TAL CUAL VIERNES 20 DE JULIO DE 2001

SABADO Y DOMINGO

Medicina nuestra
De postguardia

Estar de postguardia es una condición especial que los médicos experimentamos muy frecuentemente durante una larga etapa de nuestras vidas.

La serie televisiva Sala de Emergencias, ER, refleja exactamente lo que acontece a diario en las emergencias de los hospitales de cualquier parte del mundo, donde llegan pacientes con la existencia cuestionada, con miedo y pánico extremos y no les interesa mas que les solucionen su problema, donde acuden potenciales tragedias en pleno desarrollo, donde hay permanente alarma y premura y se le exige al profesional de la medicina una absoluta pericia, precisión, seguridad e inmediata atención. En las salas de emergencia los médicos dejan el miedo, aprenden a funcionar con asertividad, a ser resolutivos y sobreponerse a cualquier conflicto o miedo personal, porque hay un objetivo único, que es el paciente en emergencia. Hay una efusión permanente de adrenalina y de ánimos y de deseos porque las cosas resulten bien. Se crea un submundo donde el bombeo de adrenalina y el deseo de curar son enviciantes y dan motivos para que el médico se sienta un ser especial.

El día de guardia pasa en una sola carrera de nervios, temple y agitación, entre infartos cardíacos y cerebrales, insuficiencias cardíacas y respiratorias, comas diabéticos, heridos por armas blancas y de fuego, asmáticos, intoxicados, mujeres pariendo, fiebres, diarreas, vómitos, deshidrataciones, convulsiones, dolores abdominales, fracturas, paros y masajes cardíacos, tubos endotraqueales y en tórax, catéteres en vena del cuello o bajo la clavícula, marcapasos y etcéteras, sin tiempo para sentarse a comer ni reposar en el turno de descanso como dios manda.

El día de guardia pasa y amanece. Amanece para seguir trabajando, pero sin la excitación de la adrenalina de las emergencias. Allí se da cuenta el médico que está de postguardia y entiende esa especial condición que llamamos "Síndrome de Postguardia" caracterizado fundamentalmente por tres síntomas: hambre perruna, sueño paradójico y líbido alborotada.

Efectivamente el hambre es terrible. Toda postguardia empieza con un desayuno exagerado y una obligatoria compra de chucherías que rellenan los bolsillos de la bata y no dejan espacio al estetoscopio, los manuales y las libreticas.

La deprivación del sueño después de un día altamente demandante y agotador produce una fatiga física y mental extrañas, una sensación que oscila entre la inercia de la excitación por adrenalina y el estar flotando y a punto de desplomarse. Y así hay que trabajar una dura jornada. Al final de la tarde, alterado el reloj biológico y el horario endocrinológico y del sistema neurovegetativo, se enreda el simpático con el parasimpático y aparecen el apático y el antipático. En una mezcla de calor y frío, emocionalmente plano pero con lábil euforia y tristeza, palpitaciones, malestar abdominal, hambre e inapetencia, fatiga, sopor y modorra, mientras trabaja, aparecen las tales "alucinaciones hipnagógicas", donde se experimentan cosas sin saber si era un sueño, donde se confunde lo real, lo irreal y el sueño. Que se alborote la líbido es frecuente. Parece que quien está de postguardia tiene el super-yo debilitado, está desreprimido y como todo ser humano normal después de una jornada agotadora, piensa en placer, en quitarse la tensión y relajarse y como todo héroe después de la batalla pues, la recompensa, aquello que siempre es aquello. Quien está de postguardia puede ser descubierto no sólo por la cara demacrada y de sueño, sino por los ojitos puyuditos, mirada y sonrisa picaronas, fantasioso, piropero.Pareciera que en este país andamos todos de postguardia permanente. Hambre perruna, peladera y desempleo. Sueño paradójico, viviendo lo hipnagógico, sin forma de separar lo verdadero de lo irreal y del sueño. Y la líbido alborotada, como lo muestran los medios y la erotización cada vez mayor de la cotidianidad.

samirk@telcel.net.ve

 
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