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Editorial | 18/02/2013 | 1 Comentarios
Fotos insensatas
No tiene algún sentido el ponerse a debatir sobre la autenticidad fotográfica de las imágenes de Hugo Chávez hechas públicas oficialmente el viernes pasado. Se creerá o no en ellas de acuerdo con factores que van más allá de los análisis técnicos
FERNANDO RODRÍGUEZ
Foto de Chávez
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No creemos que tenga algún sentido el ponerse a debatir sobre la autenticidad fotográfica de las imágenes de Hugo Chávez hechas públicas oficialmente el viernes pasado. Se creerá o no en ellas de acuerdo con factores que van más allá de los análisis técnicos.

Además, dándolas por ciertas, ellas sólo muestran que el Presidente está vivo y puede sonreír, no que es capaz de manejar los complejos asuntos del Estado. En general, la única conclusión que se puede sacar de los últimos informes oficiales es que Chávez padece una gravísima enfermedad, cuyo desenlace y su tempo son difíciles de precisar. Punto.

Pero sí hay que señalar que hay algo de impúdico, hasta para el enfermo mismo, en esta especie de piñata mediática a que ha conducido el manejo tanto jurídico como informativo de la salud del primer magistrado por segundos, terceros y cuartos, de tierra firme y de la isla. Lo conducente, sin duda, era la Junta Médica que ha debido constituir el Tribunal Supremo, dándole expresión al sentimiento y las inquietudes de los venezolanos, de los dos polos, ante un hecho tan determinante de la vida pública nacional y al cual tienen todo el derecho a estar cabalmente informados.

O en su defecto, sólo hay que pedirle peras al peral, una información privada rigurosamente médica capaz de generar la mayor credibilidad, a la manera de otros presidentes vecinos que han pasado por circunstancias similares en fechas recientes.

Lo que hubiese podido servir de criterio para un manejo cabal de la delicada situación constitucional y no la truculenta y disparatada decisión del Tribunal Supremo y, por otra parte, habría impedido la incertidumbre y el desasosiego ciudadano que el secretismo o la manipulación informativa generan indefectiblemente: los rumores, la posibilidad de las más disímiles versiones, hasta las más extremas e inverosímiles (ya murió, nunca ha estado enfermo), la inestabilidad institucional en el proceso de transición que ya estamos de alguna manera viviendo y la mirada atónita y seguramente sarcástica de la opinión internacional ante el teatro del absurdo que escenificamos.

Las tales fotos no agregan nada a esta macabra situación, salvo hacerla un poco más macabra y obscena. Un sonido estridente y desafinado sobre el prolongado silencio del primer actor y las versiones manoseadas, no pocas veces contradictorias, de los emisarios con acceso al lejano bunker cubano; por ejemplo Maduro, respondiendo a Capriles, ratifica que sí habló con el Presidente en diciembre pasado ya que no tenía el dispositivo clínico que ahora se lo impide y uno se pregunta: ¿por qué no habló entonces Chávez en aquel momento, brevemente digamos, a los venezolanos expectantes? Pero esto es un estilo ya conocido, para no salirnos del tópico baste recordar cómo se vendió a los electores de octubre la salud recobrada del candidato oficial.

Nosotros diríamos que muchísimo más seria y responsable con las circunstancias ha sido la opinión oficial de la oposición y sus voceros; otra cosa son las voces sin bridas de las redes, que ha llamado reiteradamente a la transparencia y la sindéresis, virtudes siempre loables y saludables.

 
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