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Libros, periodismo, medios | 06/09/2013
Entiérrenlo de una vez
Ojos que no ven, corazón que no siente: frase que la MUD debe difundir por todo el país, en cada esquina. Ante el 8 de diciembre, cuando se plantea un plebiscito en torno a Maduro, las estrategias del mercadeo privan
SEBASTIÁN DE LA NUEZ
Sepulcro de Hugo Chávez
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Todo el país es un escenario en época electoral. Una campaña es teatro, matemáticas e imagen. Ni más ni menos.

La mecha de la ira se escurre, latente o quizás no tanto, en las frases que acuña la gente en Twitter pero también en las autopistas del país; cabalga en cada motorizado o se encierra en el aire acondicionado de los automóviles sin repuestos de la clase media. La ira es un insumo clave para la contienda que se avecina.

Puede ser una herramienta que se convierta en voto. Al parecer, hay un gran porcentaje de la oposición dispuesto a no votar, lo cual es un mal síntoma. Sin embargo, que nadie lo olvide: la emoción moviliza.

Hay formas de motivación. Una campaña motivadora es ilusión, buen humor y desfachatez a partes iguales. La impertinencia ante un poder que actúa conforme a reglas no democráticas es un camino que necesita ser recorrido con imaginación y audacia.

Los expertos en marketing hablan de "mercadeo agresivo". Hay un libro precioso del filósofo español Julián Marías, Breve tratado de la ilusión, en el que habla de la ilusión como ingrediente de toda vocación concreta.

El pueblo venezolano, a pesar de sus dislates, ha demostrado su vocación democrática en reiteradas ocasiones. La ilusión es una proyección de nuestros deseos; hay ilusiones que Marías llama "parciales" pero asimismo debe haber una ilusión total que englobe a las parciales.

Por ejemplo, la de realizarse profesionalmente en tu propio país se enmarca (es una condición previa) en esta otra, grande y superior, del ser democrático. Hay algo inequívoco: el futuro nunca será chavista porque esa ilusión más o menos legítima que animó al movimiento en sus principios ha devenido antítesis del progreso. Antítesis de toda ilusión. Es el anquilosamiento estructurado.

Se relaciona con lo rancio, lo caduco, lo manoseado, lo muerto. En los sarcófagos mentales el chavismo se halla a sus anchas.

Por otra parte, el madurismo no existe; es solo un tic de pobreza verbal, el cliché como síntesis, metralla real o metafórica como instrumento de lucha política.

Todo ello sin el sistema de conexiones emocionales que era capaz de animar Chávez. Una vez más: Maduro no es Chávez y este Gobierno tampoco es el gobierno de Chávez. El líder ha fallecido, la lucha nunca existió; lo que existió fue contubernio.

La teoría política indica tres elementos para el sostenimiento del poder: acción relevante, identificación con el mensaje y valor de credibilidad.

Con respecto al primer elemento, acción relevante, el plan Patria Segura se ha convertido en otra forma de asesinar. Y el gobierno de calle es una perdedera de tiempo en pantalla. En cuanto a la corrupción, ya Maduro abandonó el tema. Eso no da frutos en este país, y no puede seguir escupiendo hacia arriba.

El segundo elemento, la identificación del mensaje, juega también en contra: ¿puede sostener Maduro, con ese tonito lánguido en su modulación, algún discurso que no contenga la palabra "Chávez" y le llegue a la gente, le alimente su ilusión después de haber llegado a su casa y encontrarse con un apagón?

 El tercero, la credibilidad, se relaciona con la estima afectiva. ¿La imagen de Maduro llega y se queda en el pueblo? En estos tiempos la polarización no es de 60% versus 40% sino repartida en toletes iguales.

La oposición necesita tres cosas: 1) Remachar que Chávez está bien muerto, muertísimo, y que esos ojos en el tarjetón y en los afiches no son capaces ni de vigilar a los gusanos bajo tierra. 2) Andar alegre por la vida, repartiendo en cada municipio caras de alcaldes oficialistas al lado del rostro inexpresivo de Maduro. 3) Cantar. Un buen jingle moviliza. Un jingle nacional.

¿Qué vas a hacer al respecto, Nicolás? ¿Filosofar, blasfemar, gimotear, buscar una cagarruta de mosca en una declaración del impuesto sobre la renta de Mardo o Capriles?

 
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