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Opinión | 15/09/2013
El fenómeno Bolaño
Escribiendo en la sección de libros de The New York Times, Wood dice que Bolaño ha surgido como el escritor póstumo más prolífico de nuestra era
MARIO SZICHMAN
Roberto Bolaño
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Michael Wood ha ofrecido una interesante interpretación del fenómeno Roberto Bolaño. Escribiendo en la sección de libros de The New York Times, Wood dice que Bolaño ha surgido como el escritor póstumo más prolífico de nuestra era.

Y si se observa con atención, la carrera literaria de Bolaño, excepto por los breves años en que transitó la tierra, está constituida por libros postreros: media docena en español, una docena en inglés.

No es mi tarea discutir los méritos o fallas de Bolaño. Para eso necesitaría estudiarlo, y por uno de esos misteriosos azares de mi historia personal, figura casi al tope de mi lista de autores que no pienso leer. Y no se trata de un prejuicio.

Podría decir que me disgusta su escritura, pero eso sería una injusticia. Para brindar una opinión, debería haberlo leído. Leí, creo, unas veinte páginas de Los detectives salvajes. Para la mala suerte de Bolaño era por la misma época en que estaba leyendo The Killer Inside Me, de Jim Thompson.

Y después de convertirme en un adicto de Big Jim ­creo haberme leído sus 29 novelas, algunas dos y tres veces­ incurrir en la lectura de Bolaño me parecía igual que comer pizza Dominó después de haber probado la de Gandolfo, en Bergenline, New Jersey (Es la única pizzería de la zona donde sus artesanos revolean la masa en la punta del dedo índice).

Lejos de ser una desventaja, mi total ignorancia de la producción de Bolaño me permite analizar con cierto detachment su fulgurante ascenso y una fama acrecentada por su fallecimiento a los 50 años.

André Malraux decía que la mejor forma de observar los peces en un acuario era del otro lado del vidrio. Como no estoy contaminado por la prosa o la poesía de Bolaño, me siento en condiciones de analizar su fama sin excesivos prejuicios. Y comparto lo enunciado por Wood: hay dos vidas literarias de Bolaño: una breve, del más acá, y otra que auguramos prolongada, del más allá.

El Bolaño del más allá tiñe la prosa del Bolaño del más acá. Sin su más allá, su más acá sería distinto. O, para decirlo de otra manera, sin Pierre Menard, deberíamos conformarnos con un solo Roberto Bolaño. Y es posible que aunque hubiese sido un autor muy respetado, el handicap de estar vivo pesaría de manera incómoda en la evaluación de sus contemporáneos.

El Bolaño del más acá era un incansable trabajador intelectual. Y, según lo que he podido inferir, todas sus novelas fueron "Works in progress". Eso sí, perseveró como un iluminado. Honor al mérito. Pero, ¿sería Bolaño tan famoso si continuase vivo? ¿Le hubieran aceptado en vida toda su producción? Según Wood no todos sus relatos son publicables. Al menos, no en su indefinido estado de elaboración.

Inclusive Los detectives salvajes fue sometida a una exhaustiva labor de edición y a numerosos recortes. Recuerda un poco lo ocurrido con Look Homeward Angel, la novela de Thomas Wolfe. Un excelente editor, William Sloane, la rechazó tras leer sus primeras 200.000 palabras porque no le encontraba ni pies ni cabeza. Recién un segundo editor, Maxwell Perkins, se adentró en su laberinto, y tras recomendar extirparle 66.000 palabras, aconsejó su publicación.

LOS MUNDOS PARALELOS DE ROBERTO BOLAÑO
El Tercer Reich es una de las novelas póstumas que dejó Bolaño en su gaveta. Al parecer, de acuerdo al crítico Wood, con Bolaño hay que vivir en mundos paralelos, colocando un pie en 1989, cuando la novela fue escrita, y el otro en la actualidad. Si uno lee la novela "como un desdichado editor de alrededor de 1990", dice Wood, su preocupación principal sería cómo explicarle a Bolaño "que ese no era un libro terminado, que su trama no conducía a ninguna parte, y que sus personajes estaban sumergidos en la incoherencia".

NO HAY DOS LIBROS IGUALES AUNQUE SEAN IGUALES
Pierre Menard, autor del Quijote es una ocurrencia genial de Jorge Luis Borges. La idea de que Pierre Menard, un escritor contemporáneo de Bertrand Russell decide componer no otro Quijote, "sino el Quijote", trastorna, con ese solo gesto, toda la idea de la literatura.

El texto de Menard es absolutamente igual al de Cervantes. Excepto que su estilo es "arcaizante" y "adolece de alguna afectación", a diferencia de su precursor "que maneja con desenfado el español corriente de su época".

El Quijote escrito por Cervantes, nos dice Borges, fue más fácil de elaborar que el Quijote escrito por Pierre Menard. El Quijote de Cervantes "no rehusó la colaboración del azar: iba componiendo la obra inmortal un poco á la diable, llevado por inercias del lenguaje y de la invención". Pero Pierre Menard llega más lejos.

"Yo he contraído el misterioso deber de reconstruir literalmente su obra espontánea", dice. Componer el Quijote a principios del siglo diecisiete, señala Borges, "era una empresa razonable, necesaria, acaso fatal; a principios del veinte, es casi imposible.

No en vano han transcurrido trescientos años, cargados de complejísimos hechos. Entre ellos, para mencionar uno solo: el mismo Quijote". Si dos libros exactamente iguales nunca son iguales, es por la interferencia del lector y del crítico.

Cervantes no leyó el Quijote de Pierre Menard, pero Pierre Menard leyó la versión de Cervantes. Y eso hace toda la diferencia.

Hay distintas maneras de cruzar el umbral de la posteridad. Pierre Menard lo atraviesa conociendo los trescientos años de fama de Cervantes. Los lectores de Bolaño lo cruzan con más bríos si están enterados de que su muerte corroboró su talento, pero también lo acrecentó, haciéndolo sobresalir al cotejarlo con sus contemporáneos todavía imperfectos porque siguen vivos.

Aquellos que comenzaron a leer a Bolaño en el más acá están menos perturbados por su fama póstuma. Por lo tanto, cuentan con mejores herramientas críticas para juzgar su obra. Aquello que empezaron a leer a Bolaño tras su muerte, lo analizan obnubilados por una abrumadora bibliografía que deja escasos resquicios a un atemperado examen de su calidad como artista.

Como dice Wood, los elementos de fama extraliterarios en el caso de Bolaño "enriquecen la experiencia de lectura". Pero eso sí, hay que estar enterados previamente de la historia personal de Bolaño para advertir que estamos en presencia de un genio. Algo que una lectura sin esos ingredientes muy difícilmente proporcione.

 
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