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Opinión | 04/12/2012
Pobrecito chavista
Con aire contrito o comprensivo, la persona nos dice: -Imagínate que tú tuvieras cuatro hijos y piensas que puedes perder la bequita, el trabajito, la bolsita de Mercal, las promesas de las misiones. Tuvieron miedo
GISELA KOZAK ROVERO
Chavista
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Últimamente suelo escuchar con frecuencia dos comentarios frente a la victoria de Chávez en las elecciones: -No entiendo qué quiere el venezolano. ¿Será que es masoquista? -Hay que comprender que votaron por miedo.

Vamos con el primero. No sé bien a qué se refieren los que hablan de "EL VENEZOLANO". Supongo que a la sociedad venezolana y, en rigor, a una parte de ella que sufragó en favor de la revolución. Eso de hablar de EL VENEZOLANO en términos de una sustancia química con determinada composición, coloca a quien lo dice en situación de observador objetivo y privilegiado, como si no fuese también venezolano.

El asunto se complica en el ala tecnócrata de la oposición, sobre todo si quien opina se ha leído dos libritos de la biblioteca del abuelo y le da por la sociología, antropología o historia aficionadas: -Después de un concienzudo análisis puede concluirse que el venezolano ama la inflación, las cadenas, la delincuencia, el tráfico caraqueño, la ineficiencia, la corrupción, el estatismo y el adefesio (pirámide) color fucsia que homenajea a los pueblos indígenas al comienzo de la Autopista Regional del Centro.

La razón de fondo del voto chavista es que el comandante es un Antonio Conselheiro, líder religioso inmortalizado por Los sertones, de Euclides Da Cunha, y La guerra del fin del mundo, de Vargas Llosa.

Un pueblo inculto, mestizo, desamparado y despreciado por una minoría blanca acomodada, se identifica con su santón que encarna todos sus deseos y, listo, vota por él. El segundo comentario es del ala compasiva y populista. Con aire contrito o comprensivo, la persona nos dice: -Imagínate que tú tuvieras cuatro hijos y piensas que puedes perder la bequita, el trabajito, la bolsita de Mercal, las promesas de las misiones. Tuvieron miedo.

Es que hay que tener cuidado porque todo eso que favorece a los pobres hay que conservarlo. Yo entiendo, humanamente entiendo. Creo que hay hipótesis alternativas al desprecio disfrazado de sociología aficionada o a la compasión pura y simple. Conversando con una amiga, analista política reconocida, asomó una que me interesa: -Comprendo el voto chavista en cuanto responde al propio interés.

Ni compasión ni desprecio hacia los ocho millones de personas que votaron por Chávez porque les convenía. En política es perfectamente válido que la gente vote por sus propios intereses, así se trate de razones tan mezquinas como perder la bequita o de grandes aspiraciones utópicas y humanistas.

Quien teme perder el trabajo, piensa que todo lo que le rodea carece de importancia real para su existencia excepto su bienestar. ¿Tengo que compadecerlo? No. El que parte de la idea de que el mundo puede cambiar radicalmente y se siente parte de un gran movimiento transformador, ¿es masoquista? No. El desprecio hace reír al vencedor y la compasión no le toca. Los derrotados fuimos nosotros y seguiremos así mientras pensemos que el chavismo vota con el estómago.

 
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