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Opinión | 04/07/2013 | 1 Comentarios
Ideología oficial
Según estos sedicentes voceros del hombre nuevo, detrás de la paralización de las actividades universitarias, se esconde el preámbulo de un golpe de estado
LEÓN ARISMENDI
Universidades
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El discurso del gobierno sobre el conflicto universitario reproduce el modo de razonar de los partidos comunistas en el poder y el de la izquierda fundamentalista. Me refiero al apego a un libreto que recoge la "línea política" de la organización y que cada militante debe repetir hasta la saciedad, casi con la misma entonación de voz.

No hay matices, todos dicen lo mismo, sus argumentos son la guinda de la verdad, su superioridad moral es infinita, tanto que parece que nunca han roto un plato. El simplismo es bochornoso por decir lo menos.

Según estos sedicentes voceros del hombre nuevo, detrás de la paralización de las actividades universitarias, se esconde el preámbulo de un golpe de estado. Eso, lo repiten con poses de haber hecho sesudos diagnósticos, tanto que cualquier mortal, habitué del canal de todos los venezolanos, puede quedar convencido de que la Presidenta de FAPUV, Profesora Lourdes Ramírez, se lo pasa en los cuarteles soliviantando soldados para que se alcen.

La pajuatada que está detrás de semejantes imputaciones es la vieja fullería de la "revolución" amenazada, siempre con un enemigo que la acecha, el imperio que la quiere defenestrar. De allí la respuesta obvia, el que piensa distinto, el que reclama derechos propios es apátrida y traidor; un gusano delincuente.

De allí que, en lugar de buscar solución adecuada a un conflicto, siempre se camina en terrenos de lo inaceptable. La revolución no puede hacer concesiones y si la protesta de FAPUV y las asociaciones de profesores universitarios son parte de un plan desestabilizador, no se les puede dar ni agua.

La enajenación es tal que proceden como si estuviesen frente a un ejército enemigo y hasta se inventan emboscadas como esa de reunir a un grupo de sindicalistas y al Ministro de Educación superior (todos afectos al PSUV) y resolver que lo que allí se acuerde rige para todo el que se mueve en el ámbito de las relaciones laborales en la educación superior. La democracia participativa y protagónica consiste en que debe hacerse lo que le conviene al gobierno y los demás que se la calen.

El absurdo es tal que, como oí decir, en una de las tantas reuniones que se han efectuado en los últimos meses, el de los universitarios sería uno de los intentos de golpe de estado de más fácil y rápido sofocamiento.

Bastaría con que el gobierno, en un arrebato de sentido común, reconozca que la representación de los profesores de las universidades nacionales la ejerce la FAPUV y sus asociaciones afiliadas e inicie con estas y las autoridades de dichas casas de estudio un proceso de negociación sobre las exigencias del gremio. En una simple acta que recoja el hecho se acaba la conspiración.

Por cierto, esa sería una señal alentadora para un país que está hastiado de confrontación. Lo contrario corrobora el propósito oficial de meter bajo su control el pensamiento crítico, el que hace posible que las universidades sobrevivan.

 
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