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Catalejo | 09/09/2013
La guerra y la paz
Las guerras son confrontaciones de intereses, de poder y económicos. Si se los analiza con algo de profundidad, los argumentos que las justifican o pretenden hacerlo toman fácilmente el cariz de pretextos, de coartadas, moldeados por el cinismo
ENRIQUE OCHOA ANTICH
GUERRA
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No hablo de la afamada obra de León Tolstoi, monumental fresco de la condición humana sometida a la tensión de aquellas dos fuerzas polares y retrato de una época, la invasión napoleónica a la vasta Rusia y sus años posteriores.

Sólo pretendo algunas notas de valoración crítica acerca de la guerra, ahora que nuevamente bate sus tambores sangrientos.

Algunos (no voy a decir cínicos) sostienen el argumento según el cual el progreso de la humanidad ha sido jalonado por las guerras, desde tiempos inmemoriales.

Quizá es un hecho empíricamente comprobable (como lo es que la creación de riqueza se ocasiona en el instinto de beneficio individual y egoísta): tal vez las guerras han permitido acumulaciones de capital -para los imperios vencedores, claro- y acicateado inventos tecnológicos a partir de la vital necesidad de crear armas cada vez más potentes contra el enemigo.

Pero eso solamente nos habla de un tipo de progreso. El argumento sólo convierte en virtud, en mérito lo que no es sino una coincidencia basada en la necesidad y la violencia. Por lo que a mí respecta, tengo la certeza de que aún sin guerras, el ser humano habría acometido iguales o mayores progresos e inventos.

Al menos sin la destrucción humana y material que aquéllas suponen. Así lo demuestran los largos períodos de paz.

En todo caso, las guerras son confrontaciones de intereses, de poder y económicos. Si se los analiza con algo de profundidad, los argumentos que las justifican o pretenden hacerlo toman fácilmente el cariz de pretextos, de coartadas (moldeados por el cinismo).

Por paradójico que sea, en las guerras civiles, por lamentables que sean, los argumentos suelen ser más transparentes: se confrontan grupos políticos, económicos y sociales que sedisputan el poder.
 
Y al menos puede decirse: que esos nacionales resuelvan sus problemas si quieren matándose entre sí. Cuando son internacionales, la verdad, como suele decirse, se convierte en la primera baja de las guerras.

Los imperios, por ejemplo. Incluso inventan crímenes que no han ocurrido (los señores de la guerra se frotan las manos amasando jugosísimas ganancias). Emprenden cruzadas fundamentadas en puniciones morales que podrían haber sido largamente impuestas a ellos mismos por crímenes iguales o mayores.

Sólo habría que revisar el historial de horrores cometidos por las grandes potencias contra países pequeños (Vietnam, Afganistán, etc.). ¿Podría el planeta haber considerado intervenir en esas potencias? Sé que es un asunto de poder, del peso específico de cada país.

Y es por eso que nos hemos dado algunas reglas de juego (que por arbitrarias que sean, al menos son reglas). Para que los poderosos se hagan contrapeso entre sí. Intervenir en un país sin mediar el consenso en las Naciones Unidas, constituye una violación de esas reglas que no puede ser aceptada.

 

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