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Opinión | 11/02/2013 | 1 Comentarios
Dos meses de silencio
La ausencia de Chávez de la escena pública Es un asunto inédito y al mismo tiempo termina allanando la aparición de una nueva estrategia política-comunicacional. La ausencia de Chávez de la escena pública por un lapso superior a los dos meses es un asunto inédito, por un lado, pero al mismo tiempo termina allanando la aparición de una nueva estrategia política-comunicacional: alimentar la tesis de que "Chávez somos todos" con el fin de despersonalizar el apellido "Chávez" para hacerlo parte de un todo, en el cual no es necesario que el líder esté presente físicamente
ANDRÉS CAÑIZÁLEZ
Chávez
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Este 8 de febrero se cumplieron dos meses desde la última vez que el presidente Hugo Chávez apareció en público. Como se recordará, aquella intervención en cadena nacional de radio y televisión del presidente tuvo un tono de testamento político.

Desde entonces hemos pasado por un sinfín de declaraciones oficiales sobre la presunta mejoría del jefe de Estado, pero en términos prácticos y concretos durante más de 60 días lo que hemos tenido presente es el silencio de Hugo Chávez. No ha hablado ni se ha mostrado ante el país y, sin duda alguna, es más síntoma preocupante que otra cosa.

Tan dado a conmemorar fechas relevantes o sucesos políticos significativos, el silencio de Chávez ha sido más notorio en tres ocasiones a lo largo de los últimos dos meses.

El primer hecho fue el abultado resultado electoral favorable al Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), en las elecciones regionales del 16 de diciembre. Tras obtener un total de 20 gobernaciones fue simbólico el silencio del presidente del país y de ese partido, puesto que no hubo ni un mensaje vía Twitter para celebrar tan contundente victoria.

No está demás recordar que Chávez no pudo presentarse a la toma de posesión del 10 de enero. Pero a pesar de que ya había transcurrido un mes de su intervención quirúrgica contra el cáncer, tampoco hizo una llamada o envío un mensaje grabado ­por ejemplo- a los venezolanos incluso para agradecerle a quienes le dieron su voto en octubre pasado, para reelegirle como jefe de Estado por otros seis años.

Resulta sumamente paradójico que Chávez haya puesto la campaña electoral por encima de su salud durante 2012 y que después de un claro triunfo en las urnas no haya podido asumir la presidencia.

La imposibilidad real de que el presidente fuese juramentado tal como lo establece la Constitución, más allá de cualquier consideración jurídica, en realidad terminó de desnudar el drama que envuelve al chavismo: la ausencia del líder personalista y carismático por un tiempo que nadie puede determinar.

Este mes de febrero tuvimos la tercera ocasión de constatar el delicado estado de salud del jefe de Estado. Su silencio durante el 4 de febrero, puesto que no hubo un mensaje suyo por radio o televisión, como se diría a viva voz, es justamente la guinda de todo un proceso inédito en la vida política e institucional de Venezuela.

La ausencia de Chávez de la escena pública por un lapso superior a los dos meses es un asunto inédito, por un lado, pero al mismo tiempo termina allanando la aparición de una nueva estrategia política-comunicacional.

Se trata de alimentar la tesis de que "Chávez somos todos" o "Yo soy Chávez", con el fin de despersonalizar el apellido "Chávez" para hacerlo parte de un todo, en el cual no es necesario que el líder esté presente físicamente.

De forma simultánea, el gobierno y el PSUV actuando de forma orquestada han intensificado sus ataques contra la oposición y en particular contra la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). Esto, desde mi punto de vista, cumple dos funciones.

Por un lado, efectivamente desvía la atención del problema de fondo de este tiempo que no es otro que la prolongada ausencia del presidente Chávez de la escena pública.

Cada día que pasa hace menos explicable el silencio del líder y su permanencia en Cuba, y la incertidumbre e interrogantes envuelven a todos los venezolanos, también a quienes apoyan a Chávez y se preguntan por el real estado de salud del jefe de Estado.

El otro objetivo de lo que hemos visto en los últimos días busca azuzar divisiones y rencillas en el seno de la oposición democrática, entre los dirigentes, y al mismo tiempo desmotivar y consecuentemente desmovilizar al votante de a pie que adversa al gobierno.

 
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