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Opinión | 30/11/2012 | 1 Comentarios
Sociedad vs. el fracaso
Hay quienes sostienen que la actual crisis global está determinada por el colapso del capitalismo. Pero los números no cuadran. Pues si algo se ha arraigado en las sociedades que crecen sostenidamente es la condición pro capitalista que promueven individuos, empresas y gobiernos.
OSMER CASTILLO
Ranchos de Caracas
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La Sociedad del Conocimiento con sus múltiples artefactos, su atemporalidad, ubicuidad, su lenguaje y su ética marcha a ritmos arrolladores. Se amplían las diferencias entre países, empresas, clases y pueblos enteros. Son pocas las sociedades que viajan uniformemente hacia un sendero de dominio pleno del conocimiento, son superadas en número por las que están en transición y más aún por aquellas que no han logrado el salto cualitativo, condenadas al lado pobre de la brecha.

Sin embargo, quienes más rápido avanzan son las grandes corporaciones que se hacen o apoderan de la mayor fuente de conocimientos posibles y del desarrollo tecnológico consecuente. Entre las 100 principales economías que existen en el mundo, 51 son corporaciones y 49 corresponden a países. Las corporaciones trasnacionales controlan el 70% del comercio mundial (G. Castro, 2012).

El común denominador: las corporaciones se muestran más ágiles en la promoción y aplicación del conocimiento. Hay quienes sostienen que la actual crisis global está determinada por el colapso del capitalismo. Pero los números no cuadran. Pues si algo se ha arraigado en las sociedades que crecen sostenidamente es la condición pro capitalista que promueven individuos, empresas y gobiernos.

No hay un solo país o empresa que se diga socialista pura que forme parte de las estadísticas de crecimiento económico. Otro asunto a considerar es a costa de qué tal crecimiento. Parece entonces que hay que echar una mirada al modelo Estado-Nación ya que en efecto hay algunos síntomas que hacen pensar en un deterioro, un desfase muy marcado.

En Venezuela no estamos ajenos a tal desfase. De hecho nuestro EstadoNación sucumbió ante la arremetida del modelo de Corporación-Nación. PDVSA es la más fiel representación de cómo todo un Estado, todo un país, depende en grado superlativo de lo que produzca y venda una sola gran empresa.

Los riesgos son enormes. Los ciclos de subida y bajada de los precios nos muestran lo pernicioso de tal dependencia, a tal punto que ya un barril de petróleo a 100$ no es suficiente para sostener al Estado y sus múltiples compromisos, lo cual le obliga a endeudarse, a vender petróleo a futuro, emitir bonos, etc. Que seamos el país con las mayores reservas de petróleo del planeta no nos salva del quiebre inminente que representa el que nuestro principal rubro de exportación pierda valor en el mediano y largo plazo.

Los asuntos ideológicos tienden distraer la discusión sobre cómo sumar esfuerzos para diversificar la economía y hacerla sustentable a partir de un mejoramiento significativo de la pertinencia del conocimiento, de la redefinición del modelo de Estado y el rescate de un sano ejercicio de convivencia Gobierno-SociedadEmpresa.

 
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