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Tecnología | 24/02/2013
Sobre TV Digital
Con la llegada de la televisión digital el asunto mejora. Ya la señal en la que se emite un canal no viaja de manera analógica sino digital. Eso significa que la imagen y el sonido son más fieles, mejora su calidad y además puede ser comprimida
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La cantidad de canales de televisión que se pueden ofrecer con antena es limitada. Durante años conocimos apenas 4 o 5 canales, pero poco a poco se han ido incorporando algunos más.

Cuando esa banda de canales es insuficiente hay que buscar alternativas. Lo mismo ocurre con la radio: el dial es bastante limitado y en algunas ciudades no cabe una sola emisora más.

Para emitir esas señales, la radio y la TV usan frecuencias radioeléctricas, que son la magia existente antes del Wi-Fi. No las ves, no las sientes, pero su señal está en todas partes hasta que una antena las recibe y las convierte en imagen y sonido. Y no, no es un dios, aunque la televisión sí ha construido culto.

Como esa cantidad de canales es limitada, el Estado debe administrarla. En algunos países esas señales se subastan al mejor postor y en otros el Estado las otorga. En todos los casos se exigen ciertas responsabilidades sobre la explotación de ese recurso. Sin embargo, la palabra clave es la "escasez". Como hay pocas, no caben tantas señales. Por eso --y también por razones políticas--la señal que antes explotaba RCTV luego fue otorgada a TVeS (con sus antenas repetidoras y todo: en combo).

Con la llegada de la televisión digital el asunto mejora. Ya la señal en la que se emite un canal no viaja de manera analógica sino digital. Eso significa que la imagen y el sonido son más fieles, mejora su calidad y además puede ser comprimida.

Cuando decimos que algo está digitalizado es porque ha sido convertido en millones de ceros y unos que se transmiten por cable o de manera inalámbrica y que pueden reconfigurar, allá donde se reciba, una imagen, un sonido, un texto o casi cualquier cosa. La revolución digital implica que los lenguajes humanos pueden conservar su riqueza y su diversidad utilizando un mismo código compuesto por ceros y unos: 01001000 01101111 01101100 01100001 significa "Hola". Por lo tanto la TV digital sólo se trata de otra forma de emitir y recibir las señales radioeléctricas de los canales de TV.

La palabra más importante del párrafo anterior es "comprimida". Eso significa que en cada espacio por donde emitía una señal de un canal de televisión analógico, ahora caben 8, 6 o 4 canales digitales. Eso depende de qué tan comprimida sea la señal digital y cuánta calidad se desee en esa imagen. Sin embargo, sin importar cuál se seleccione, la señal tendrá más calidad y además habrá espacio para más canales.

Es decir, donde antes había sólo 12 posibles canales de televisión, ahora hay señal para al menos 40. Una aclaratoria: estamos hablando de la televisión que se recibe por antena, la TV abierta. No se trata de la televisión por cable ni la satelital que se recibe con miniparabólicas en quintas y ranchos de todo el país y que exige el pago de una suscripción mensual (Directv, Inter, Cantv, Movistar).

La TV digital abierta es libre y gratuita, sólo que debe adaptarse al televisor que se tenga en casa con un nuevo decodificador. Obviamente, en un espacio en el que caben más canales, habría capacidad de darle señal nuevamente a RCTV, mantenérsela a Globovision, y además darle canales a ONG, comunidades organizadas, proyectos educativos y emprendedurías locales.

La adjudicación de frecuencias no sería tanto problema porque no se administrarían desde la escasez. Por lo tanto, cualquier decisión que deje por fuera a algunas de estas propuestas de canales no obedecerá a una limitación técnica sino a una decisión política y administrativa.

EL OTRO RETO DE LA TV
Hay un agujero negro que no pueden responder los voceros de la hegemonía venezolana ni las apuestas de las televisoras digitales en países donde los privados llevan la batuta: la televisión compite en un nuevo escenario de abundancia informativa.

La televisión abierta está compitiendo hace mucho rato con la televisión satelital, capaz de brindar centenares de canales de todo el mundo, parrillas de programación, señales en alta definición y hasta grabar para ver en diferido. También debe competir con la televisión por cable, que tiene todo lo anterior sumado a servicios de Internet de alta velocidad y menos problemas por los cambios climáticos. Y además debe competir con el hecho evolutivo de que las audiencias más jóvenes están consumiendo otro tipo de contenidos audiovisuales a través de Internet.

De hecho, la próxima batalla podría ser entre la televisión en tiempo real --donde ves lo que transmite su señal en vivo-- y la televisión asincrónica --en la que decides cuáles programas ver, cuándo verlos y eliminas publicidad y otras cosas.

Así que la gran inversión pública que estamos haciendo también choca contra nuevas dificultades: la llegada de la televisión digital es inminente, es necesaria, es obvia, pero también es tardía y burocratizada. Además llega en un contexto en el que no logra capturar la mayor cantidad de audiencia. La sociedad de masas murió hace rato, así que el sueño de controlar al pueblo anestesiándolo con el consumo de más televisión y mensajes oficiales no tiene sentido en un entorno de audiencias fragmentadas.

El futuro de la TV será tener grandes picos de audiencia con hechos de gran magnitud social: un mundial de fútbol, el Miss Venezuela, una excelentísima telenovela... pero de resto debe conformarse con sus niveles de rating actuales y ser el ruido de compañía en las salas de espera. Esta ecuación sólo la puede romper la calidad de los contenidos y la significación social para sus audiencias.

Por el contrario: el propagandismo es repelente. Salvo la gratuidad, no hay ningún incentivo para pasarse de la televisión por suscripción (antena y cable) a la TV digital. Y a la primera que los canales digitales también se vean obligados a cumplir con la Ley Resorte-me y hacer cadenas, veremos otra estampida de sus televidentes.

Por lo tanto, aunque el reto es enorme y habrá que distribuir decodificadores para cada televisor del país, como se ha hecho sin cháchara política en otros países, lo importante es el mensaje y no el medio. Bienvenida sea la TV digital, pero el control remoto lo tenemos los usuarios.

 
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