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Cultura | 03/12/2012
Una radiografía del arte
La reconocida periodista Sofía Imber regresa en Mil Sofía, escrito por Arlette Machado en el año 2002. En estas memorias no podía faltar lo que ella misma llamó su "botada" del Museo de Arte Contemporáneo
RAQUEL GONZÁLEZ V.
Sofía Imber
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Se ha escrito mucho sobre la periodista y mujer del arte Sofía Imber. Sin embargo, no existía un libro que contara sus vivencias y que reflejara la pasión por la cultura que envuelve a una de las reporteras más incisivas y controversiales de la escena criolla.

En una amena conversación enmarcada por muchas de sus más preciadas pinturas, esculturas y sus muy valorados dibujos compartió anécdotas y el motivo que la llevó a proponerle a la escritora Arlette Machado redactar Mil Sofía.

Toda la historia de las memorias se inicia en un café. Imber, de 88 años de edad y Machado de 72 años, charlan. Dos mujeres entregadas al periodismo, con maneras diversas de ver la vida y de entender el mundo, decidieron hacer un pacto en el que una no podía borrar las preguntas de la otra. Además, la entrevistada podía corregir sus confesiones.

La autora confesó que el proceso de escritura no fue fácil. Estuvo lleno de correcciones y reflexiones diarias de la protagonista, que hacía parecer en ocasiones que la narración se estuviera reescribiendo y borrando constantemente.

"Ella consultaba y se cuidaba mucho de las palabras que decía, no le gustaba su forma de decir las cosas", manifestó Machado, quien plasmó en 253 páginas la vida de la exdirectora del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas (MACC).

Este largo trabajo de investigación indagó, entre muchas cosas, la forma en que Sofía Imber ve y vive el arte, y en el Museo como ente educador y expresivo del artista y de los ciudadanos. Igualmente, se plasmó la mujer que se escondía detrás de su labor y que se dedicaba a cuidar de sus hijos y su familia.

EL OCASO DE UN SUEÑO
Al recordar su máxima obra Sofía Imber recurre a sus más profundos recuerdos de un espacio, parecido a una galería, en el que pretendía exhibir el arte en Caracas. Ella rememora el gran esfuerzo que hizo para hacerlo crecer y transformarlo en 16 mil metros cuadrados y lograr una colección de 3.357 obras.

En estas memorias conversadas no podía faltar uno de los episodios más sonados de su vida, su "botada" del MACC, como ella misma lo llamó. Un museo que dejó de ser el mismo que había concebido en un principio, un proyecto que se esfumó, el ocaso de un sueño, de la intención de crear una continuidad y dejar un legado. Imber aceptó con serenidad y bastante resignación la orden.

Por la forma de llevar la cultura, ella misma veía venir su salida en la dirección del museo. La periodista cuestiona el haberse enterado a través de un programa de televisión y no en una misiva oficial del Presidente Hugo Chávez.

Al finalizar la entrevista, con un café de intermedio, el fotógrafo y también periodista Cristian Hernández la interpeló sobre el nuevo mausoleo construido para honrar al Libertador, a lo que la experimentada mujer de las artes contestó con cierta ironía en su delgada voz: "La verdad no lo conozco y sin verlo no puedo dar una opinión ¿y quién es el arquitecto?" ­Farruco Sesto­, respondió él. "Ah, debe ser muy bello, no sé qué santo le da impulso a Farruco", soltó Imber con una ceja levantada.

 
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