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Reportaje | 26/02/2013
La banda de los cuatro
Ahora que Venezuela ha pactado una alianza estratégica tan importante con China, convendría refrescar algunos incidentes ocurridos en esa nación que pueden ser aleccionadores, en las particulares circunstancias en que nos encontramos
ARNOLDO JOSÉ GABALDÓN
Chavez-China
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Ahora que Venezuela ha pactado una alianza estratégica tan importante con China, convendría refrescar algunos incidentes ocurridos en esa nación que pueden ser aleccionadores, en las particulares circunstancias en que nos encontramos.

China era ya una gran potencia mundial en 1965. Políticamente se tuteaba con la URSS, con quien tenia serias rivalidades, por querer constituirse en la Meca del comunismo mundial, muy especialmente para el Tercer Mundo. Con una población superior a los mil millones de habitantes, China poseía una poderosa fuerza militar con dominio nuclear, habiendo ya ensayado su primera bomba atómica en 1964.

Dentro del régimen comunista se establecieron instituciones capaces de alcanzar notorios progresos en la industrialización, educación y fuerzas armadas. Responsable principal de esta hazaña fue sin duda Mao Zedong, por cuya mano férrea y sanguinaria, fue posible la unificación de ese enorme país bajo un solo color.

A pesar de haberse establecido un régimen de estas características y fortalezas, fue posible en China el surgimiento y entronización de un pequeño grupo de dirigentes, que sin ningún límite pudieron imponer sus intereses personales y formular e instrumentar directrices políticas y acciones que tuvieron altísimo costo social y cultural para el país. La llamada Banda de los Cuatro, sin que tuviese obviamente ese titulo desde el inicio, surge en 1965, como brazo ejecutor de la Revolución Cultural, cuando Mao decidió acometer otra gran purga de sus adversarios internos dentro del Partido Comunista.

Naturalmente con la anuencia y simpatía del Líder, el Grupo que se convirtió luego en su camarilla, realizo todo tipo de fechorías y fue responsable de la ejecución de cientos de miles de personas y de la oscuridad durante una década de las instituciones culturales y educativas, especialmente las de nivel universitario y por ende del atraso científico y tecnológico. La Banda estaba dirigida, nada menos que por Jiang Qing, la cuarta esposa de Mao, mujer malvada con fuertes resentimientos e integrada, además, por tres grises y perversos dirigentes: Zhang Chunqiao, Wang Hongwen y Yao Wenyuan.

Lo que asombra es cómo dentro de un tejido institucional aparentemente tan fuerte, pudo surgir un grupo de individuos, que aunque poco numeroso, fuese capaz de adquirir tanta fuerza, hasta el punto que a la muerte de Mao en 1976, intentara maniobrar dentro de las estructuras partidarias y militares, para retener el máximo poder en sus manos. Para esa última conspiración habían logrado neutralizar previamente a Deng Xiaoping, el tercero en la línea de sucesión, después de Zhou en Enlai, quien murió pocos meses antes que Mao.

Al fallecer Mao, el heredero político designado por él para la transición fue Hua Goufeng, un dirigente opaco y de poco peso político, que llego a esa posición apalancado por la misma Banda de los Cuatro. Pero eran de tal envergadura las tropelías que había cometido el Grupo, que le resultó imposible a Hua Guofeng resistir las intensas presiones políticas desatadas para que no quedaran impunes sus crímenes, que no le quedó otro camino que detenerlos.

Al ascender pocos meses después al poder Deng Xiaoping, e iniciarse la apertura de China a la modernidad, se desmontó la Revolución Cultural, y para asombro de toda la población, que los consideraba prácticamente intocables, se inició realmente el juicio para castigar a la Banda de los Cuatro. Jiang Qing, la viuda de Mao fue sentenciada a la pena de muerte, que más tarde le fue conmutada por cadena perpetua que no llego a cumplir, pues se suicidó en 1991. Lo mismo ocurrió con Zhang Chunqiao. Wang Hongwen y Yao Wenyuan fueron sentenciados a veinte años de prisión respectivamente.

Los incidentes relatados y especialmente los atropellos de la envergadura de los realizados por la Banda de los Cuatro, solo suelen ocurrir alrededor de líderes que han concentrado todo el poder y lo ejercen con carácter totalitario.

En los gobiernos democráticos, en los cuales impera el Estado de Derecho y el poder estaádebidamente distribuido, existen contrapesos que hacen prácticamente imposible que una pandilla perversa pueda llegar a gobernar directamente o desde la trastienda. En Venezuela se están dando condiciones tan anormales que no seria extraño que ocurriesen situaciones similares a las descritas.

Dios nos coja confesados de caer ahora en manos de la banda de los cuatro, de los tres o de los dos. A la sociedad democrática le corresponde impedir tan grave retroceso histórico.

 
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