El 26 de marzo se cumplen 50 años de la muerte de Raymond Chandler. Y en Los Ángeles, Estados Unidos, ciudad donde situó las correrías de Philip Marlowe, arquetipo del detective solitario, contemplativo y sentimental, que creó, a fines de los 30, realizarán una serie de ponencias sobre el autor.
Se espera que este año haya otras conmemoraciones dedicadas a su figura.
Nacido en Chicago en 1888, Chandler se crió en Londres, Inglaterra. Tenía 18 años cuando publicó sus primeros poemas (de calidad menor, según la crítica) en "Westminster Gazette".
Consciente de que no podría hacer una carrera literaria en Gran Bretaña, regresó a su país, en 1912, y se las arregló para editar 27 poemas y su primer relato, "The rose-leaf romance".
A los 36 años, tras haber participado en la Primera Guerra Mundial, se casó con Pearl Cecily Pascal, una mujer 18 años mayor, que aparentaba mucho menos y que sería clave en su vida. Para mantener su nuevo hogar, Chandler trabajó en un banco en San Francisco, escribió para el "Daily Express" y fue bibliotecario en una fábrica.
Eran los tiempos de la depresión, y al entonces funcionario lo despidieron por beber y ausentarse de sus funciones. Esa patada en el trasero lo empujaría a su verdadera vocación. Comenzó a escribir historias para Black Mask, publicación pionera de "pulps", en 1933, cuando tenía 45 años.
Entonces ya estaba obsesionado con la búsqueda de la perfección y desplegaba uno de sus talentos: crear emoción a través de la descripción y los diálogos, con una exactitud sólo equiparable a la de otros dos grandes: William Faulkner y Ernest Hemingway.
Sus obras
"Killer in the rain" (1938), el cuarto relato de Chandler para Black Mask, daría origen a "El sueño eterno" (1939), su primera novela. La historia de un millonario que contrata a Marlowe para que rescate a su hija de un chantaje sedujo a Howard Hawks, en 1946. Éste la filmó con Bogart y Lauren Bacall, y con Faulkner a cargo de la adaptación.
El propio Chandler trabajó en Hollywood como guionista. Junto al director Billy Wilder, coescribió "Pacto de sangre" (1944), versión de la novela de James Cain.
"Una dolorosa colaboración", en palabras de Wilder, quien no soportó la afición de Chandler por el humo ni por los cócteles, a mediodía. Con Alfred Hitchcock no le fue mejor. Juntos se concentraron en "Extraños en un tren" (1951), basada en la novela de Patricia Highsmith, pero el director terminó por poner a otro guionista en su lugar.
De todos modos, Chandler consiguió su segunda nominación a los Oscar (la primera fue por "La dalia azul", de 1946), con Verónica Lake y Alan Ladd.
El largo adiós
"No hay trampa más mortal que la que se prepara uno mismo". Así reflexiona el detective de Chandler en "El largo adiós"(1954), su última novela, sobre la fidelidad y los límites de la amistad. Y donde, según los entendidos, se hace más contundente su relación con Los Angeles, una ciudad que lo maravillaba y agobiaba al mismo tiempo.
Ya decía en "La hermana pequeña"(1947): "Hace mucho tiempo, solía gustarme este pueblo. Era sólo un lugar enorme y seco con casas feas y ningún estilo, pero pacífico y de buen corazón". Y en "Adiós, muñeca" (1940) habla de un sitio "perdido, abatido y lleno de vacío, con menos personalidad que un vaso de papel".
Biógrafos como Frank McShane ("La vida de Raymond Chandler", 1976) subrayaron la mezcla de dureza y sentimentalismo presentes en su trabajo, y cómo esa sensibilidad hizo que el escritor alcanzara sus visos más rutilantes, a la par de hacerlo miserable como ser humano". Algo que se profundizó, al final de su vida.
Justo después de que se publicó "El largo adiós", su mujer murió de una fibrosis pulmonar. Esto lo devastó. Preso del alcohol y la depresión, Chandler zarpó a Inglaterra, al borde del suicidio.
Allí conoció a Helga Greene, su agente literaria, a quien le propuso matrimonio en su cama de hospital, antes de morir de neumonía, en marzo de 1959.