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Opinión | 21/02/2013
Un Estado delincuente
Contra Iván Simonovis actúa hoy la condición de un Estado delincuente. Para el comisario no se ha pedido misericordia ni piedad. Se exige la aplicación de un recurso contemplado en la legislación penal relacionado con el derecho a la vida
MERY SANANES
Iván Simonovis
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Fue negada la medida humanitaria solicitada por la defensa de Iván Simonovis. Nada nos sorprende de este régimen.  Con este proceder simplemente ratifican su alta vocación y capacidad  criminal.

Sobre eso no hemos tenido ni tenemos dudas. Apenas pensamos que por alguna circunstancia política nacional o internacional hubieran actuado en atención a esa conveniencia.

Lo otro habría sido creer en la posibilidad de un gesto humanitario de parte de este régimen que esconde en sus coberturas amorosas la ausencia de todo gesto humanitario.
 
Por esto sostenemos que no basta señalar, denunciar, reiterar esta condición si a esa conciencia no sigue una acción  organizada y pacífica del colectivo que haga posible que el crimen no quede impune y se siga en  dirección a la legitimación de la perversidad. Es hora de detener la persecución. La condena. El crimen.
 
Este gobierno asesinó a Franklin Brito, como lo hace ahora con Ivan Simonovis. Con lentitud,  saña y odio. Por la necesidad de intimidar pero sobre todo por la necesidad de justificarse a sí mismo.
 
Este gobierno ha alentado las masacres carcelarias y el crecimiento de la inseguridad que produce más muertes que muchas de las guerras que hoy cursan en este desvalido planeta.
 
Este régimen mantiene con vida muchas de las miserias que agreden a una buena parte de la población ubicada en las áreas de la pobreza condenada  que ni siquiera ha llegado a entender el significado de la palabra inclusión.
 
Este régimen que se autocalifica de revolucionario y socialista ha matado la ilusión y la esperanza de millones de seres humanos diariamente burlados en sus necesidades, mientras se les distrae con dádivas, fraudes, circo y espectáculos. Es la compra de voluntades por una tarifa que da los mejores resultados en las máquinas del fraude electoral.
 
Y su marcha prosigue inalterable porque no hay respuesta organizada, porque, por acción u omisión, crece la legitimación.
 
Como dice Pío Tamayo, todos somos corresponsables de estos crímenes, como lo fuimos ayer de las masacres acometidas por el puntofijismo, el perezjimenismo o el gomecismo con o sin Gómez.
 
Y la pregunta es inevitable: ¿Hasta cuándo seguiremos sumando muertes? ¿Será que  también han sido capaces de asesinar nuestra sensibilidad, nuestra disposición a luchar contra la injusticia donde quiera que esté?
 
¿De qué nos sirve acusar al nazismo o al totalitarismo comunista, si todos siguen teniendo presencia en sus nuevas modalidades para el ejercicio de un mismo crimen?
 
Contra Iván Simonovis actúa hoy la condición de un Estado delincuente. Para él no se ha pedido misericordia ni piedad. Se ha exigido la aplicación de un recurso contemplado en la legislación penal relacionado con el derecho a la vida. No hablamos de justicia, porque ésta aún no se ha implantado en este expaís.
 
Y frente a esa realidad ¿qué haremos? ¿Aguardar hasta que la muerte termine de cubrir esta triste realidad? ¿Dejaremos que asesinen a Simonovis como ayer lo hicieron con Franklin Brito?

 
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