Al mismo tiempo condenaron el terrorismo y el totalitarismo, y arremetieron con justificado furor contra el tenebroso Nechayev, quien adelantándose a Pol Pot decía que al diez por ciento adinerado de la población no sólo había que expropiarlo sino exterminarlo físicamente

Carlos Marx y Federico Engels
Carlos Marx y Federico Engels, fundadores de la Socialdemocracia internacional, durante todas sus vidas activas lucharon contra el autoritarismo en el seno del socialismo y contra la dogmatización del mismo. Desde la época del "Manifiesto" en adelante, se opusieron con brío y con mordacidad a los "grandes hombres" de izquierda que, con su labia y su aire de superioridad, trataban de erigirse en maestros y guías por encima de la masa de los trabajadores.
Su crítica contra otros predicadores del socialismo se debía en gran medida al hecho de que éstos no admitían el concepto de la democracia, sino que, cada uno a su manera, opinaban que el pueblo humilde e "ignorante" necesita ser guiado hacia un mundo mejor por una élite de doctos personajes provistos de poderes dictatoriales o, en todo caso, de autoridad incuestionable, hasta que el común de la gente termine su aprendizaje y acceda a la madurez ciudadana.
Al mismo tiempo condenaron el terrorismo y el totalitarismo, y arremetieron con justificado furor contra el tenebroso Nechayev, quien adelantándose a Pol Pot decía que al diez por ciento adinerado de la población no sólo había que expropiarlo sino exterminarlo físicamente, y además pregonaba una colectivización integral y forzosa que Marx llamaba despectivamente "Kasernenkommunismus" (comunismo de cuartel).
Posteriormente, Marx y Engels se enfrentaron al socialista revolucionario Augusto Blanqui, a quien admiraban por su combatividad y valentía, pero rechazaban su idea elitista de que el proletariado necesita la tutela de una vanguardia de "revolucionarios profesionales" con poderes dictatoriales, que lo "represente" hasta que haya "madurado". Contra todo este tipo de elitismo, Marx y Engels incansablemente defendían la "revolución desde abajo", por las democráticas discusiones y decisiones de la propia masa trabajadora y popular.
Ambos insistían en la idea de que, en países con gobiernos representativos y libres elecciones, el pueblo puede y debe impulsar el avance hacia el socialismo en forma pacífica, a través de mayorías parlamentarias socialdemócratas. Al mismo tiempo repudiaban todo tipo de totalitarismo cultural o ideológico ("si éstos son marxistas, yo no soy marxista", dijo Marx), y condenaban intentos de prohibir determinadas creencias.
Es obvio que Marx y Engels no tuvieron nada que ver con el estalinismo que usurpó sus nombres y pretendió ser su intérprete. El estalinismo y el post-estalinismo incrustado hasta ahora en Cuba (aunque los cambios se asoman), jamás creó un sistema socialista (pues éste es imposible sin democracia), sino un novedoso y monstruoso régimen cuyo más preciso nombre científico es el de "colectivismo burocrático". Volveremos a este tema en un próximo artículo.