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El país en el diván | 09/09/2013
Primero no hacer daño
Emprender un tratamiento analítico es una tarea seria, que implica riesgos y compromiso. Proponer a alguien que sufre, embarcarse en la tarea de intentar introducir modificaciones permanentes en su personalidad implica una serie de consideraciones
ADRIÁN LIBERMAN L.
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Emprender un tratamiento analítico es una tarea seria, que implica riesgos y compromiso. Proponer a alguien que sufre, embarcarse en la tarea de intentar introducir modificaciones permanentes en su personalidad implica una serie de consideraciones.

Una de ellas es que el psicoanálisis tiene la lógica de una apuesta. Pero no la de un azar irresponsable, sino el riesgo calculado que es factible colocar un grano de arena entre los engranajes que provocan la reiteración del sufrimiento.

Visto así, el psicoanalista comparte con el médico el principio de "primun non nocere", expresión latina que significa "primero no hacer daño". El tratamiento analítico es un procedimiento que necesariamente acercará al paciente a afectos y recuerdos dolorosos.

Es un procedimiento largo que implica momentos difíciles, imposibles de ahorrar o evitar y que son parte del proceso de cambiar. Así, el primer cuidado a tener es el de no agregar sufrimiento, sino transmitir al consultante una sensación de esperanza, una "espera creyente" como la caracterizaba Freud en los efectos benéficos del tratamiento.

Pero esta espera no puede ser demagógica ni engañosa, por ello el analista no hace promesas, solo transmite al consultante el efecto beneficioso que es hallar un interlocutor dispuesto a entender sin juzgar.

El primer instrumento terapéutico del proceso analítico es la persona del analista, su capacidad de empatía, su demostración sincera de intentar comprender los síntomas que aquejan al que sufre y eso generalmente tiene un efecto temprano.

Pero en el ánimo del cuidado y respeto que el paciente merece, también el analista habrá de cuidarse del "furor curandis", o el deseo exagerado de querer dar cuenta del sufrimiento del paciente, quien muchas veces demanda inmediatez para su alivio.

Respetar y cuidar al otro implica entender que el sufrimiento es generalmente algo sobredeterminado, complejo, que no puede reducirse a dar consejos o proscripciones, sino que es un mensaje destinado a ser entendido.

Lo que el analista brindará, desde muy temprano, son interpretaciones, hipótesis de sentidos alternativos al decir quejoso del paciente, mostrando sin intentar ideologizar ni alienar, el poder iluminador que la palabra tiene. Se trata de transmitir la noción que el malestar del paciente denota un malestar, que busca ser comprendido y no solo acallado mediante drogas u otros recursos.

Así, en la apertura del "juego" analítico, el cuidado del paciente pasa por transmitirle que no es sólo alguien que porta un dolor, sino que demanda ayuda para comprender el lugar y sentido de ese padecimiento en su vida.

 
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