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Poder y libertad | 10/09/2013
¿Y los Cartier pana?
¡Patria! ¡Patria! ¡Patria! en cajas de cartón y con Cartier...
ALEJANDRO OROPEZA G.
Joyería
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"Un país que hasta ahora es retórica pura, pero ya sabemos que va a ser parlanchín, derrochador, maleducado, buscapleitos, altanero y simulador, ...seguirá escondiendo su verdadera carta bajo la manga, para sacarla cuando ya no podamos quitarnos la garra de la nuca..."
Salvador Garmendia, 1999.

¿Dime dónde están los Cartier pana? Esa pregunta se repitió insistentemente durante el último asalto que presencié, maniatado y tirado en el piso en una Joyería en el C.C. Galerías Prados del Este.

En realidad era obsesivo el punto, al señor malandro, presunta arma en mano (para no ofenderle y violar sus derechos humanos y me persiga después la Fiscalía y la Defensoría de la Revolución) le importaban poco las otras marcas, preguntaba y preguntaba ¿Y los Cartier pana?

Era como si conociera el precio de los afamados relojitos y la posibilidad de su negociación oculta pero inmediata; era algo así como conocer el precio exacto de la divisa en el mercado innombrable que, al parecer, se percibe existe la intención de declarar con bombos y platillos su nueva existencia, su Renacimiento, así con mayúscula.

Algo logró el señor malandro pues minutos después reclamaba a los empleados le informasen sobre otros destinos y ubicaciones de relojitos bonitos y caritos y, en un arranque de lucha proletaria declaró altisonante: "díganmelo todo, total nada de esto es de ustedes... si no del CDM que los explota".

Sin embargo, cuando revisó los bolsillos de uno de los asustados empleados ¡Aleluya! Ahí estaba su quincena, intacta y en efectivo; acto seguido el señor malandro se olvidó de la declaración de unión proletaria universal y se guardó la quincena del joven, eso sí, sin discursitos.

Algo así como una crítica de la razón práctica kantiana a la criolla.

Pero, ahí tirado en el suelo pude acordarme de otro joven, también empleado de un explotador inmisericorde, al cual, un señor (no el explotador) trataba de explicarle los desmanes y la erosión de vida, de valores, de principios republicanos padecidos.

¿No te das cuenta? Implorante le increpaba el caballero... displicente aquel, el joven, solo se volteó y lo miró como gallina que mira sal, como pensando: ¡Qué bolas tiene este!, y entonó un dulce estribillo cuya letra era: Patria, Patria, Patria...

Bien, en días pasados mi buen amigo Marino González escribía en este diario lo siguiente "...el desempeño del sistema de salud es de los más bajos en la región, con rezagos significativos para alcanzar la cobertura universal y la mayor efectividad en la prestación de los servicios".

Entonces no queda de otra sino preguntarse ¿A qué factores, elementos, valores, realidades, procesos o esquemas obedece la posesión o la pertenencia a una patria? ¿Será que no es más que una consigna, una posibilidad de logro y alcance en un futuro glorioso y dorado? ¿No tiene que ver con la realidad actual?

Seguía tirado en el piso detrás de los estantes repletos de fina joyería, de paso explico, no asistí a esa tienda a comprarme un Cartier (¡no hay fuerza!) sino a retirar un dijecito que había mandado a limpiar unas horas antes, pero esas prendas, la de los estantes, como que no eran muy atractivas para el gusto de los señores malandros y/o de sus potenciales clientes, que para entonces ya eran dos los malandros.

Pero, en mi reflexión más o menos horizontalizada, recordé una denuncia leída referida a un centro asistencial en Aragua, creo recordar era Maracay la ciudad, en la cual se informaba que a los niños recién nacidos de no sé cuál centro de salud a falta de cunas neonatales los colocaban en cajas de cartón.

Entonces, vi a la patria, a aquella entonada en el estribillo del joven, colocada en una caja de cartón pero, ¡ESO SÍ! con su Cartier por algún lado, símbolo omnipresente de la lucha universal proletaria y del triunfo de la redistribución de la riqueza revolucionaria. Y es lógica, muy lógica ciertamente, la imagen.

Si la patria lo vale todo, incluso como consigna para la conquista gloriosa de un futuro dorado; y si los recién nacidos de por sí, son y representan el futuro, entonces en nuestra amada tierra de gracia la patria descansa en cajas de cartón.

Y, para completar, si la lucha proletaria la signa la obtención de los "Cartier mi pana" por cualquier medio, entonces la triste imagen se completa: Patria, cajas de cartón y un Cartier como símbolo inequívoco del triunfo infinito del sueño del buen Marx y del procerato revolucionario presente.

A punto de levantarnos y ya helado en el suelo, atiné a pensar en la advertencia de Eric Hobsbawm que nos recuerda Alfredo Ramón Jiménez en el prólogo de la compilación titulada La Revolución Bolivariana. El pasado de una ilusión.

Dice Hobsbawm: "La decadencia de los partidos de masas organizados, de clase o ideológicos ­o ambas cosas-, eliminó el principal mecanismo social para convertir a los hombres y mujeres en ciudadanos políticos activos".

Y lo recordé porque un país, un Estado para ser tal y progresar, avanzar y ser PATRIA, necesita, indispensablemente, ciudadanos políticos activos y responsables. No desgastados y pasivos, miembros de masa esperando y esperando dádivas a cambio de su condición de ciudadanos, cantando ciegos: Patria, Patria, Patria...

¡Qué patria sería esa por Dios! Lo sabemos...

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