El extraordinario polo de desarrollo binacional, podría generarse en el mero centro geométrico del territorio Colombo-Venezolano, ya que Chávez anda ofreciendo refinerías de petróleo
"Se requiere tan sólo de la captura del 0,3% de la luz que cae sobre el Sahara y los desiertos de Oriente Medio para satisfacer las necesidades de energía de toda Europa", afirmó Arnulf Jaeger-Walden del Instituto para la Energía de la Comisión Europea en la entrevista que ofreció a El Mundo de España en el marco de una reseña sobre el Euroscience Open Forum 2008 (ESOF), en Barcelona, España.
Eso significa que en una extensión de 20.000 Km2, igual a la de Gales, la mitad de Suiza, o ligeramente inferior a la de nuestro estado Monagas, se podría producir la electricidad que consumen los 700 millones de habitantes de Europa; o, para tener una referencia doméstica del asunto, satisfacer sobradamente la demanda energética de los 600 millones de personas que viven en América Latina, desde el Río Grande hasta la Patagonia, incluido el Brasil.
Si ello, como hace presumir la importante posición institucional del interlocutor, constituye una buena aproximación cuantitativa del problema energético global y luce hacedero en el Sahara o en cualquier otro lugar entre los trópicos, aun cuando con menor rendimiento, considérese la ventaja de los Llanos centrales venezolanos, habida cuenta de su vasta extensión subutilizada, sin vegetación que sacrificar, y de la intensidad de la radiación que reciben como consecuencia de su mayor proximidad al ecuador; o los de Casanare en Colombia, aun más ecuatoriales que los nuestros, y se comprenderá la enorme ventaja potencial de nuestros dos países para generar por muchos años tal vez siglos la electricidad necesaria para el consumo interno, o para la exportación, a partir de la conversión de la energía solar.
Supongamos entonces por un instante, haciendo desde luego un gran esfuerzo, que las entendederas del "comandante" no estuvieran atrapadas y tapadas por esa maraña de lugares comunes conceptuales e ideológicos que pretende englobar en su tan cacareada cuanto necia fórmula del "socialismo del siglo XXI", e imaginemos que hubiera orientado más bien su actuación como gobernante con sentido visionario, comprendiendo que la energía y su correlato: el problema climático y no el "liberalismo salvaje", como cree o pretende hacer creer constituye actualmente el problema central del desarrollo de la humanidad y del socialismo y que la carestía y la inminencia del agotamiento de las llamadas fuentes no renovables: petróleo, gas, carbón, aparte de la alteración de los equilibrios naturales esenciales a la preservación de la vida misma debidas a su empleo abusivo, pone a la humanidad ante las puertas de una crisis de crecimiento; y que esa crisis no puede ser conjurada se sabe desde hace al menos veinte años más que "sembrando el petróleo", es decir, invirtiendo los considerables excedentes monetarios que su explotación ha producido a escala planetaria, en investigación básica y aplicaciones tecnológicas, para alcanzar el punto de ruptura del círculo vicioso de su dependencia, como tratan de hacer hoy los más grandes productores de hidrocarburos después de Arabia Saudita: los Emiratos Árabes Unidos. Y como propone inclusive, a tenor de lo dicho por su presidente hace poco tiempo, una de las más grandes y denostadas empresas dedicadas al negocio petrolero: la British Petroleum.
No es difícil imaginar el extraordinario polo de desarrollo binacional que podría generarse en el mero centro geométrico del territorio Colombo-Venezolano con la realización de una empresa de esa envergadura.
Sobre la base de la experiencia ya habida en escala planetaria, la iniciativa seguramente nos llevaría a una posición de legítimo liderazgo en la subregión, en lugar de estar el "comandante" ofreciendo por doquier refinerías de petróleo que en el mejor de los casos, si llegaran a ser realidad, están condenadas a convertirse en chatarra inservible a la vuelta de treinta o cuarenta años, para perjuicio de las poblaciones que así dice querer ayudar.
Porque no está más lejos que eso el fin de los hidrocarburos. La crisis económica que comienza a dibujarse en todas las latitudes del planeta nos señala que nos acercamos vertiginosamente a la disyuntiva más seria y global que haya enfrentado el hombre en su ya larga presencia en el mundo: o sustituimos perentoria y radicalmente la base energética sobre la cual ha descansado la supervivencia de la humanidad desde la noche de los tiempos la combustión del carbono o nos enfrentamos al holocausto.
Pero desgraciadamente el "comandante" no es como quisiéramos que fuera. No habrá manera de hacerlo cambiar la miope visión de la realidad que impone a la machimberra al ejército de sargentos que nos gobiernan en esta hora aciaga, porque lo que lo mueve no es propiamente lo que pregona, sino el ostensible deseo de no perder las prerrogativas del poder por ningún motivo.
Tendremos todavía que esperar tanto como hasta el año próximo, cuando Henrique Capriles asuma la jefatura del Estado, para poner tan trascendental asunto en el centro de la discusión política de los años por venir.