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Opinión | 27/02/2013
Hoy lo vi
Lo que el país reclama es algo sencillo: una junta médica, nombrada por el mismo gobierno, presidida por la ministra de Salud y el director del hospital militar, que haga una evaluación clínica de la condición del Presidente
ELIZABETH ARAUJO
Hospital
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“La primera obligación de las personas consiste en no morirse, aunque las funerarias no estén de acuerdo”, escribió el periodista Manuel Vincent no recuerdo dónde, y no habrá quien se oponga.

De modo que Nicolás Maduro, en una suerte de viveza criolla, a la que se cree con derecho a extender al ámbito de la conducción del Estado, se planta por la calle del medio para burlarse de los venezolanos, chavistas o no, con el único propósito de ponerse al frente de un gobiernito errático y por ñapa mediocre, como sus discursos, plagados de tanta descalificaciones.

Pero, de alguna forma, habrá que reconocerle al vice el halo de suspenso a lo  Hitchcock con el cual ha manejado la “presencia” de Hugo Chávez en Caracas, y que ha ganado algunos frutos, como ese de acallar las voces de quienes reclamaban la vuelta del Presidente al país.

Lo que pasa es que el implacable tiempo juega en su contra y ya no son los estudiantes universitarios que se mudan de la embajada cubana al hospital militar, sino los mismos chavistas quienes exigen conocer, sin trucos, la verdadera condición de salud de quien ellos eligieron el pasado 7 de octubre.

Por eso, mi recordado profesor Díaz Rangel, Hugo Chávez se ha convertido en el paciente más asediado del país, porque usted nos enseñó en el aula de la UCV, lo que se llama prominencia de persona. Usted, mejor que nadie, sabe que Hugo Chávez no es el enfermo normal, que hizo cola a las 5 de la mañana a las puertas de un hospital, y recibió su número, para ser atendido a las 11 y media por un médico malencarado y soñoliento del Seguro Social, que le va a preguntar “ajá, y desde cuándo está sintiendo esos dolores?”.

Nadie exige que el presidente Hugo Chávez aparezca en la ventana del hospital y asome su clásica señal de victoria, chocando un puño contra su mano. Tampoco se le pide una cadena nacional, válgame Dios; o un video grabado por el ministro-yerno (otro funcionario público con permiso para ausentarse del trabajo el tiempo que quiera) donde aparezca el candidato que días antes de las presidenciales aseguró que se había curado del cáncer y hoy sabemos que nos mintió.

Lo que el país reclama es algo sencillo: una junta médica, nombrada por el mismo gobierno, presidida por la ministra de Salud y el director del hospital militar, que haga una evaluación clínica de la condición del Presidente y transmita al país una información más profesional, más seria, que las tres frases ya caliches del ministro Villegas o las habituales bravuconadas pendencieras de Diosdado Cabello.

Muy sencillo, profesor Díaz Rangel, el país no puede ser conducido por un equipo gubernamental descontrolado, al que nadie eligió el 7 de octubre. O depender de una enfermera con una franela roja que, emocionada y bañada en lágrimas, nos dice por Venezolana de Televisión, “hoy lo vi, y tenía un tumbao como los guapos al caminar”.
 

 

 
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