeamos abrir de forma permanente en 7 universidades. Pienso que los líderes políticos no deben seguir enfocados casi exclusivamente en ganar elecciones, como ocurre desde hace 30 años, ni tampoco transformarse –como otros proponen– en asépticos gerentes de políticas públicas, solo preocupados por la eficiencia, como podría corresponder a países que no viven las trampas económicas, sociales y culturales del subdesarrollo. Para contribuir a que Venezuela salga de esta crisis, y que no vuelva a perder el rumbo, los nuevos líderes deben convertirse en promotores de cambios que hagan desaparecer la pobreza y la exclusión. Que promuevan cambios que generen condiciones para la paz, que incentiven la iniciativa creadora de individuos y grupos, que propicien la convivencia y cooperación en la pluralidad. Ese nuevo liderazgo, encarnado en los jóvenes que entran al mundo de lo público, parafraseando a Amartya Sen, debe estar comprometido y formado para promover el desarrollo como la libertad.

–¿Considera que muchos de los problemas del país derivan de una lectura equivocada de los hechos económicos y sociales de quienes ejercen el poder, o es falta de liderazgo generacional?
–Hay un problema visible que afecta a todos por igual. Es la ausencia de autoridad en algunos casos, como pasa con la anarquía de los motorizados, y el exceso de autoritarismo que el gobierno exhibe con la imposición de cadenas y el empleo del estamento militar para amedrentar.

–¿Con la muerte de Chávez se cierra el capítulo del caudillismo en Venezuela, o estamos en riesgo de repetir ese episodio?  
–Evidentemente Hugo Chávez era un caudillo, pero su liderazgo combinaba componentes de mesianismo y clientelismo, por una parte, con rasgos personales muy particulares de histrionismo y gran capacidad para interpretar el imaginario político venezolano, por la otra. Siendo así, es muy improbable que se pueda reproducir otro Chávez, y en ese sentido se cierra “su capítulo caudillista”. Pero somos proclives a otros caudillismos por razones de nuestra cultura de interacción entre pueblo y líder. Y lamentablemente no estamos aún vacunados. A mí, por ejemplo, me asombra leer reiteradamente en las redes sociales mensajes de jóvenes universitarios que se autocalifican de “caprilistas”, que se convocan mutuamente a actuar como legiones tras su “líder”, de quien no se podría diferir en nada sin incurrir en una violenta represalia verbal.

–¿Cuáles son, a su juicio, las claves del problema de la violencia, dado que tras 22 planes de seguridad el gobierno no parece tener éxito?
–Creo que la pérdida de gobernabilidad, la violencia, la conflictividad en comunidades, el delito con agresión física y la polarización política extrema son varias expresiones de un mismo complejo de factores, el cual viene progresando desde hace por lo menos 25 años, y que no ha sido abordado apropiadamente sino que por el contrario ha sido agravado. Temo que no habrá resultados de los planes dirigidos a reducir la violencia, si se insiste en atacar el delito como único fenómeno, y a la vez se ignoran o se promueven exprofeso otras expresiones y factores del complejo mencionado. Hay dos casos en los cuales los factores originales de polarización, conflictividad y violencia son agravados por políticas del Estado: uno tiene que ver con la pérdida de cohesión y confianza entre los miembros de la sociedad. Desgaste que está relacionado en sus orígenes con la exclusión social que crece desde los años 80 pero que ha sido conscientemente agravado por el discurso sistemático que busca promover la polarización política y la guerra entre ricos y pobres, entre derecha y revolución, etc. El otro es el manejo de la política de seguridad ciudadana como instrumento de coacción política. La violencia callejera, el delito con agresión física y las muertes de fines de semana tienen una correlación evidente con la entrega de armas por el gobierno a “colectivos” entre quienes se fomentan agresiones a grupos opositores. O de haber encargado de los operativos de seguridad a cuerpos militares no respetuosos de los derechos humanos ni entrenados para la relación con civiles.

–Visto ahora en la distancia, la creación de la Misión Barrio Adentro ¿ha sido un fracaso o es un acierto al que no se le dio continuidad?
–Barrio Adentro, como también las misiones relacionadas con la educación, tenían elementos positivos en sus proyectos originales, pero muy rápidamente fueron convertidas en instrumentos clientelares para con los afectos a la revolución, y de exclusión política para los no afectos a ella. Y al alcanzarse los niveles más altos de renta del Estado, los administradores políticos de las misiones se olvidaron de la relación revolucionaria entre trabajo y valor, para dar prioridad absoluta a la compra de votos. Becas y no oportunidades de trabajo productivo. Finalmente, algunas de las misiones comenzaron a ser víctima de la corrupción que invadió todos los estratos del gobierno. No es posible mantener el compromiso con el que nacieron las misiones, ni la eficacia de sus acciones, cuando los participantes se dan cuenta de que la solidaridad y la ética de los programas se convierten en exclusión y prácticas non sanctas.

–¿Cuál sería la Venezuela ideal, según el pensamiento de Werner Corrales?
–Imagino como deseable, como el objetivo a alcanzar, una sociedad en la cual nos hayamos reconocido mutuamente, aceptemos la pluralidad y seamos capaces de cooperar. Que nos hayamos reconciliado y entrado en un proceso sostenido de desaparición de la pobreza, proceso en el cual todos los actores sociales nos comprometamos a cumplirlo. Que el esfuerzo productivo y la iniciativa creadora sean respetados e incentivados. Y por esa vía todos tengamos una actividad cuyos frutos nos permitan vivir la vida que tenemos razones para valorar. Que la democracia participativa sea realidad, con toma de decisiones crecientemente descentralizada. Que la educación sea de calidad creciente y accesible a todos y que hayamos superado las trampas del rentismo, las económicas, las culturales y el populismo clientelar.

–Si tuviéramos que tomar un modelo afuera para que Venezuela salga adelante, ¿cuál cree usted que sería el país que tomaría como referencia?
–No hay ningún país en particular que reúna los rasgos y los procesos necesarios que he mencionado antes, que son los siete consensos de una Visión Compartida de País. Una visión que resultó de diálogos en las bases de la población venezolana en los cuales participaron más de 66 mil personas en todo el país, y de 6 simposios universitarios en los que participaron más de 500 profesionales, seguidores del proyecto del presidente Chávez y adversarios opositores. El país de esos consensos es el modelo que yo tomaría, es la Venezuela que queremos todos.

 

 
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