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Puntos y apuntes | 26/05/2013 | 1 Comentarios
Adiós, Mr Chips
Eloy Pérez Alfonzo, caraqueño fallecido a los 98 años, formó parte del mundo de ensueño del hipismo. Nunca supimos su nombre cristiano sino hasta bien entrada la adultez. Al igual que todo el mundo, simplemente lo conocíamos como Mr. Chips, elocuente y popularísimo narrador de carreras de caballos. La voz dominical más escuchada en el territorio patrio, igual que ocurriría luego con la de Virgilio Decán (Aly Khan)
HÉCTOR BECERRA
Mr Chips
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Aunque usted no lo crea, joven lector, hubo una época en la que el Hipódromo La Rinconada era un hipódromo de verdad. El más hermoso del mundo, a decir de los cronistas de entonces, y uno de los grandes atractivos turísticos de la nación que se fue.

Días dorados de la hípica venezolana, hoy vuelta papilla por una gestión ducha en exterminar legados y tradiciones de lustros. Lástima para quienes no pudieron conocer aquel portento de espectáculo, fortuna para los que sí.

Eloy Pérez Alfonzo, caraqueño fallecido el pasado sábado a los 98 años, formó parte de ese mundo de ensueño. Nunca supimos su nombre cristiano sino hasta bien entrada la adultez, confesamos sin rubor.

Al igual que todo el mundo, simplemente lo conocíamos como Mr. Chips, elocuente y popularísimo narrador de carreras de caballos. La voz dominical más escuchada en el territorio patrio, igual que ocurriría luego con la de Virgilio Decán (Aly Khan).

Eran los tempraneros 60, cuando la estructura de La Rinconada aún olía a cemento fresco. Aunque Pérez Alfonzo, Mr. Chips, ya tenía unas cuantas horas de vuelo frente al micrófono ­desde el vetusto hipódromo gomecista de El Paraíso a mediados de los 50­ fue en el coso de Coche donde alcanzó su clímax como narrador hípico.

Allí protagonizó, desde la cabina de transmisión, una de las descripciones de competencia equina más emocionantes que se hayan vivido en Venezuela: el Clásico Simón Bolívar de 1966.

Los domingos de aquellos años eran muy especiales. Sellado del 5 y 6 en la mañana. Reunión en casas y barras en la tarde para escuchar o ver las carreras por televisión, como si fuera un juego de pelota en el Universitario.

Contrario a lo que argumentan los destructores del próspero hipismo cuarto republicano, la actividad era considerada un deporte por muchos. Estaba la otra cara de la moneda, las apuestas, el azar, los vicios y todo lo demás, pero prevalecía el interés por lo netamente deportivo, la competitividad.

El Simón Bolívar, prueba estrella del calendario hípico, nunca en sus dos décadas de existencia había sido ganada por un ejemplar nacido en el país. Los animales criollos, inexorablemente, caían vencidos ante el empuje, velocidad y resistencia superior de los importados, en su mayoría ingleses y del cono sur latinoamericano.

En el Clásico del 66, domingo 30 de octubre, se rompió el molde con Socopo ­llamado después Socopó­, un tres añero de yegua y padrote argentinos, parido en el Haras Shangri-La de Los Teques. Su triunfo, con Luis Bolívar en el lomo y preparado por Manuel Azpúrua, entusiasmó a la afición como si se tratara de un campeonato mundial de boxeo.

El caballito vernáculo, que no estaba precedido de una campaña muy exitosa que digamos, quedó algo rezagado en la partida, aunque rápidamente se recuperó en la recta de enfrente, mantuvo un buen ritmo y aceleró entrando a los 600 metros finales.

En ese instante, Mr. Chips se encrispó y dio la primera campanada: "¡entramos en la cámara lenta y el nacional Socopo empieza a avanzar con fuerza!". El público abarrotado en las tribunas, y quienes seguían la carrera vía radio y TV, incluyéndonos a un grupo reunido en la plazoleta de La California, perro caliente y horchata en mano, empezamos a creer en la victoria.

El desenlace de la zaga fue un homenaje al desparpajo y la euforia colectiva. Pérez Alfonzo, a la hora de la verdad, no aguantó la emoción y mandó al carrizo la objetividad que, según afirman los hípicos más veteranos, siempre trataba de mantener en sus perifoneos.

Con algo de dificultad se puede escuchar la histórica transmisión en YouTube: "(...) ¡Faltan 200 metros con Chantmarle pasando a ganar el Clásico y por fuera viene volando Socopo, el nacional! ¡Vamos Socopo... vamos Socopo! ¡50 metros finales... corre Socopo! ¡Está pasando Socopo, aquí está la raya y ganoooo Socopo, el nacional! ¡Oigan los aplausos! (...)!

Durante una entrevista que concedió en marzo de 2007 al diario Líder, firmada por Antonio José Medina, un lúcido Mr. Chips de 92 primaveras, sintetizó el significado que aquel suceso tuvo para el hipismo venezolano y para él mismo. "El momento más espectacular en mi carrera de 31 años fue, sin duda, ese triunfo de Socopo. Su avance fue genial. Y después de la raya destaqué la cría del purasangre en nuestro país. Fue histórico. Ese día había cerca de 30 mil personas en las tribunas, fue lo más grande de La Rinconada".

Una invalorable cantidad de datos y anécdotas relata Pérez Alfonzo en la entrevista. Detalla su nacimiento y juventud (Caracas, 15 de diciembre de 1914). Cuenta que estuvo preso por lanzar tachuelas en los alrededores de la Plaza Bolívar, todavía flanqueada por tranvías; revela que estudió bachillerato en el Colegio San Ignacio.

Habla de sus inicios en el programa "Torneo Hípico", transmitido por Radio Caracas TV, y recuerda a su hermano Juan Pablo, fundador de la OPEP. Fue propietario, criador de caballos y directivo del Instituto Nacional de Hipódromos.

También explica el origen de su apodo, que adoptó tras ver en el desaparecido cine Hollywood de La Candelaria la película Goodbye, Mr. Chips en su versión de 1939 (se filmó otra en 1969, por si acaso los cinéfilos), basada en la novela del escritor británico James Milton y ganadora de un premio Oscar, cuyo personaje principal era maestro de escuela.

Solo dejó colar rasgos de amarguras en sus declaraciones cuando se refirió al destartalado escenario de La Rinconada, convertido en una aberración, acosado por la delincuencia. "Era un maravilloso deporte. Lo que han hecho es un disparate". El viejo tenía toda la razón, joven lector.

 

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