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Deportes | 09/02/2013
Series que se fueron
Nos plegamos a quienes han manifestado con sobrada razón sus inclinaciones, añoranzas de las buenas, por las series del Caribe de antes. Es que en lo que respecta a este evento beisbolero vaya que en los viejos tiempos sí que había mística, mucho compromiso y calidad a borbotones
HÉCTOR BECERRA
Clemente-Willie Mays
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Nos plegamos a quienes por estos días han manifestado con sobrada razón sus inclinaciones, añoranzas de las buenas, por las series del Caribe de antes.

No es que compartamos a plenitud aquello de que "todo tiempo pasado fue mejor", porque obvio que sin la modernidad no fuéramos lo que hoy somos, pero en lo que respecta a este evento beisbolero vaya que en los viejos tiempos sí que había mística, mucho compromiso y calidad a borbotones.

Antepongamos ejemplos irrebatibles a los argumentos de las nuevas generaciones, sin ánimo de polemizar. La Serie del Caribe de 1955 (la sexta versión), disputada en el que todavía era un reluciente Estadio Universitario, es referencia obligada de los antiguos fanáticos al comparar los clásicos regionales de entonces con los de ahora.

Esa edición la terminó ganando el equipo campeón de Puerto Rico, Cangrejeros de Santurce, un tremendo trabuco que encabezaban nada más y nada menos que Willie Mays y Roberto Clemente, a futuro dos miembros del Salón de la Fama de Cooperstown. Una pelusa, como gustan decir por ahí.

Mays, para una gran cantidad de gente -en ese lote nos incluimos- el pelotero más completo que haya pasado por las Grandes Ligas, llegó al torneo con sus credenciales de encumbrada figura.

Acababa de ganar en 1954 la corona de bateo del viejo circuito con promedio de .345, se alzó con el premio al Jugador Más Valioso y además conquistó la Serie Mundial de ese año con sus Gigantes de Nueva York, que barrieron en cuatro desafíos a los Indios de Cleveland.

Su consagración llegaría en el primer choque, cuando ejecutó la famosa atrapada corriendo de espaldas al home, uno de los iconos de este deporte, sobre tablazo de Vic Wertz.

Pues sí señor, Mays, superestrella consagrada, se vino a Caracas con los Cangrejeros apenas meses después de la gloria alcanzada en EEUU para batirse contra los otros tres monarcas caribeños: Alacranes del Almendares (Cuba), Carta Vieja (Panamá) y el anfitrión Navegantes del Magallanes.

Su presencia en la capital venezolana fue todo un acontecimiento, previsible por lo demás dada la fama del personaje. No defraudó, ya que su actuación en la Serie quedaría como una de las más legendarias en la historia del certamen.

El espectacular jardinero, que ya había conquistado el liderato de los bateadores en la liga puertorriqueña con average de .395, tuvo un comienzo de Serie muy flojo, al extremo que no pudo conectar de hit en sus primeras 12 visitas al plato. En el primer juego fue dominado por los lanzadores del Almendares y del Carta Vieja. Y en el tercero hacía lo mismo el zuliano Ramón Monzant, as de los campeones de Venezuela, hasta que en la undécima entrada Mays le conectó un laberíntico jonrón para romper el empate a dos carreras y sentenciar el duelo.

A partir de esa conexión, que de paso marcó el principio del asalto final de los boricuas hacia el título, Mays estuvo implacable con todos los lanzadores que enfrentó, a quienes acribilló con 11 incogibles en 13 turnos. No ganó el liderato de los bateadores a pesar de concluir con promedio de .440 porque el primera base de los Alacranes, Rocky Nelson, terminó con .471.

En cuanto a Clemente, emblema de los peloteros latinoamericanos, aún era un novato, pero ya imponía sobre el terreno su condición de respetable jugador que marcaría toda una era con los Piratas de Pittsburgh. De hecho sus actuaciones con el Santurce en Puerto Rico fue lo que llamó la atención de los Dodgers de Brooklyn, la organización que lo firmaría originalmente en 1954 por un bono de 10 mil dólares, una "fortuna" para esa década.

Más remembranzas, los rivales de los Cangrejeros en esa Serie de 1955 también tenían lo suyo en cuanto a rosters se refiere. Centrémonos solo en el Magallanes, la novena que a la larga terminó segunda de Santurce con registro de 4-2, contra el 5-1 de los campeones.

Los turcos se reforzaron con Alfonso Carrasquel, ídolo nacional que venía de ser el short stop de la Liga Americana en los Juegos de Estrellas de 1951, 1953 y 1954. Y su cuerpo de pitcheo estuvo comandado por tres grandes serpentineros criollos de todos los tiempos: Monzant, que se había estrenado en las mayores siete meses antes con los Gigantes de Nueva York; José "Carrao" Bracho, que nunca subió al mejor beisbol del mundo por su miedo a los aviones, pero que mantiene varios récords de por vida en la pelota venezolana, incluyendo el de triunfos con 109, y Emilio Cueche, también entre los diez históricos en este departamento.

A simple vista, dada la jerarquía de los nombrados, no cabe duda de la enorme diferencia que hay entre la calidad exhibida hace 58 años en la UCV con lo que acaba de ocurrir en este 2013, edición 54 del torneo que se disputó en Hermosillo y donde el Magallanes se presentó con un equipo remendado.

Llevó a un grupo de voluntariosos jugadores, sí, pero estuvo ausente de figuras de alta categoría como aquellas, con todo respeto. Son dos caras muy distintas de la misma moneda, de la misma divisa más bien, que simbolizan una y otra época.

El porqué las cosas han cambiado tanto en torno a esta justa tiene múltiples explicaciones. Variopintas versiones que justifican la nueva realidad y que casi siempre confluyen hacia un mismo punto: la gigantesca dimensión que ha adquirido el negocio de las Grandes Ligas, próspera industria que a fuerza de contratos multimillonarios marca la pauta de los peloteros por sobre otros intereses.

Quizás eso sea un signo de "desarrollo", pero digan lo que digan, en cuanto a lo que era antes y es hoy la Serie del Caribe en el terreno de juego, como que sí tienen razón los de la vieja guardia de los 50: "todo tiempo pasado fue mejor".

 
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