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Opinión | 15/09/2013
Maninat y yo
Los deudos van con llamativa mansedumbre a la morgue y recogen los cadáveres de sus seres queridos sin que del cerco de sus a menudo desdentadas bocas escape ni un terso reclamo al Gobierno revolucionario
IBSEN MARTÍNEZ
Morgue
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Leo un regocijante artículo, (Del socialismo y sus especies, El Universal, 13/9/2013 ), de mi entrañable amigo Jean Maninat, que detalla, con la brevedad, buen decir y superlativo ingenio que le son característicos, las vicisitudes del ideal socialista en Venezuela.

Mi propensión a la sorna ciertamente no me ha ganado amigos en la vida pero, una vez más, me abandonaré a ella para decir, al paso, que las páginas de opinión del diarismo venezolano, en especial las de El Universal (aunque en verdad ninguna se salve), otrora imprescidibles para mí, no me atraen ya en absoluto pues harto sabe uno que apenas son campo catártico de centenares de opinadores de buena voluntad, gente sin duda demócrata y enemiga de todas las tiranias, que desde hace ya tres lustros, acaso sin saberlo, aporrean la gramática castellana para predicar entre conversos: escriben para quienes ya piensan como ellos.

Eso va dicho sin detenerme demasiado en la mostrenca sintaxis y los campanudos despropósitos, no solamente lexicales, de muchos ceñudos opinadores de fin de semana.

Usted habrá notado mis intermitencias como articulista. Algunos, muy contados por cierto, me han pedido, sin embargo, explicaciones de mi discontinuidad, de mis inopinadas cesasiones, y ante ellos admito que mis silencios responden por igual a la pereza ( ¡mi vieja pata de conejo!) ...y a una especie de hastío desengañado: el país del que, como de un botín, se ha apoderado la cáfila delictiva que el universal dialecto periodiqués llama "poschavismo" o "chavismo-sin-Chávez", ya no es el mío, no me reconozco en él, ni en sus habitantes; ya su sufrida población suscita en mí la menor empatía ni el mínimo deseo de sacar a dar una vuelta mis ya contados recursos de la sátira.

A los más desafortunados de esos habitantes los mata en cualquier barriada el fuego cruzado de las bandas del "narcomenudeo" de franela roja a las que, cada tanto, el chairman Maduro, ese Nuevo Gran Timonel de bigotazo y guayabera con hombreras y jinetas militares, invita afable y paternalmente a deponer las armas, como si de una facción desaforada de algún libertario ejécito rebelde se tratase.

Rutinariamente, los deudos van con llamativa mansedumbre a la morgue y recogen los cadáveres de sus seres queridos sin que del cerco de sus a menudo desdentadas bocas escape ni un terso reclamo al Gobierno revolucionario mientras, compungidos, posan apretadamente para la foto de la página de sucesos, frente a una desportillada furgoneta de la medicatura forense. Quizá en sus cabezas borbotea el eslogan "juntos somos más Chávez", como un mantra caudillista que los distrae de su malaventura.

¿A qué debe la inmensa mayoría de los venezolanos las calamidades que hoy padecen con tan "estoica estolidez" que los lleva a votar, una y otra vez, por los usurpadores de sus libertades, por los saqueadores de la riqueza pública, la riqueza "de todos"?

La respuesta corta la da Jean Maninat en el artículo que suscitó esta mi bagatela de fin de semana. Los venezolanos del siglo XX y lo que va del siglo XXI, son vasallos de una insidiosa superchería filantrópica llamada "socialismo".

Añado de mi magín que la ideología dominante en los venezolanos nacidos después de Juan Vicente Gómez es algo que, por facilidad discriusiva, llamaré "caudillismo redistributivo", muy hablador de pendejadas compensatorias, y del que el chavismo ha resultado ser la cepa más virulenta y dañina.

Mucho y bueno pude aún decirse en favor del llamado socialismo, democrático y Maninat lo hace en vertiginosos y bien averiguados párrafos, para rematar haciendo una brillante distinción que aquí comparto: "La irrupción del socialismo del siglo XXI de la mano de su caudillo, ha querido presentarse como una aportación original a la marcha de la izquierda.

Pero a contracorriente de la historia, y de una gran parte de quienes se reconocen en la tradición del socialismo democrático y gobiernan actualmente con éxito sus países, significó un retroceso mayor, un zambullido en las aguas cenagosas del populismo, el militarismo, el autoritarismo excluyente e intimidatorio y un desprecio absoluto por la cultura y la convivencia civilizada".
 
Yo hubiese preferido leer "una zambullida", en lugar del "zambullido" de Maninat, tan enojosamente cercano al sarpullido, pero no me tengas por cazador de gazapos, queridísmo Jean, porque mejor dicho imposible, tanto que, como diría Cabrujas, firmo al lado.

Si por algo he instruido al servidor de correos que me alerte de la aparición de cada uno de los sabrosos artículos de Maninat es por ver a cuál de ellos puedo canibalizar para, entre los dos, mi viejo, sabio amigo y yo, alcanzar el hoyo 18 semanal de los articulistas: esas ochocientas palabras que, convencionalmene, hacen un columna como la que aquí termina.

Te veré en el hoyo 19, Jean.

 
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