El tiempo por venir debió atormentarlo cuando, estando en el momento de la pre-operación, analizó el futuro, con los Castro y, seguramente, hojeando algún informe de “inteligencia” temieron la destrucción de su obra en manos del militarismo derechista
El tiempo por venir ha debido atormentar a Chávez cuando, estando en el exterior en momentos de la pre-operación, analizó el futuro, acompañado de los Castro y, seguramente, hojeando algún informe de “inteligencia” temieron la destrucción de su obra en manos del militarismo derechista.
Quizás desesperado voló hacia Caracas para establecer correctivos y mostró su voluntad de cara al pueblo venezolano y para dejar claro su deseo de continuar la revolución, aun en su ausencia total, lo cual es digno de admiración y de honradez de su parte, en ese momento crucial de su existencia.
A lo mejor recordó aquellos momentos cuando su mentor en la pobreza, Luis Miquelena, fue pulverizado por ese mismo grupo que hoy se encuentra en pugna con Nicolás Maduro, para apresado en las garras de la Fuerza Armada que en su razón de ser es todo lo contrario a un movimiento marxista, socialista y revolucionario, aun en este siglo cuando todo es aceptado por raro que parezca.
En forma por demás directa y luego de una reunión previa para poner las cosas en orden, se presentó ante la Nación con los factores de poder en pugna. A su izquierda, Nicolás. Civil, obediente, dogmático, fiel y honesto.
A la derecha, el enemigo del proceso marxista. Nacionalista, asociado al culto cristiano de la Rosa Mística, militarista, apegado a intereses apreciados por el Imperio. El fiel de la balanza inclinada habló: mi sucesor es Nicolás Maduro .
Sin embargo, los que se alegraron por la escogencia, por estar en el camino de la radicalización de la revolución, al instante sintieron la imposibilidad de huir del cepo construido por el militarismo hoy confundido en el mundo burocrático como factor decisorio en la aplicación de cualquier medida donde, al final, las cosas se transforman en su beneficio de grupo hacia lo institucional y en lo individual para el propio peculio de la cúpula sustentada en la jerarquía y la FAN.
En esta forma y desasistido del Poder Real, hemos visto y oído al heredero cavilando ante las cámaras: lloroso, religioso, temeroso, aferrado a la vida del líder, sabiéndose inmerso en un mundo donde lo concreto es otro sin la presencia de Chávez, el conciliador.
Ya en su momento y para asegurar esta prepotencia militar, si faltaba el Comandante en Jefe, se había puesto fuera de juego al mentor de Maduro en sus inicios: Fernando Soto Rojas, a quien sacaron de la Presidencia de la Asamblea Nacional los factores que hoy pugnan por apartar de la vía Presidencial a Maduro.
Todos nos indica, por cierto, que a pesar de todo lo que se muestra ante el país como un líder cuyas órdenes son santa palabra, no es tal y todo pasa por el cedazo del Teniente Cabello y sus círculos, cosa que nos hace pensar en un verdadero poder real detrás de las cortinas de este drama del siglo XXI concebido desde el cuartel como un cuento de nuestro subdesarrollo.
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