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Opinión | 14/12/2012
Pocos dolientes
Lo que interesa es otorgar cualquier título, por eso la educación de calidad no tiene muchos dolientes. Al Estado sólo parece importarle la propaganda, abrir varias universidades y tener el puesto número 5 en la matrícula mundial
JULIÁN MARTÍNEZ
Estudiantes
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A la gran mayoría de las personas que habitan nuestro país no les importa lo deteriorados que están ­por ejemplo­ los laboratorios de investigación en las principales universidades de Venezuela. Esa indiferencia se explica en parte porque muchísimas personas (lamentablemente) no tienen la menor idea de lo que se hace en una universidad de verdad (cuyo prestigio es reconocido a pesar de todos sus problemas y enemigos internos).

Ignorar lo que ahí se lleva a cabo explica, entre otras cosas, la injusticia que se comete con los estudiantes de las nuevas instituciones universitarias del Gobierno. A esos alumnos y alumnas que se esfuerzan por asistir a clases en la UNEFA o la UBV, les hacen creer que sus títulos son respaldados por una calidad académica que no existe.

Lo que interesa es otorgar cualquier título, por eso la educación de calidad no tiene muchos dolientes. Al Estado sólo parece importarle la propaganda, abrir varias universidades y tener el puesto número 5 en la matrícula mundial. Pero tener muchas universidades de poca calidad es como tener muchas fábricas de aviones de papel.

Inaugurar centros educativos me parece una intención maravillosa, pero si la cantidad no va de la mano con la calidad, más que universidades esos lugares se convierten en una burla a los estudiantes. E igualmente son una chanza para el país.

Sin embargo, como suele ocurrir bajo los embates de los Estados poderosos, las principales casas de estudio vienen usando su ingenio para sobrevivir con calidad y dignidad. Tal es el caso de la UCV, que hasta logra crecer en medio de una persecución política y presupuestaria muy descarada (a la UCV el Gobierno no le perdona que no se arrodille como, por cierto, no se ha arrodillado nunca ante ningún Gobierno del pasado).

Digna y llena de vocación, nuestra máxima casa de estudios, sin ningún aporte del Estado, inauguró la primera fase de la Ciudad de las Artes, un complejo de edificios modernos y progresistas que, en el futuro (con o sin Chávez) se convertirá en uno de los centros de cultura, investigación y arte universitarios más relevantes de Latinoamérica.

José Alejandro Santana, el arquitecto que diseñó estos primeros edificios, trabajó con el mismo esmero con el que es profesor en la UCV. Su apuesta fue por la perseverancia. Lo mismo decimos de personas como Frank Marcano, presidente la Fundación Andrés Bello, y del resto de profesores, obreros, empleados y amigos que hicieron posible esta pequeña esperanza en medio de la crisis a la que nos somete el Estado.

Lo que nunca podrán expropiarnos es la solidaridad y el empeño. Cualquier granito de arena y cualquier apoyo es bienvenido en estos tiempos. Bajar la guardia y sucumbir ante la desesperanza es hacerle el juego a la corrupción y al abuso (vengan del "bando" que vengan). De ahí que uno no pueda dejar de pensar en este 16 de diciembre y en la importancia de ir a votar. El simple acto de votar puede hacer mucho por la dignidad y la resistencia.

 
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