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Otra mirada | 20/02/2013
El pastorcillo y el lobo
Hay gente que espera que uno les crea como si se tratase de la palabra revelada, la expresión de Dios. Nos hace falta un Ministerio de la Verdad para resolver el empeño que tenemos en seguir pensando libremente
Miguel Ángel Latouche
pastor ovejitas
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A ver, a ver, ¿cómo era que decía? ¡Ah! Pues sí, claro, así va la cosa: un pastorcillo llevaba a sus cabras a pastar y estando aburrido se le ocurrió una broma divertida. Levantó la voz y a todo pulmón gritó y gritó: es el lobo, es el lobo. La gente del pueblo vino corriendo a defender al pastor y a sus ovejas de la bestia feroz.

Cuando llegaron al lugar se encontraron con que el pastor divertido se desternillaba de la risa. Se sintieron burlados y entre quejas y disgustos regresaron a sus hogares. El pastorcillo repitió la broma varias veces con el mismo resultado, hasta que un día el lobo atraído por las suculentas ovejas apareció y empezó a devorarlas una a una.

El pastorcillo gritó y gritó y los aldeanos creyendo que se trataba de una de las trastadas que tanto divertían al muchacho inmaduro, decidieron no hacerle caso. El pastorcillo desfallecía en sus esfuerzos por llamar la atención de los aldeanos, por solicitar su ayuda para salvar a los animales, nadie se movió, nadie hizo caso.

Al final de la historia el pastorcillo se lamentó de haberle mentido a sus amigos, a sus vecinos, de haber perdido su confianza. Al final el lobo se comió a las ovejas. Todos recordamos la vieja fábula infantil y su moraleja: al que siempre miente nadie le creerá el día que diga la verdad.

Ahora bien, no sólo se trata de que uno diga la verdad sino de que uno dé la sensación de que está diciendo la verdad. A fin de cuentas “la mujer del César no sólo debe ser honesta sino que, además, debe parecerlo”. Los venezolanos vivimos un cuento infantil, sin aprendizaje ni moralejas. Ya no sabe uno qué creer o a quién creerle.

“Acá no hay santos por quien rogar, diría mi abuela”. Lo cierto es que uno siente que le mienten descaradamente y que los intentos por decir la verdad son un poco chucutos. Así, por ejemplo, cuando a uno le dicen que no va a haber devaluación uno sabe que en algún momento, así como si cualquier cosa, como si fuese lo más normal del mundo, como si no tuviese consecuencias, pues, van a devaluar.

Uno siente que le mienten pero no se trata más que de una sensación, seguramente producto de la “canalla mediática”, ¿es así como le dicen, no? Hay gente que espera que uno les crea como si se tratase de la palabra revelada, como si fuesen la expresión manifiesta del mismísimo Dios. Así que si hay motines en las cárceles, el motín no existe sin la intermediación del Ministerio correspondiente.

Si Ud. ve niños hambrientos, pidiendo dinero en las calles, estará siendo víctima de un espejismo. No hay niños de la calle a menos que el Gobierno lo reconozca de manera previa. Nos hace falta un Ministerio de la Verdad para ir resolviendo ese empeño que tenemos en seguir pensando libremente.

Todo esto viene a cuenta una vez vista la foto de un Chávez convaleciente rodeado por sus hijas en gesto de felicidad. Yo que soy un tipo alienado, –confieso mis pecados–, secuestrado por los medios y seguramente de mal corazón, tengo la tentación de dudar. A pesar de que todos los días rezo aquello de “no caer en la tentación”, confieso que soy débil y que me dejo llevar. A ver, me explico: Cuando Fidel Castro se encontraba enfermo proporcionó pruebas de vida en las cuales podía verse fotografiado con el Gramma, con la peculiaridad de que se mostraba al viejo guerrillero convaleciente junto con una edición del diario en la que se veía claramente la Primera Página de la Edición del día.

En el caso de nuestro Líder Máximo, llama la atención, que la foto mostrada sea de una edición indeterminada, es imposible a simple vista saber cuál es la fecha del diario que Hugo Chávez sostiene en sus manos. Yo no digo que se trate de un asunto de mala fe, seguramente uno no podrá encontrar en el Gobierno Revolucionario a nadie que quiera tomarle a uno el pelo. Quizás, me aventuro, la peligrosa protesta de esos estudiantes armados de cuadernos y de lápices Nº 2, frente a la Embajada Cubana, haya obligado al ministro de Información a darnos a conocer lo que le estamos pidiendo que nos dé a conocer desde hace más de dos meses.
 
No es bueno mentir, termina uno confundiéndose. Termina uno sintiéndose suspicaz incluso si fuera cierto aquello de que nos estén diciendo la verdad.

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