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Con el pañuelo en la nariz | 11/08/2013
El pañuelo en la nariz
Eres el arquitecto de tu destino, de nada te vale esperar luces de los demás, solo has de concebirte y solo has de realizarte... Mientras vivas, desde luego...que cuando mueras todo cuánto has hecho o dicho, vivido o escrito, se te reducirá a nombre, nacimiento y óbito
LUIS-ANÍBAL GÓMEZ
Cementerio
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¿QUIÉN ERES TÚ, AMIGO? ¿Qué es lo primero que le ponen a uno antes de nacer? Nombre y apellido.

¿Y al momento? La fajita umbilical.

Habrá situaciones y escenarios que irás agregando mientras vivas: cuánto hagas o dejes de hacer, cómo te mueves en sociedad, entre la gente, cómo consideras a los demás y cómo ellos te ponderan... y así en adelante. De modo que al final se te aplicará, quieras que no, una escala de valores de la que no tenías noticia siquiera; mas --no quiero ni pensarlo--tal vez hayas ilustrado a la víctima propiciatoria, la que paga los platos rotos sin haber movido un dedo.

Con todo, eres algo que has de producir tú mismo... Eres el arquitecto de tu destino, de nada te vale esperar luces de los demás, solo has de concebirte y solo has de realizarte... Mientras vivas, desde luego...que cuando mueras todo cuánto has hecho o dicho, vivido o escrito, se te reducirá a nombre, nacimiento y óbito. Sin aviso ni protesto.

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De manera que hacerse una identidad, ser alguien distinto de los demás, consume la vida. Es algo que no puedes encargar a otro como un traje. Con razón Sebastián Sietesoles, personaje de Saramago (Memorial del Convento), dio a entender que no sabía quién era alguien mientras viviera, porque sólo muerto se podría hablar de él.

Es cuando su identidad queda fijada, sus cualidades o pecados, cuando ya no pueda meter la pata. A veces en vano, como el Conde de Mirabeau exaltado al Panteón de la 1ª. República francesa. Luego, desalojado con ignominia cuando se descubrió que había estado siempre al servicio del Rey. Su identidad no le rindió honores a sus cenizas.

La identidad es una vaina: "La parte más onerosa... se sostiene sobre lo que los demás saben o piensan de nosotros. Nos miran y sabemos que saben, y en silencio nos fuerzan a ser lo que esperan que seamos, a actuar cumpliendo ciertos hábitos que los nuestros anteriores han establecido, o de sospechas que no tenemos conciencia de haber despertado. Nos miran y no sabemos a quién pueden estar viendo en nosotros, qué inventan o deciden que somos" (Muñoz Molina. Sefarad, p. 39).

Uno debe saber que la conducta no es tan individual, que muchas veces es un reflejo de lo que de nosotros esperan los demás; otras veces es un lastre. "Si viajas solo y caminas por la calle de una ciudad en que nadie te conoce... No eres nadie: Nadie puede averiguar tu angustia, ni el motivo de tu nerviosismo (...) Al viajar sientes que no pesas, que eres invisible, que no eres nadie y puedes ser cualquiera (...) Vas más rápido... sin la pesadumbre de todo lo que eres, con los ojos abiertos a las incitaciones de la ciudad..." (Ibid. pp. 40 ss.).

"Eres la imagen que proyectas, no eres tú mismo, crees saber quién eres y resulta de pronto que te has convertido en lo que otros quieren ver en ti, y poco a poco vas siendo más extraño a ti mismo, y tu propia sombra" (Ibid. p. 83). No te extrañes, pues, de tu extrañeza: El ingrato sentimiento de que lo que ocurre no es real.

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Kundera agrega: "El valor de una persona reside en aquello que va más allá de ella, en lo que está fuera de ella, en lo que hay de ella en los demás y solamente para ellos" (El libro de los amores ridículos. p.

167). O sea: lo que queda de uno en la otredad. La capacidad de influir, de penetrar en los demás sin importar el medio: ciencia, arte, guerra, etc. La parte de uno, tribulaciones, sentimientos y quehaceres, trasfundida a los demás. Por eso, los héroes son héroes, los escritores escriben, los políticos debaten, los guerreros combaten y los poetas cantan, queriendo dejar algo de sí mismos en los restantes, una prueba de su existencia, sus agallas, pretensiones, presunciones o absurdos, para no ser abandonados tan pronto, y no retornar tan de improviso al polvo del que provienen... y al que ineluctablemente regresarán. La identidad es el estreno de una existencia a puro pelo, sin ensayos previos, una improvisación irremediable, se dispersa y se recupera en la trayectoria o en el rastro que sólo por cierto tiempo se le acuerda para recordarlo, dado que al olvido hay que respetarle su papel.

¿Y quiénes recuerdan, quiénes gastan su precioso presente rememorando lo que ya pasó? Los familiares más cercanos, según el grado de consanguinidad y en sentido inverso: las madres en primer lugar porque a los nietos les pone de mal humor los funerales. ¿Los amigos? Sí...

Son buenos para recapitular, la memoria como las plantas debe ser regada en contacto de estos a veces molestos testigos del pasado, según el mismo autor (La identidad, p.55).Sin embargo, se presentan situaciones en que las nostalgias y sus testigos no revelan servicio alguno.

Han perdido su valor de antaño, se han gastado como productos con fecha de vencimiento y no encarnan más que el eco de esos jodidos episodios que buscamos dejar atrás. Los amigos cambian o se les cambia con el crecimiento; permanecen en la medida en que sigan el raudal de la acrecida. Ya no se puede poner la amistad por encima de la verdad al modo de aquellos pactos de sangre. Eran otros tiempos. Hay que saber distinguir entre amistad y amiguismo. Éste siempre perjudica a alguien, además corrompe la autoridad y a la postre a la sociedad misma. Sólo los ancianos recuerdan chupando su cabo de tabaco, las quijadas caídas. ¿Y qué cuentan? ¡Fíjese Ud. bien! ¡Tonterías!

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Jesús respondió: "Yo soy el que soy", es decir, no soy nadie, seré el que Uds. creen que soy... En realidad es el único yo que conocen.

La identidad no es más que una sombra ambulante buscando ser alguien en los demás, nada en sí misma. O bien, un pobre comediante que suda y trasuda su hora en el tablado cuando ya nadie escucha, es un idiota que cuenta una vez más su viejo cuento en un corralón medio vacío, según un olvidado poeta inglés.

¿Quién eres tú, amigo? La identidad es una vaina.

lugomez@cantv.net

 
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