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Libros, periodismo, medios | 20/04/2012
Sol de octubre
La legitimidad es algo que puede perder un Gobierno que va descubriendo su rostro malandro sin pudores. Las cosas que están pasando últimamente hacen pensar con nostalgia en Lusinchi o Herrera Campins
SEBASTIÁN DE LA NUEZ
Luis Herrera
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La pregunta es: ¿qué se desploma primero, el país propiamente dicho o el entarimado que respalda a Chávez? Hay quien dice que la legitimidad es la capacidad de convencer a la población de que una cosa es justa. Si la población cree que esta cosa actual es justa, pues volverá a ganar la opción oficialista en octubre. ¿Es justo para un país ver que la DEA manda a buscar en un avión especialmente fletado a uno de los magistrados de su más alto tribunal? Como diría Weber, "legítimo es lo que la gente cree legítimo".

En estos días he escuchado a varias personas refiriéndose al pasado. Puede que hubiera un montón de dificultades e injusticias en el pasado, pero vista la historia por el espejo retrovisor, resulta que Lusinchi era borrachín pero manejaba cabalmente el concepto de alternabilidad en el poder, y Luis Herrera, a pesar de sus equivocaciones o dislates, era un tipo que trató de manejar al país desde su honestidad.

Tengo a mano una serie de apuntes sobre personajes que fueron arte y parte de la democracia que arrancó en 1958, luego del derrocamiento de Pérez Jiménez.

Plaza Márquez, por ejemplo. Cuando fungía de ministro de Interiores el doctor René De Sola, Rodolfo Plaza Márquez se encontraba en Puerto Rico, en una competencia de tiro. Recibió un telegrama donde se le decía que había sido nombrado director de la PTJ.

Cuando llegó a Caracas, ese mismo día, el doctor De Sola le dijo que no había encontrado a nadie más que quisiera ese cargo "porque nadie quiere ser esbirro". Así me contó Plaza Márquez, un par de años antes de fallecer, que le había dicho el doctor De Sola.

El país apenas había dejado atrás el trauma de la Seguridad Nacional y ningún abogado, penalista o criminólogo, quería meterse en eso. El proyecto del ente policial había sido creado por dos personas que estaban en el Ministerio de Justicia. Plaza Márquez corrigió algunos errores en el proyecto y se llevó al Congreso la Ley de Policía Judicial. Luego, semanalmente, y a veces mensualmente, elaboraba unos comunicados con instructivos o referencias sobre cada una de las tareas de la Policía, y eso le sirvió de base para conformar un proyecto de escuela. En realidad, tenía muy poco personal pues de la SN sólo habían quedado dos en la parte técnica: uno en identificación de documentos y otro en el laboratorio. Así, con ellos, comenzó a formar a los agentes que luego serían comisarios. La escuela se convirtió en academia y luego en instituto.

Era un hombre recio construyendo futuro con jóvenes que optaban por una profesión. Puede que algunas de estas cosas se hayan desviado en el camino, pero allí quedaban los cimientos.

MÁS ATRÁS
En uno de los "Libros de hoy" que El Diario de Caracas regalaba al principio, Manuel Caballero escribió sobre el 18 de octubre de 1945, y allí relata cómo Isaías Medina Angarita, antes de suceder el ataque a Pearl Harbor, buscó una "disparatada" coalición: legalizaba a Acción Democrática y más tarde a Unión Municipal, cobertura legal de los comunistas. Después vendría un gran anuncio sobre la política petrolera y, como dice Caballero, de aquel militar sombrío y pro fascista que las izquierdas habían anunciado dos años antes no quedaría prácticamente nada: pasó a ser el demócrata y sonriente bonachón que recoge la Historia.

Cada vez más uno comienza a sufrir del síndrome Luna de papel. Era una película de Peter Bogdanovich de los años setenta, hecha en blanco y negro.

Fíjense bien: en blanco y negro. Transcurría la trama en tiempos de la Gran Depresión. A través de una historia de una pareja de la picaresca conformada por Ryan y Tatum O’Neal, Bogdanovich le proponía al espectador una mirada risueña sobre aquellos años difíciles. Provocaba nostalgia. Provocaba un retorno al pasado en plena etapa de la Guerra fría.

Creo que los venezolanos en campaña, los verdaderos venezolanos, no deben temer suspirar por la llamada cuarta república y decirlo públicamente. El peor de sus gobiernos fue cien veces más decente que esta cosa purulenta y cochambrosa.

 
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