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| 06/05/2013
Psicología y Política II
La crisis política que vive nuestro país, que ya en la opinión nacional y extranjera era reconocida como muy grave, pero se ha intensificado al punto que altos representantes de comunidades internacionales o jefes de Estado han dado prueba de su propia preocupación por nuestra difícil situación actual con declaraciones públicas exhortando a encontrar un camino para superarla de manera pacífica
OSWALDO BARRETO
Nicolas-Maduro
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La crisis política que vive nuestro país, que ya en la opinión nacional y extranjera era reconocida como muy grave, se ha intensificado al punto que de que ya no solo los más importantes actores políticos nacionales se han visto emplazados a tomar posición ante ella, sino que altos representantes de comunidades internacionales o jefes de Estado han dado prueba de su propia preocupación por nuestra difícil situación actual con declaraciones públicas exhortando a encontrar un camino para superarla de manera pacífica.

Hacemos esta observación ad limine de esta segunda parte de Psicología y Política para recordar a nuestros lectores que fue precisamente la ida que nos hacíamos de esta crisis la que nos llevó a ocuparnos de lo que consideramos la intromisión de la psicología en la apreciación y explicación de los factores y causas de nuestra crisis, que es una crisis política.

Recordar que, al final de aquella primera parte, dijimos que  veíamos ya despuntar otra manera de leer nuestros asuntos, representada concretamente por una declaración de Ramón Guillermo Aveledo a Elvia Gómez, en  entrevista publicada en El Universal, edición  28 de abril.

PSICOLOGÍA, INDIVIDUO Y PRINCIPIO DE LIBERTAD
En esa entrevista, orientada y realizada por entero a la reflexión y análisis de lo que ha sido la obra del gobierno presidido por Maduro, Aveledo recurre con autoridad y pertinencia a la diferencia entre el principio de libertad que rige la acción del individuo y el principio de legalidad que rige la acción de todo funcionario o representante de los poderes públicos.

El asunto que llevó a Aveledo a recurrir a esta clásica diferenciación no podía ser más concreto: cómo deberíamos situarnos ante las acciones de gobierno de Nicolás Maduro, esto es ¿tomar esta acción como un acto individual o como un acto de funcionario?

Asunto por demás concreto, repetimos: lo que hace Maduro debemos verlo como su acción individual, como el asunto de su propia persona, de su manera de ser, de su personalidad (características de las que se ocupa precisamente la psicología o como un acto de gobierno, acción de un funcionario, regido entonces por el principio de legalidad.

Pues bien, aparte de que con su respuesta Aveledo ratificó su lucidez en la materia, inclinándose por la segunda parte del dilema, fue justamente en ese planteamiento que yo vi despuntar una manera nueva de leer los asuntos políticos y liberarnos de lo que hemos llamado la intromisión de la psicología en los asuntos políticos.

Y qué tiene que ver esto con la crisis política y las posibilidades de superarla, se preguntará legítimamente cualquier lector.

¿No contribuye, acaso, todo tipo de lectura de las cosas que nos están pasando a que la gente sepa mejor lo que sucede y pueda tomar las más adecuadas decisiones? ¿Quién duda, por ejemplo, que hasta una caricatura como las de Ramia o Weil, o un dibujo como los de Kaes pueda ilustrarnos sobre la escasez de divisas, la inflación y la destrucción de nuestros aparatos productivos?

¿A quién no se le abrirán mejor los ojos sobre el sentido de las protestas y el resultado de ellas cuando leemos en un titulAr de prensa esta fina metáfora: “Cacerolas reales vs. fuegos artificiales” (El Universal, domingo 21 de abril) Sobre esta base, “correcta” en apariencia desde el punto de vista  político, epistemológico, ético, deberíamos clamar entonces: bienvenidos todos los análisis que se hagan sobre estos asuntos, así sean políticos. Agregando a esta Enhorabuena quizás una sola reserva: con tal sean bien buenos y bien escritos

ACLARAR Y SUSTITUIR
La Psicología Política y la misma Psicología social son cinias, como la historia, la antropología y hasta la biología y la genética, la física y la astrología son ciencias que han ayudado y seguirán ayudando a la humanidad a entender sus asuntos eolíticos.

Eso lo sabemos todos, particularmente los del nuevo mundo, que desde que nacemos sabemos el papel de esas ciencias en el “descubrimiento” de América. Pero, como lo  sugerimos ya en la primera parte, no es de esas ciencias que hemos tenido la intención de ocuparnos, sino de la tentación de  explicar los asuntos políticos como si fueron asuntos de individuos.

Sustituir el análisis propiamente político por el análisis de personalidades. Y es lo que escandalosamente se pone en evidencia cuando se ve en el enfrentamiento entre el oficialismo y la oposición, no un enfrentamiento de masas, comunidades y comuniones entre ellas, de ideologías y concepciones del mundo, sino un enfrentamiento entre Maduro y Capriles.

O cuando vemos en la sucesión del régimen absolutista y totalitario de Chávez,  un tenebroso y a la vez transparente duelo entre dos individuos de personalidades distintas, Maduro y Cabello, y no la manifestación de un plan, un proyecto político, elaborado en común y destinado a ser llevado a la práctica en común por militantes, que no actúan como individuos, sino precisamente como miembros dee un partido.

O, asunto más hondamente vivido por  todos los venezolanos: el acto de terrorismo de Estado practicado por el régimen contra los parlamentarios de oposición. ¡Qué si esto fue obra de Cabello o Carreño, de Maduro o de de militantes transformados repentinamente en energúmenos¡  Y qué decir de aquellas lecturas de estos hechos que se van en letanías de  condenas morales, éticas o estéticas (“barbarie, infamia, cobardía, miedo, resentimiento, bestialismo, primitivismo), pero no dicen nada, ni una palabra que nos lleve a entender lo que eso significa políticamente. ¿No confunde, acaso, esta sustitución?

Pues de lo que se trata ahora, la gran exigencia política para nosotros, que seamos de este o aquel tipo psicológico o temperamental, no es de librarnos de Cabello o de Maduro, de Iris Valera o de Ricardo Molina, sino de derrotar este régimen político que como tal nos quiere seguir subyugando.

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