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Opinión | 09/02/2013
¿Cuánto vale, diputado?
Ahora entiendo al pobre Winston Vallenilla, cualquiera estuviera angustiado por la competencia que le ha salido en el área de animación y payasadas; lo que justifica plenamente su opción por nuevos horizontes. Para él, un chavista de toda la vida formado por RCTV, debe ser muy fácil cambiar al escenario de la política
LUIS CHUMACEIRO
Hernán Núñez
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El avance de la comunicación oficial es innegable. Solo para ejemplificar, el pasado martes 5 de febrero, las cableras y los canales privados fueron tumbados por el reality show que transmitió el canal de la Asamblea Nacional y sus canales hermanos Vale-TV, VTV y TVES con la animación de los mejores tartufos.

Debo confesarles que nunca antes, ni siquiera computando mi experiencia como profesor de derecho constitucional, había presenciado un espectáculo con una producción tan acabada y con artistas de calidad histriónica tan elevada.

Ahora entiendo al pobre Winston Vallenilla, cualquiera estuviera angustiado por la competencia que le ha salido en el área de animación y payasadas; lo que justifica plenamente su opción por nuevos horizontes. Para él, un chavista de toda la vida formado por RCTV, debe ser muy fácil cambiar al escenario de la política.

Ni Jerry Seinfield, ni Big Bang Theory, ni el Zorro, ni Los Picapiedras, tampoco las novelas colombianas o mexicanas, lograron contener al público sediento de un espacio abierto a la comicidad. No pudieron las transnacionales del entretenimiento evitar la sintonía total que se logró con ese show que montaron, en co-producción, el régimen y la oposición venezolana. Inclusive, la Serie del Caribe fue ignorada y la repetición del Super Bowl pasó desapercibida.

Y es que comenzar esa programación con acusaciones de corrupción en boca de este Gobierno, léase bien, denuncias realizadas por los más altos representantes de la boliburguesía roja, es una experiencia única, insuperable, inigualable.

En la historia de la humanidad no se había dado ningún caso similar, no existen precedentes. Los venezolanos somos increíbles, somos mejor que una asociación entre HBO-Warner-Disney-Fox con la asesoría de Oliver Stone, Steven Spielberg y Quentin Tarantino.

Pero así como todavía existen recuerdos de la carrera de cuadrigas de Ben Hur, el final de Casablanca, los primeros 10 minutos de Saving private Ryan o cualquiera de las fases dramáticas de Lo que el viento se llevó, en la memoria de los cinéfilos criollos quedará esa escena surrealista en la que la diputada bolivarense de pelambre dorada, con una especial inocencia, defendió a William Ojeda definiéndolo como el "Jala Bola" (Cito textualmente) más relevante de la quinta o cualquier República de la cual se tenga conocimiento.

La cara del susodicho lo decía todo cada vez que las cámaras oficialistas lo enfocaban para reflejar un silente: No me defienda, comadre.

Pero en abierta y ruda competencia, un desconocido diputado de mi tierra oriental hacía sus primeros pininos, seguramente sus últimos también, como saltador olímpico de talanqueras.

Y les voy a decir algo, bastaba ver la cara de gozo de mi compadre Pedrito Carreño para comprobar de dónde salieron los reales que le pagaron a tan elástico artista. Él sabía, antes de que fuera pensado, todo lo que el amigo Núñez iba a decir. Montó el sancocho y los camaradas rojos saltaban de alegría.

Mientras tanto, en el sector opositor, no entendían bien lo que pasaba. Inclusive, una cámara enfocó a un diputado que angustiado inquiría: ¿Quién XXño es este XXrajo? Solo Leopoldo López podría dar alguna respuesta sobre la fianza conferida.

También vale la pena mencionar la forma como "ponchaban" (en el medio cinematográfico sinónimo de enfocar) al diputado Juan Carlos Caldera con una cara de ponchao (lenguaje coloquial deportivo) que era un poema.

Menos mal que Gustavo Marcano se puso los pantalones. Lo cierto del caso es que, en lugar de caras acontecidas y largas, los que deberían estar celebrando son los muchachos de la Oposición porque el PSUV estaba recogiendo su basura en forma gratuita.

Por lo demás, existe gran interés por el caso venezolano por las oportunidades de negocios en el mercado salvaje de la corrupción revolucionaria. Si algo quedó claro en el capítulo del martes fue que la cotización de los diputados, en el mercado de los desvalores, está en su mejor momento y que varios de ellos están dispuestos a cualquier cosa por una mano de cambur.

Amigos míos, quiero cerrar con la primicia de la adquisición de los derechos exclusivos de transmisión de las sesiones de la Asamblea Nacional por parte de Twenty Century Fox.

Alguien había pensado pasarlo bajo el título "Rebelión en el zoológico". Esperemos que esta sea la temporada final de esta serie única en la historia.

 
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