TAL CUAL JUEVES 1 DE MARZO DE 2001

POLITICA

"El gobierno está tan despistado como la oposición"

El sacerdote jesuita y politólogo, Arturo Sosa, sostiene que el problema de Venezuela no es Chávez, sino la ausencia de una fuerza social que trabaje para el cambio

TalCual
Pedro Lara/TalCual
Aunque afirmó que desconoce al detalle el caso venezolano, Kliksberg, posiblemente, sea la persona que mejor conoce el problema de Latinoamérica como conjunto y, basado en ese conocimiento, afirma que la situación entraña, en este momento, mayor gravedad que nunca antes


El padre Arturo Sosa, jesuita y politólogo, afirma categórico a quienes creen que el handicap de Venezuela es Chávez (y sueñan con que la solución a los males del país sería su salida), que el problema no es el Presidente. Insiste en que -en el caso hipotético de que saliera de la presidencia mediante un referéndum, por ejemplo- seguiríamos en la misma situación de incertidumbre y ausencia de nortes, que padecemos hoy los venezolanos. "Incertidumbre, por cierto, que va a acompañarnos por un largo tiempo", acota para nuestra desesperación. "Hay que eliminar esa obsesión por Chávez, para poder enfocarnos en el problema que realmente tiene Venezuela, que es la ausencia de proyectos", añade, para luego afirmar: - Vivimos un proceso más profundo de lo que en general se reconoce, y que se inició antes de la llegada de Chávez. Es una transformación muy de fondo, que incluye el cambio de las bases de la vida social.

-¿Entonces sí estamos frente a una verdadera revolución?

-Sí. Pero no una revolución en un sentido superficial. Es una revolución de la cual Chávez mismo no es causa sino efecto. Por eso el proceso trasciende a los actores de este momento.

-Efectivamente existía un deseo de cambio anterior a Chávez...

-Y porque ese deseo es compartido por amplios sectores, es porque este proceso ha podido darse en términos pacíficos, sin que exista un enfrentamiento entre unos y otros. El proceso de cambio se ha dado por la necesidad de superar lo que venía sucediendo, pero no por la existencia de un proyecto de país. A mi modo de ver, la incertidumbre tiene que ver con la pregunta de hacia dónde vamos, que es justamente qué proyecto de país tenemos. Hasta ahora lo único que tenemos son ilusiones y deseos, pero lamentablemente no ha habido la capacidad de convertir esas ideas, en proyectos políticos.

Sosa afirma que ese es el gran dilema de este momento. "No sólo no hay proyectos, sino que tampoco existen grupos dispuestos a ejecutarlos desde el Estado, lo que en otro momento histórico sí hicieron los partidos políticos", afirma, para luego rematar.

-Por eso el esquema oposición-gobierno no funciona. Podemos decir que tan despistado está el gobierno como la oposición, y que incluso, a veces dicen lo mismo. El país no pasa de hacer críticas de estilo y lo que más llega a hacer, es confrontar políticas concretas.

Contramarchas más que sobremarchas

Son varias las contramarchas de Chávez, dice Sosa. En el tema de la descentralización, de la consolidación del tejido social y la participación política, en la implementación de las políticas sociales, en la concepción de la historia del país, en la actitud personalista y mesiánica del presidente Chávez, hay graves retrocesos.

- Una que me parece muy peligrosa es la contramarcha de la descentralización. Este proceso venía ocurriendo en Venezuela de un modo interesante, porque no era únicamente una distribución de las competencias del poder, sino comprendida como desconcentración real del poder. Uno de los procesos que explica la desaparición de los grandes partidos, es que estaban diseñados para un ejercicio centralizado del poder, y no supieron dar un paso hacia la descentralización y desconcentración del poder. Tampoco surgieron los otros grupos capaces de administrar un poder desconcentrado. En este tema ha habido un retroceso evidente, tanto en el proceso netamente administrativo -y aunque nadie lo niega teóricamente-, en el estilo de hacer política. En el liderazgo que representa el presidente Chávez hay un corte radical con la descentralización. Hoy, los gobernadores tienen menos identidad que hace ocho años, y los alcaldes casi han desaparecido de la escena política como protagonistas.

Arturo Sosa afirma que esa contramarcha de la descentralización ha hecho revivir una serie de elementos de la cultura política, que más bien tienen que ver con la crisis del sistema anterior, como por ejemplo, el personalismo mesiánico y el asistencialismo, este último en el modo de implementar las políticas sociales.

- ¿Es el populismo una de ellas?

-Aquí ni siquiera hay populismo, que sí fue típico de Acción Democrática.

-¿Lo de eliminar las tasas de interés, por ejemplo, no es un acto de populismo?

-Esas son medidas efectistas, demagógicas. Sería populista si generara una movilización de la población. Si, por ejemplo, cantidades de personas se movieran a pedir créditos para hacer algo. En este caso estamos más bien frente a una medida asistencialista. Y aquí vamos a ver otra contramarcha: el del personalismo, que además conlleva como contraparte el facilismo social y político. En la medida en que hay un liderazgo personalista, centralizado, mesiánico, con un Estado con recursos, la población deja de organizarse para producir y lo que hace es, infantilmente, agarrarse del papá.

La vilipendiada sociedad civil

La otra contramarcha, la de la ausencia de red social, llega también como consecuencia de este estilo personalista del gobierno de Chávez, afirma Sosa.

-Se habla, padre Sosa, de promover la participación. Pero el problema es que el gobierno está entendiendo la red social como la extensión de los simpatizantes del proceso revolucionario...

-Eso es una red política, no es una red social. Pero es que ni en eso ha tenido el gobierno una tarea sistemática. La única red política seria que ha habido en Venezuela, fue la que promovió Acción Democrática, y eso fue hace tiempo. Lo que se plantea como redes sociales es una concepción completamente centralizada, que es lo contrario a lo que se entiende en este momento por redes. Ese es un problema serio. El tema de la descentralización del poder ha estado vinculado al fortalecimiento de la sociedad civil, y al haber contramarcha en la descentralización, hay una obvia disminución del crecimiento de la sociedad civil. Además que "sociedad civil" es un término que cada quien usa como mejor quiere.

El asunto, dice Sosa, es que esta actitud es totalmente contraria a lo que dice la Constitución. "Esta es la primera Constitución de Venezuela en que la sociedad civil tiene en el papel, un rol importante. Pienso que si se compara la Constitución del 61 con la del 99, encontramos que exactamente se sustituye "partidos políticos" por "sociedad civil". El rol de mediación universal que tenían los partidos políticos en el sistema de partidos, se le adjudica ahora a la sociedad civil. La diferencia es que cuando eso se hizo, en la Constitución de 1961, los partidos existían y estaban organizados. Pero cuando se hace en la de 1999, la sociedad civil no existe. Y desde que se aprobó la Constitución hasta ahora, existe menos.

  • ¿Es la participación popular un proyecto de Chávez? Arturo Sosa dice que la pregunta política de fondo de este momento, es si realmente Chávez encarna y cree en la participación popular, más allá de las palabras. "Si Chávez cree realmente en la participación popular, pienso que hay que apoyarlo con todas las de la ley. Lamentablemente los signos parecen no ir en esa dirección. Porque el tipo de liderazgo en el cual Chávez es especialmente ágil, es más bien antiparticipativo, porque busca apoyo sin crítica o razonamiento. Si no va en esa dirección -la de la participación popular- lo que se convertiría en este momento en una auténtica oposición, sería el trabajar en la organización social. El problema de Venezuela en este momento es cómo se genera una corriente social que trabaje en alivio de la participación, como eje de la construcción de una alternativa de país. Evidentemente uno se imagina que si la sociedad venezolana tuviera mayor capacidad de generar una corriente así, es muy probable que el propio Chávez se empatara en esa".

    Arturo Sosa finalmente concluye esta idea con otra pregunta: ¿Está dispuesto Chávez a jugarse su liderazgo, su capacidad de emplazar a la sociedad, para propiciar ese tipo de movimiento popular? "Esa era una esperanza. Y digo "era", porque cada día la situación se centra más en la conservación de un liderazgo personalista".

    "El apoyo de los militares a Chávez no es un apoyo a su manera de ser, o a sus ideas. Se sienten expresados en una tendencia que dentro de la Fuerza Armada tiene mucho peso, y que es el aprovechamiento de los recursos humanos que existen dentro de la institución para el beneficio de la sociedad".

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