TAL CUAL MIÉRCOLES 10 DE OCTUBRE DE 2001

CIUDAD

especial
Pérez Jiménez: (y segunda parte)

"A mí terminarán atribuyéndome hasta la muerte del Mariscal Sucre"

Algunos documentos de la Embajada Americana en Caracas señalaban, antes del golpe de 1948, que habían dos liderazgos en las Fuerzas Armadas, el de Marcos Pérez Jiménez y el de Mario Vargas, dominando el primero en la oficialidad joven. También, en los pasillos de la milicia se desbordaba el sentimiento de desconfianza hacia Carlos Delgado Chalbaud, como figura para liderar el nuevo rumbo del país. Pérez Jiménez, sin embargo, en aquel momento apostaba a las aptitudes de Delgado Chalbauld, al menos de frente al público y oficiales, aunque muchos son los que dicen que ya cocinaba, a fuego lento, su próximo ascenso a la presidencia por vía del golpe militar.

El gran golpe

-¿Qué tanta confianza tenía usted en las cualidades de Delgado Chalbaud para ser jefe de la Junta?

-Delgado no tenía la formación militar completa. No lo consideraban un militar pleno, porque era procedente de la Escuela de Ingenieros de Versalles, en Francia. Se le respetaba como un hombre culto. Yo defendí a Delgado. En una reunión de oficiales, dije: "Delgado es el hombre con las credenciales suficientes para ser el Presidente de la Junta, tiene el grado de cultura suficiente y experiencia en el manejo de la cosa pública, ha actuado en el gobierno de la Junta de Gobierno, de manera que, si ustedes quieren prescindir de Delgado, antes deben prescindir de mí"... Mario Vargas sí tenía algún ascendiente, pero no mucho. Se plegó demasiado a Betancourt. Los adecos lo consideraban un oficial de confianza y, cuando vino el movimiento de las Fuerzas Armadas contra Gallegos, los adecos lo trajeron para tratar de contrarrestarlo. El se presentó en el Ministerio de la Defensa a hablar con Delgado, con Llovera y conmigo y le dijimos: "Anda a los cuarteles, y ve lo que está sucediendo". Regresó desilusionado, porque no le hicieron caso.

-Usted está diciendo que la orden del golpe no parte de ustedes ni del Ministerio de la Defensa.

-No, la orden sí, al final. El movimiento ya venía gestándose, habían guarniciones que se estaban levantando. Le pasé un memorándum a Gallegos diciéndole que la única forma de contrarrestar el movimiento que había, era que apartara a Betancourt. Pero los adecos eran desencadenados contra uno, sin darse cuenta de que uno estaba aguantando la cosa. Llegó un momento en que ya no se pudo más y entonces se le dijo a Delgado: "Usted, quédese tranquilo, que nosotros vamos a actuar -Llovera y yo-", y entonces vinieron las órdenes para que todas las tropas de las distintas guarniciones tomaran todos los sitios, y el golpe se dio sin una gota de sangre.

-¿Tuvieron ustedes conversaciones con algún sector del exterior del país?, ¿recibieron apoyo foráneo para dar ese golpe?

-No, porque considerábamos que eso es ir contra la soberanía del país. En las cosas internas no deben mezclarse intereses de otra naturaleza.

-Usted, que conoció de los halagos que da el poder... -Déjeme decirle una cosa: yo he tenido la mística del poder no por el ejercicio del poder, sino para el poder, para realizar una obra de engrandecimiento nacional. Esa fue mi orientación. De manera que cuando vi que prácticamente tenía que destruir la institución en la cual yo había fundamentado toda mi esperanza para respaldar una obra de engrandecimiento nacional, resolví irme del país. Eso demuestra que yo no estaba ahí para el ejercicio del poder, sino para poder engrandecer a Venezuela.

Muere el coronel

-Se ha tejido mucha confusión sobre su responsabilidad en la muerte del presidente de la Junta Militar, el coronel Carlos Delgado Chalbaud...

-Esas son cuestiones que me las achacaron. Mi propósito era que Delgado fuera el presidente constitucional de Venezuela, y yo seguir al frente de las Fuerzas Armadas. Cuando se constituyó la Junta Militar (1948) los oficiales allí presentes me miraban cuando iban a anunciar el nombre del presidente de la Junta. Delgado fue Presidente de la Junta por decisión mía. Y ahora, ¿"usted es ministro del Interior?", me preguntaron, y yo dije: "No, que vaya Llovera Páez, que yo me quedo como ministro de la Defensa". Esa es la realidad.

-¿Por qué entonces se le atribuye la muerte de Delgado Chalbaud? -Se me han atribuido muchísimas muertes. La realidad es que si alguna muerte puede atribuírseme con algún fundamento, es la de Rafael Simón Urbina. El se asiló en la Embajada de Nicaragua porque se le había ido un tiro a Domingo Urbina y le había dado en un talón. Entonces Rafael Simón Urbina me puso una nota donde me decía: "lo que he hecho, lo he hecho por usted". Y le mandé a decir: "Dígale a ese gran carajo que quién demonios lo autorizó a asesinar a Delgado". Entonces le dije al secretario: "Consigne ese papel en el expediente". Me dijo que no. Y con autoridad le dije: "Consígnelo, yo no quiero ocultar nada". Este señor me manda a decir desde la Embajada: "Estoy refugiado, espero que usted me respalde, porque todo lo que he hecho lo he hecho por usted". Le respondí: "¿Quién carajo lo autorizó a usted a asesinar a Delgado y a herir, que se salvó de casualidad, a Carlos Bacalao Lara?" A mí terminarán atribuyéndome hasta la muerte del mariscal Sucre... Mi deseo era que Delgado siguiera al frente del gobierno como Presidente, y yo seguir al frente de las Fuerzas Armadas.

Así miro las fronteras

-¿Cómo hubiese abordado usted el tema fronterizo con nuestros vecinos?

-Curazao debía pertenecer a Venezuela... por razones históricas y estratégicas... Es sabido a través de la historia que los débiles no tienen derechos valederos. Si un caso de justicia se puede reforzar con la fortaleza de una nación, tiene toda la validez, y eso es lo que nosotros pensábamos hacer. -¿Tenía algún proyecto concreto en relación con el Esequibo?

-Estábamos muy pendientes de la recuperación del Esequibo, porque estaba en puertas el cambio de status de la Guayana Inglesa. Ya manifestamos, en el seno de las Naciones Unidas, que Venezuela no reconocía ningún cambio de status sin antes haber solucionado el problema de la recuperación del Esequibo. Mientras tanto, estábamos llevando adelante acciones de atracción política de la Guayana Inglesa. Pensábamos en ofrecerle, por ejemplo, una de las cosas en que se basa una producción racional en Venezuela, que es base sana de la economía en la producción de aluminio. Y si fracasaban todos esos proyectos, pues ya recurrir a la acción militar, y para eso ya se hablaba de la preparación de 30.000 efectivos de tropas aptas para el combate en selva. De manera que nosotros estábamos centralizando toda la atención porque dentro del orden de conducción de operación de militares uno no debe guerrear en dos frentes; dejar el caso colombiano para después. Fue López Contreras quien en Cúcuta firmo el protocolo por el cual Venezuela entregaba a Colombia casi 100.000 kilómetros cuadrados. Fue López Contreras, a quien le tengo agradecimiento de carácter personal.

-¿Cómo eran sus relaciones con Inglaterra?

-Buenas. Nos suministraron -por supuesto pagándose- los Vampiros, los Venus, los Camberras, tres destructores pesados... Quizá hubiésemos chocado en el caso del Esequibo, y en el de Trinidad más adelante, porque estando ubicada Trinidad dentro de la plataforma submarina del litoral venezolano, lo lógico es que la incorporara.

-¿Y con Colombia?

-Tuvimos un enfrentamiento con Colombia con motivo de Los Monjes. Colombia había hecho acto de soberanía sobre Los Monjes y sobre la plataforma submarina circulante. Eso nos llevó a decirles que, si seguían en estos actos, habría un enfrentamiento. En ese momento, si nos hubiésemos enfrentado, Colombia nos superaba abiertamente en el mar. En lo que respecta a las fuerzas terrestres, tenían unas fuerzas más numerosas; nos superaban en número y en entrenamiento. Un factor que nos favorecía era que estábamos recibiendo armamento, rifles semiautomáticos belgas, lo que nos daba una superioridad de fuego en caso de enfrentamiento de infantería. En donde sí éramos francamente superiores era en aviación: éramos la única nación que tenía fuerzas aéreas con aviones a reacción, comprados en Inglaterra. Eso hizo que los colombianos tuvieran más prudencia con la cuestión de Los Monjes. .

Otro archirrival: EEUU

-Unos documentos que reposan en el Archivo Histórico en Washington hacen señalamientos sobre una supuesta cruzada librada por usted entre 1945 y 1948, promoviendo en América Latina un sentimiento contrario a los Estados Unidos... -Hasta cierto punto tienen razón, en el sentido de que lo que quería, en ese entonces, era una definición de la política de los Estados Unidos hacia la América Latina que fuese más digna hacia nuestros intereses, y no esa política tibia que pretendieron en distancia mantener a estas naciones como colonias económicas y en un estado de atraso permanente donde fuera más propicio el coloniaje económico.

-¿En qué momento sintió las primeras presiones de parte del gobierno de los Estados Unidos?

-Hubo presiones y hubo halagos. Eisenhower me distinguió con la más alta condecoración de Estados Unidos, que es la Orden del Mérito del Congreso. Ahora bien, yo siempre procuré que las relaciones entre Venezuela y los Estados Unidos se mantuviesen en un alto plano de dignidad, y no de subordinación. Surgieron varios acontecimientos que hicieron que estas relaciones se fueran agriando un poco.

Una de ellas, cuando se produjo una moción restriccionista que iba a pasar en el Congreso de los Estados Unidos, con el propósito de reducir la cuota de adquisición de petróleo que los Estados Unidos le tenían asignada a Venezuela. A ellos les convenía más en ese momento importar petróleo de Arabia Saudita. Entonces me fui al Congreso y manifesté que si nos restringían el mercado de nuestro petróleo al mercado norteño, suprimiría nuestros envíos de hierro a los Estados Unidos. Ante esta acción, desecharon la moción restriccionista y quedó el mercado como estaba anteriormente. Yo sabía que si se suprimían los envíos de hierro, prácticamente se paralizaba la industria siderúrgica de la Costa Atlántica en los Estados Unidos.

-Desde el momento en que usted tiene el primer contacto con el gobierno, en 1945, hasta el momento de su extradición desde Miami a Venezuela, le correspondió actuar coincidiendo con cuatro presidentes de los Estados Unidos de América, uno de ellos fue Kennedy...

-Los males que me ocasionó a el presidente Kennedy coincidieron también con grandes males para los Estados Unidos. En la guerra en Vietnam, tuvieron que meter efectivos para poder contrarrestar la acción de las tropas de Vietnam del Norte y del Viet Cong, que llegaron a tener más de medio millón de combatientes. Perdieron la guerra de Vietnam, tras gastar más de 200 mil millones de dólares. De los combatientes en Vietnam, salió el primer lote de 400.000 drogadictos, que han sido la base de los 25 millones de drogadictos que tiene Estados Unidos ahora. Todo obra de una torpeza de Kennedy.

-¿Qué razones cree usted que privaron para que se produjera su extradición desde los Estados Unidos hacia Venezuela, durante el gobierno del presidente Kennedy?

-Yo no sé cual sería el motivo que tuvo John Kennedy. El fue el principal responsable de mi extradición; y Robert Kennedy -cuando fiscal- fue quien tramitó mi extradición. A ambos, como dicen los mexicanos, les dieron por la mera torre, como si una mano providencial hubiera hecho un buen trabajo... Si a mí me hubieran preguntado si quería eliminar a ambos, yo hubiese dicho: "Sí, ¿cuánto hay que pagar?". Y si hubiera estado dentro de mis posibilidades, yo hubiera gastado lo necesario. Pero resulta que a los dos me los eliminaron gratis. Fíjese usted, que me ahorraron unos churupos.

Los días de los siguientes

-¿Cómo evaluaría a sus sucesores presidenciales?

-Larrazábal encontró miles de millones de bolívares libres de polvo y paja, que se tiraron por la borda en el Plan de Emergencia. Pero los ingresos de las nuevas concesiones que estaban por entrar los percibió Betancourt durante su mandato, pero no le alcanzó el dinero para realizar los planes previstos, porque todo estaba calculado al céntimo. Sí se podían hacer más de 500 kilómetros de autopista, la red básica de ferrocarriles, el túnel del Este, una serie de obras que no se ejecutaron. Caldera, en su primer mandato, entre las primeras cosas que hizo fue iniciar el endeudamiento en gran escala. Carlos Andrés Pérez, en su primer gobierno, tiró por la borda los ingresos petroleros. Yo no hice eso, sino una obra no sólo material, de obras tangibles de bien colectivo, sino hay que ver cómo elevé el prestigio de Venezuela.

-Pero a 15 años de su derrocamiento, usted tomó una presencia significativa, ganando inesperados escaños en el Congreso Nacional. Esto fue tomado como una protesta hacia la forma cómo algunos dirigentes conducían el destino del país y la administración pública.

-Sí, yo gané las elecciones. No culpo al pueblo venezolano, porque el pueblo me ha demostrado adhesión en distintas oportunidades. Culpo a los políticos que son los que manejan la opinión pública. Manifestaciones del pueblo venezolano las he tenido en distintas oportunidades. Pero cuando fui a Venezuela las manifestaciones caudalosas que me apoyaron alarmaron a Caldera, y entonces me abrieron un juicio como autor intelectual por la muerte de Droz Blanco. Me dejaron salir y enseguida me dictaron un auto de detención, de modo que si yo regresaba, me encarcelaban.

Exilio ni tan voluntario

-¿A usted le gustaría regresar a Venezuela?

-Allá no podría vivir con la tranquilidad y el sosiego conque vivo en España. Allá tendría una avalancha de gente que vendría a visitarme por distintos motivos; ya no podría tener el reposo, y ya no estoy... -¿Dónde quedó su Mercedes Benz "Gaviota"?

-A mí me saquearon todo en Venezuela: la casa, los coches, todo. Fui saqueado no sólo en los bienes que tenía, sino bienes de la familia de mi mujer, y bienes que yo tenía desde antes de ser jefe de Estado.

Lo que lamento es que yo ya he arreglado mi vida, sin ningún deseo de volver al ejercicio de la presidencia, para lo cual me considero inhábil desde hace 15 años. No tengo las condiciones físicas para poder desempeñar con eficacia las funciones de Presidente. Pero tengo la tremenda preocupación ciudadana de ver a mi país cada vez más enzanjonado.

-¿Dónde le gustaría reposar?

-Todavía no quiero morirme. Aunque no me afectaría. Yo considero que he vivido bastante, y que en cualquier momento puedo desaparecer, porque con el corazón tan remendado, en cualquier momento puedo desaparecer. Y moriría tranquilo, moriría sin remordimiento de ninguna naturaleza, sin odios. Entrevista realizada en abril, 1998

 
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