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Libros, periodismo, medios | 04/05/2012
El país de traumas
Venezuela es un país digno de estudio: ¿qué quedará de la psiquis a un gentío victimizado por la violencia?. La sicóloga clínica, Norma del Rosario relata casos de personas deshechas por algún hecho violento. De cada cien personas que llegan a las diferentes consultas que atiende la doctora, unas treinta padecen debido a algún acto de violencia
SEBASTIÁN DE LA NUEZ
Norma del Rosario
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A una señora que conozco la interceptaron saliendo de Altamira rumbo a la Cota Mil, de noche. Conducía su marido. Cinco tipos con armas largas. Dos de ellos se encargaron de negociar con el hermano del esposo.

Los otros hablaban sobre lo que le harían a Diosa Canales si la tuvieran a mano, y por lo bajito les exigían sus prendas (anillos, relojes) a los secuestrados, arrebujados en la parte trasera. El grupo quería cien mil dólares. Fueron a Las Mercedes a recoger a otro secuestrado. Es decir, con una pareja de víctimas en su camioneta (otro se había hecho cargo del vehículo de la pareja) fueron de ruleteo a la urbanización de las discotecas a ver a quién más se llevaban. Y montaron a un joven.

A la pareja la soltaron a las 3:00 de la mañana, previo pago de 50 mil bolívares, en Maripérez, donde les aguardaba su propia camioneta. Todo planificado al milímetro. Una industria. ¿Qué va quedando de todo esto? Una sociedad viviendo en el trauma.

CASOS DE TODOS LOS DÍAS
Ahora la señora secuestrada se ve con un psiquiatra. Según Norma Del Rosario, psicóloga que trabaja en el Hospital Clínico Universitario y en la consulta externa de Rescarven, eso es lo más común en la Caracas de hoy.

Además es fundadora de ProPaz, una ONG dedicada a educación en Derechos Humanos, junto a tres abogados. Ella atiende, por ejemplo, a una muchacha de 17 años, con síntomas depresivos. De una clase media restringida, viviendo en el centro de Caracas, la joven estaba por emprender la universidad (padre comerciante, madre ama de casa, hermano con cargo administrativo en un organismo público) cuando quedó embarazada. Se encontraba en medio de este problema cuando sus padres aparecieron muertos, tiroteados en un carro. Se manejan varias hipótesis, entre ellas un crimen pasional pues, al parecer, el padre tenía una amante y además un arma en su casa; pero ella no puede creer en esta posibilidad pues el padre es/era una figura protectora; y al parecer la pareja estaba reconciliándose.

En fin. A la muchacha, en trance de forjarse su carrera universitaria, se le ha detenido la vida. Una mujer, empleada en una empresa privada, con hijos grandes e independientes: llegaba a su casa a plena luz del día cuando observó a tres sujetos dispuestos a asaltarla cerca de una panadería. Le rompen el vidrio del carro.

Ella acelera, choca a una camioneta que tiene enfrente pero continúa hasta su casa. La otra camioneta la sigue pues el conductor quiere reclamarle el choque... A partir de entonces la mujer comienza a padecer de insomnio, deseo de aislamiento; cree que la experiencia se va a repetir.

Pide ayuda con el departamento de Psicología Clínica de su empresa (que lo tiene) y en eso anda, cargando con su sambenito a cuestas. El país de los traumas anda con el moño suelto. El otro día, al salir del Festival de la Lectura, un carro que subía por la avenida Luis Roche quiso cruzar a la izquierda desde el segundo canal; otro, subiendo por el canal izquierdo, no quería cruzar sino seguir recto.

Casi chocan pero no; quedaron uno pegado al otro. Ninguno de los dos machitos conductores daba su brazo a torcer, de modo que no querían dejar pasar a su enemigo. Ambos al estilo Nicolás Maduro. Así se quedaron un buen rato. En realidad era muy patético ver a aquel par de imbéciles caraqueños forcejeando en silencio, cada quien metido en su cápsula.

De cada cien personas que llegan a las diferentes consultas que atiende la doctora Del Rosario, unas treinta padecen debido a algún acto de violencia. Hay otra historia que relató acerca de un hombre de 62 años encerrado en un rancho, amarrado, durante un fin de semana. Al menos le dieron agua. Pero todo esto engrosará un triste estudio sobre las víctimas de la violencia en este país bendito.

 
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