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Deportes | 28/07/2013
Los héroes de Portland
Los "Héroes de Portland", guste o no el épico apodo, estaban tan orgullosos de la actuación cumplida como lo estaban los fanáticos. Y no era para menos. Entonces el básquet de esta tierra se encontraba en el tope y los jugadores se "peleaban" por vestir la franelilla vinotinto.
HÉCTOR BECERRA
Héroes de Portland
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Tiempo muy breve ha pasado desde que los venezolanos compartieran la mayor gloria de su selección masculina de baloncesto, si a ver vamos uno de los pocos logros de alto nivel que ha alcanzado hasta ahora.

Ha sido un periodo relativamente corto en comparación con la larga historia de la disciplina, pero lapso suficiente como para que el "deporte de los gigantes" diera un salto enorme en cuanto a su desarrollo y consolidación. Al menos así esperaba uno, aunque la realidad indica que ha ocurrido lo contrario.

Son apenas 21 años los que han transcurrido desde aquella gesta del tabloncillo, hazaña atlética que convirtió a un selecto grupo de embraguetados basqueteros en los "Héroes de Portland".

Vale la pena recordarlos por milésima vez, ¿por qué no?: Carl Herrera (primer criollo que llegó a la NBA, liga líder del planeta), Gabriel Estaba, Iván Olivares, Sam Shepherd (gringo afro descendiente hechizado por las arepas), Rostin González, Víctor David Díaz (novato que se proyectaba al infinito), Alexander Nelcha, Melquiades Jaramillo, Luis Jiménez, Armando Palacios, Nelson "Kako" Solórzano, David Díaz.

Una plantilla de lujo a cargo de Julio Toro, director técnico boricua, profundo conocedor de la estrategia y de la idiosincrasia nacional.

Los "Héroes de Portland", guste o no el épico apodo, estaban tan orgullosos de la actuación cumplida como lo estaban los fanáticos. Y no era para menos. Entonces el básquet de esta tierra se encontraba en el tope y los jugadores se "peleaban" por vestir la franelilla vinotinto.

La selección de Venezuela que participaría en el torneo de esa ciudad estadounidense, de donde saldrían los representantes de América a los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, ya había dado un aviso de su capacidad al ganar en 1991 el Campeonato Sudamericano de Valencia ­único alcanzado hasta el presente­, superando en el choque decisivo al poderoso Brasil.

A Pórtland, estado de Oregon al noroeste del imperio, el combinado venezolano llegó a la calladita, sin ni siquiera ser mencionado entre los candidatos a figurar. El evento en verdad se antojaba inmenso, demasiado grande, para el elenco entrenado por Toro.

Pero, oh grata sorpresa, el seleccionado fue sorteando el calendario paso a paso, ganando cuando tenía que ganar, hasta meterse en la final contra el mismísimo Dream Team de EEUU, el primero de una serie de versiones similares que vinieron después y que está considerado por los estudiosos de este deporte como el mejor equipo de baloncesto que se haya conformado jamás.

En medio de la expectativa general de la afición en el país, algo natural dado el triunfo alcanzado en Valencia meses atrás, y de los madrugonazos de las transmisiones por TV, producto de la diferencia horaria, los venezolanos iniciaron el certamen venciendo a Uruguay, el siempre duro rival celeste.

Seguidamente tambalearon con derrotas sucesivas ante el siempre difícil Brasil de Oscar Schmidt y el peligroso Puerto Rico del astro José "Piculín" Ortiz, dos leyendas del continente. Estas caídas hicieron pensar en lo peor. "Ya estamos listos", se escuchaba por ahí.

Pasó al revés. A fuerza de garra y calidad, amor por el uniforme le dicen algunos, la selección inició canasto a canasto una remontada espectacular, ganándole en sucesión a México, Canadá y, en un segundo enfrentamiento, a Brasil, para dejarlos fuera de competencia y avanzar a la final. Independientemente de lo que pasara en el último careo del evento contra EEUU, el que dirimía la medalla de oro, Venezuela ya se había clasificado por primera vez a los Juegos Olímpicos en un deporte de conjunto. Como para que no quedaran dudas: El baloncesto nacional estaba en lo más alto.

Los venezolanos terminaron perdiendo 127 a 80 el partido contra el Dream Team, el "equipo soñado" formado por la elite universal de este deporte encabezada por tipos como Michael Jordan, Magic Johnson y Larry Bird, entre otros, y que nunca cedería un encuentro ante ningún adversario del mundo.

Los criollos se dieron el lujo de medirse ante semejante superequipo y a pesar de la abismal diferencia de 47 unidades en el marcador, fueron los que más puntos le hicieron a los estadounidenses en un tiempo.

Finalizado el preolímpico, los "Héroes de Pórtland" regresaron al país con la frente en alto y el pecho inflado. Fueron recibidos por miles de sonrientes fanáticos, esperanzados en que aquel era el inicio de una era dorada para la disciplina.

Falsas ilusiones. La efímera alegría duró lo que dura un lanzamiento a la cesta. En las Olimpiadas no hubo vida –se llegó de undécimo entre 12 competidores, suerte de debutantes dirán algunos– y poco después empezó una suerte de cadena de altibajos, al punto de que el básquet vinotinto solo ha disputado una final de relevancia en los últimos 20 años (Sudamericano de Argentina en 2012).

Hoy estamos a las puertas de un torneo internacional de trascendencia similar al Preolímpico de Portland: el Premundial que se disputará en Caracas desde finales de agosto, donde se otorgan cuatro cupos para el Mundial de España 2014.

Hay semejanzas entre una y otra justa. Existe una base de prometedores jugadores, la selección no es candidata para llegar entre las primeras y está entrenada por un técnico extranjero que conoce bien a Venezuela, el argentino Néstor García. Pero hay una gran diferencia.

Contrario a 1992, la camiseta nacional no parece ser tan atractiva. Urgen nuevos héroes. Ojalá y aparezcan.

 
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