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Opinión | 23/01/2013 | 1 Comentarios
La violencia se impone
Uno sospecha que se trata de un intento más por imponer el silencio, por disminuir la crítica colectiva. El que irrumpe armado a un espacio de discusión no parece estar dispuesto a escuchar las razones de los demás
MIGUEL ÁNGEL LATOUCHE
UCV
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El miércoles pasado nos encontrábamos en un foro que había preparado un grupo de estudiantes de la Escuela de Trabajo Social con la intención de discutir con un grupo de ponentes invitados las implicaciones de la Sentencia del Tribunal Supremo que suprime el acto de Juramentación como un "acto fundacional" que establece un compromiso entre el Mandatario y sus mandantes y que introduce la idea del Buen Gobierno y de la Continuidad Administrativa a despecho y en contradicción del Espíritu de la Constitución.

Nos encontrábamos en el Auditorio Naranja de la FACES, los ponentes llegaron a tiempo, a mí me invitaron como moderador del evento, los muchachos hicieron un esfuerzo importante de convocatoria y organización y se sentía entre la gente que empezaba a llenar el espacio un ánimo universitario, que se manifiesta en la disposición de escuchar, evaluar puntos de vista y discutir.

Empezamos a la hora, unas breves palabras de presentación, se establecieron las reglas del juego, se definieron los tiempos para la conversa, se leyeron los curricula de los visitantes, la vigilancia se había dispuesto en las puertas, la gente hacía silencio, empieza la presentación, de repente la puerta se abre con violencia y la gente voltea nerviosa, mientras tres bombas lacrimógenas son lanzadas y caen lentamente en la sala obligando al desalojo desordenado de la misma.

Me quedé sentado durante unos segundos, es interesante cómo uno siente como la película transcurre en cámara lenta: el humo se dispersa llenando la sala, la gente, con cara de susto, se levanta apresurada y atropelladamente a empujones sale del salón, entiendo que la clase ha terminado, que hoy no discutiremos nada, que la violencia ha masacrado las ideas.

Me levanto despacio, después de todo nos encontramos bastante lejos de las bombas, aunque no lo suficiente como para que los ojos no empiecen a arder y para que una sensación de asfixia empiece a invadirnos.

Giro la mirada, hay gente que llora y camina desorientada, nos encontramos distantes de las puertas principales, nos dirigimos a la salida de emergencia y luego de algún esfuerzo logramos abrirlas, por allí salimos junto al resto de la gente. Una vez en los jardines nos reunimos para darnos ánimos, mientras el efecto picante de las bombas pasa y los bomberos universitarios acordonan el área y atienden a los afectados.

Nos enteramos de que el atentado en contra de las ideas del cual hemos sido víctimas fue perpetrado por encapuchados armados que encañonaron a la vigilancia, amenazando a todos antes de lanzar las bombas y escapar. Al parecer se trataba de las mismas personas que habían lanzado un niple en el Consejo Universitario un poco antes.

No es fácil oponer las ideas a las balas, en principio porque el que irrumpe armado a un espacio de discusión no parece estar muy dispuesto a escuchar las razones de los demás, está dispuesto a imponerse desde la violencia. La misma violencia que rechazamos, la misma que es utilizada por los enemigos de la universidad para instalar el miedo.

La misma que se utiliza para desmovilizar, para descalificar, para destruir. Nuestro rechazo a este comportamiento es total y absoluto, lo comprendemos como un acto de cobardía, como una manifestación de la intolerancia, como una muestra de salvajismo. Nos encontramos frente a la barbarie.

Uno sospecha que se trata de un intento más por imponer el silencio, por disminuir el clamor de la crítica colectiva, por amordazarnos. Se trata de un espíritu de intolerancia al cual le parece extraño que puedan existir otros puntos de vista. En esta lógica mágico-religiosa que se intenta imponer desde el poder del Estado la disidencia adquiere un carácter pecaminoso.

Es por eso que les causa escozor Globovisión y se inventan maneras de cercarlos, y es por eso que Roy Chaderton nos obsequia ese acto de retórica violenta con el cual pone de manifiesto la posición de Venezuela ante la OEA, como si la dignidad de un país hubiese que defenderla a los coñazos.

Nada que decir de la ausencia de amabilidad de Diosdado o de la manera obsequiosa como el Vicepresidente se lanza en insultos diversos y amenazas constantes. Hay gente que cree que el país le pertenece, no hay nada peor que los salvadores de la Patria.

Es terrible la gente que se niega a reconocer que pudiera existir la posibilidad de equivocarse, es gente que le teme a la crítica, que repudia al que se atreve a pensar por cuenta propia. Se trata de la imposición de la verdad a través del acto de fe.

De manera que hay que creer todo lo que diga el gobierno sin atreverse a rechistar, o disponerse a tragar gas del bueno. No faltara quien diga que la letra con sangre entra, nos tratan de imponer la ideología a coscorrones.

 
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