Al salir de la universidad las personas conseguirían entender su rol en la sociedad como ciudadano, y a conseguir un empleo estable, con el cual podría llevar su vida como la de sus padres o mejor que la de sus padres

Estudiantes universitarios
La escuela pública concebida en el siglo XVII para formar a todas las personas, a través de programas estándares, con currículos adaptados según edades, esto es de 1er, 2do, 3er grados…etc., y dentro de un recinto, la escuela, en la cual los niños recibirían conocimientos por áreas, tales como matemáticas, lengua, geografía, historia, y el resto de las materias, había servido por muchas generaciones, para que una persona que cumpliera con toda la escalera, desde kínder hasta llegar a la Universidad, al salir de ésta conseguiría entender su rol en la sociedad como ciudadano, y a conseguir un empleo estable, con el cual podría llevar su vida como la de sus padres o mejor que la de sus padres. La educación ha sido así, el canal de ascenso e inclusión social.
En Venezuela como en Latinoamérica, la escuela tal y como la conocemos, no ha podido cumplir estos objetivos de inclusión social, empleo y seguridad. Uno de cada tres no terminan la primaria, dos de cada tres no terminan el bachillerato, y tan sólo un grupo pequeño termina la Universidad. Los resultados están a la vista y los padecemos todos los días. Pero aunque todos los venezolanos terminaran la Universidad, tampoco la mayoría conseguirían trabajo, ni aquí ni en otra parte, porque el sistema escolar no está formando a los jóvenes para adaptarse a las nuevas competencias requeridas en la sociedad del siglo XXI.
El aprendizaje del futuro que ya está aquí, deberá estar orientado hacia el desarrollo de las competencias que puedan apoyar a crear nuevos ciudadanos con las capacidades de: Colaborar y cooperar, todo lo contrario a la radicalización y separación. A pensar críticamente para resolver problemas, en lugar del pensamiento único.
A utilizar las Tecnologías para transformar las formas de aprender, de producir y de organizarnos, mejorando niveles de acceso y calidad de la producción de bienes y servicios. Es decir, lo opuesto a perseguir a la empresa privada, a la oposición, a la iglesia, a las universidades, a todo lo que no esté en su red de dádivas y lealtades absolutas.
Finalmente, las nuevas formas de aprender, autónomamente, en cualquier sitio, y en cualquier momento, distan mucho de lo que vemos desde los voceros de las políticas públicas de nuestra dirigencia gubernamental. Porque las nuevas formas de aprender requieren la tolerancia por el otro, el reconocerlo, y respetarlo como ciudadano y como ser humano. No hay manera de aprender si no hay respeto, porque si no hay respeto, no hay posibilidad de comunicarnos, ni como individuos ni como sociedad.
Las redes de aprendizaje que se crean diariamente, en diferentes grupos de trabajo social, en los barrios, en las universidades, en las escuelas, son la semilla de un proceso de transformación que cambiará la vida de todos, cambiando la manera de ver al mundo, de entender lo que está pasando en el mundo, será una red que crecerá como una gran comunidad latinoamericana.