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Mundo | 11/02/2013
El cazador cazado
Durante sus cuatro "tours of duty" Chris Kyle mató a más de 150 milicianos iraquíes. Armado con un rifle Winchester Magnum, el francotirador fue llamado por sus enemigos "El diablo de Ramadi", por sus letales tareas en esa ciudad de Irak. La insurgencia ofreció un precio por su cabeza
HARRY BLACKMOUTH
Chris Kyle
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Durante sus cuatro "tours of duty" (periodo de servicio militar) Chris Kyle mató a más de 150 milicianos iraquíes. Armado con un rifle Winchester Magnum, el francotirador estadounidense fue rebautizado por sus enemigos "El diablo de Ramadi", por sus letales tareas en esa ciudad de Irak. La insurgencia ofreció un precio por su cabeza.

Según contó Kyle en su bestseller American Sniper, al principio pensó que su tarea no era peligrosa. Oculto en edificios de apartamentos, se limitaba a proporcionar cobertura a infantes de marina, y a evitar que los emboscaran.

Dos semanas después de su primer "tour of duty" en Irak, Kyle descubrió los problemas de lidiar con la resistencia. A través de la mira telescópica de su rifle capturó la imagen de una mujer acompañada de un niño. La mujer se alzó las faldas, y sacó una granada en momentos en que se acercaban varios marines. Kyle no vaciló.

"Era mi deber disparar, y no lo lamento", dijo en su libro. "Mis balas salvaron a varios estadounidenses, cuyas vidas valían mucho más que el alma retorcida de esa mujer".

En otra ocasión, Kyle le disparó a un combatiente que portaba un lanzacohetes a unos 1.200 metros de distancia. Era un balazo casi imposible de acertar.

Y reconoció que había sido casi obra de la casualidad. Posiblemente, dijo en su autobiografía, lo ayudó el viento. Apretó el gatillo y "alojé la bala en el sitio correcto. A través de la mira telescópica percibí que el iraquí dio un revolcón sobre una pared y cayó al suelo".

Pese a las recompensas ofrecidas por la insurgencia iraquí, la vida de Kyle nunca corrió peligro en Irak. Regresó a su hogar en Texas en el 2009, trató de reajustarse a la vida civil, escribió un libro que vendió más de 800.000 ejemplares, e intentó ayudar a otros veteranos a readaptarse a las ropas de civil. Y allí tropezó con la emboscada final.

ENCUENTRO CON EL DESTINO
El pasado dos de febrero, Kyle, de 38 años, junto con otros dos veteranos de guerra, Chad Littlefield, de 35 y Eddie Ray Routh, de 25 años, se dirigieron a un polígono de tiro cerca de Glen Rose, Texas.

Kyle y Littlefield eran viejos amigos. Routh, un marine de 25 años de edad, era una amistad reciente. Routh había hecho "tours of duty" en Haití y en Irak, y parecía un personaje bastante inestable.

Travis Cox, un amigo de Kyle, dijo que Routh sufría posiblemente de alguna enfermedad mental causada por sus años de combate. Posiblemente Kyle lo sabía, añadió, pero su tarea, tras retornar de Irak "era ayudar a sus hermanos y hermanas a lidiar" con el trauma.

Nadie sabe qué ocurrió en la tarde del sábado 2 de febrero, pero es posible que Routh hubiera querido demostrarle a Kyle que nadie puede escapar a su destino.

Mientras los tres veteranos caminaban hacia el polígono de tiro, Routh extrajo de sus ropas una pistola semiautomática y vació el cargador en Kyle y en Litterfield. Luego huyó en la camioneta de Kyle. Fue detenido a las pocas horas cerca de su hogar en Lancaster, un suburbio de Dallas.

Al parecer, Routh era una amistad reciente de Kyle. Cuando Kyle lo fue a buscar el sábado en la mañana a su hogar, se perdió en el camino y debió pedirle a un vecino que lo orientara. Pero Kyle conocía a Jodi Routh, la madre del marine, quien le había pedido ayuda para lidiar con su hijo. Routh había sufrido varios episodios psicóticos.

Las autoridades de Texas cuentan por ahora con escasos elementos para determinar las razones del asesinato. Una posibilidad que manejan es bastante prosaica: Routh habría querido robarle a Kyle su camioneta negra Ford F-350, que tenía como atractivos neumáticos muy grandes y llantas costosas.

Luego de huir de la escena del crimen, Routh se dirigió a la casa de su hermana y de su yerno e informó a la pareja que había asesinado a dos hombres "y permutado su alma por una camioneta flamante", dijo The New York Times.

MEJOR HUIR DE LOS VETERANOS
Tal vez la costumbre de mirar a los seres humanos a través de la mira telescópica causó un problema de visión defectuosa en el francotirador Kyle, y le impedía observar aquello que transcurría a escasos pasos de su cuerpo.

Pues Routh no era cualquier veterano con problemas mentales. Cinco meses antes del doble asesinato, en septiembre pasado, Routh amenazó con asesinar a su familia y suicidarse. Agentes policiales encontraron a Routh cerca de su vivienda, deambulando descalzo y sin camisa. Cuando lo interrogaron dijo que era un veterano de guerra, y que sufría de trastorno de estrés postraumático.

Por su parte, la madre de Routh informó a la policía que el veterano se había emborrachado y proferido amenazas luego que su padre anunció que vendería su pistola.

Routh fue internado durante algunos días en un hospital psiquiátrico de Dallas. Aunque durante sus "tours of duty" en Irak Kyle mostró escasa compasión con el enemigo, su carácter cambió al retornar a Estados Unidos.

En primer lugar, creó una fundación para ayudar a veteranos con problemas mentales. Convencido de que el ejercicio y el tiro al blanco eran una buena terapia para rehabilitar a veteranos, Kyle llevaba a algunos de ellos a un polígono cercano para hacer calistenia y afinar la puntería.

Luego escribió su autobiografía y se la dedicó a dos de sus camaradas, Marc Lee y Ryan Job, dos amigos que murieron en combate. Kyle donó los ingresos del libro a las familias de Lee y Job, posiblemente más de medio millón de dólares.

Es posible que ese ciudadano perfecto en que se convirtió Kyle al retornar del campo de batalla ocultara graves conflictos internos. Y su final no parece tan improbable. Tal vez Kyle nunca se curó de sus heridas mentales. Y ya que no podía quitarse la vida por su cuenta, eligió un sustituto que lo ayudara a viajar hacia el valle de las sombras.

 
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