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Ciudad | 27/01/2013
Motorizado en emergencia
Los suministros clínicos se agotan por la cantidad de accidentes de motorizados ya que suelen llegar a los hospitales luego de accidentes de tránsito o de sufrir robos en plena calle. Médicos deben hacer más de una radiología y exámenes de laboratorio para descartar traumatismos internos
ANA MARÍA LÓPEZ
motorizados
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Carlos Mendoza (21) resultó tiroteado luego de aliarse con un grupo de amigos para recuperar la moto de otro conocido. Llegó junto a seis compañeros más al barrio El Carpintero de Petare y se toparon con dos hombres que les aseguraban conocer el paradero de la moto robada; pero, para desgracia del grupo, los dos hombres eran los maleantes responsables del robo. Los dejaron en el lugar señalado.

Los delincuentes se fueron y en menos de cinco minutos regresaron a bordo de otra moto, sacaron de un bolso una pistola “súper grande, más bien parecían de guardias” y les gritaron “¿saben qué?, ¡se van a morir!”, relató Mendoza quien logró arrancar sus dos ruedas mientras a dos de sus amigos les dispararon en el rostro. Mientras se alejaba de los pistoleros, Mendoza sintió que las balas le alcanzaron un glúteo y la espalda. El relato lo dio a TalCual desde la Emergencia del Hospital Pérez de León I, a donde fue llevado.

Pero ese no ha sido el único ataque que a Carlos Mendoza le ha tocado vivir. Hace un año, un día a las 6:30 am, en el sector Los Chaguaramos del mirador de Petare, lo sorprendió un maleante para robarle la moto. “Me salvé porque el tipo me dijo ‘corre’”.
La doctora Karen Celis, con experiencia en El Algodonal y Coche, explicó que a diario se reciben a no pocos motorizados en las Emergencias luego de sufrir accidentes o atracos. “Mínimo uno por día”, lo que implica el triple de gastos económico para los centros de salud porque todo paciente que llega por accidente de transito involucra varios exámenes. “Como son pacientes politraumatizados hay que hacerle mínimo cuatro radiologías y control de laboratorio para descartar que no tengan traumatismos internos”.

Los pacientes heridos de balas no faltan. Esto hace que el suministro rutinario de medicamentos se agote rápidamente y la Emergencia tenga escasez de material para otros casos. 

CHOQUES COMO ARROZ
Como cualquier día de la semana, Luís Añazco (41) conducía su moto por la avenida principal de Los Cortijos, en Caracas, cuando de pronto su panorama se puso negro. Los últimos segundos que su cerebro guardó fue la vuelta en U que daba una señora a bordo de su camioneta 4x4. Luego se despertó con un intenso dolor en la rodilla izquierda y un sabor extraño en la boca que minutos después descifró era su propia sangre. Al pasarse la mano por el rostro, se percata que su nariz y ceja izquierda también sufrieron el impacto.

Lo llevaron a un centro asistencial privado en Santa Cecilia, donde no fue atendido por no tener seguro. “Aquí si no tienes real, no sirves para nada”, denunció el motorizado. Donde sí lo atendieron fue en el Hospital Domingo Luciani de El Llanito, donde permaneció cinco días. Pero ese no ha sido su único accidente, en tres oportunidades más le ha dado gracias a Dios por “salir vivo de esta”.

NO DEJAN LAS MOTOS
Aunque la vida de los motorizados pende de un hilo una vez que agarran carretera, la mayoría se niega a abandonar su transporte de dos ruedas. “A mí me gusta el aire, yo soy como el ave”, comenta, entre risas, Germán Barrios (37) quien a pesar de tener carro, prefiere evitar las colas.

En 2007, cuando conducía por la avenía Libertador, fue chocado por una camioneta por puesto, luego de que su conductor recibiera un tiro en el estomago mientras tres choros atracaban a los pasajeros. “Me cuentan que volé altísimo y caí en el pavimento, pero por milagro la estoy contando porque solo tuve rasguños. Yo tengo amigos que han perdido los dedos, las piernas y hasta sesos pegados en las ruedas”.

Siso, como prefirió llamarse, es camillero del Hospital Vargas. Para ganarse un dinerito extra es mototaxista en la salida del metro de Sabana Grande. Seis meses atrás se le atravesó otro motorizado que se comió la flecha por la autopista Francisco Fajardo lo que ocasionó que saliera disparado contra el pavimento, se partiera dos dedos y se lesionara el pie. Por una vez, le tocó presenciar cómo se va de las dos ruedas a la camilla de hospital, pero ya no como testigo, sino como protagonista.

 
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