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Escribo y comento | 16/02/2013 | 2 Comentarios
Alienación ideológica
¿De dónde saca Marco Aurelio García que estamos frente a una "nueva" versión de la izquierda latinoamericana? En la gran mayoría de los países latinoamericanos, el tronco grueso de la política ha sido de centro-izquierda, a veces de centro-derecha, nunca de izquierda-izquierda o de derecha-derecha, como imagina, de modo abstruso, el ideólogo del Brasil
FERNANDO MIRES
Marco Aurelio García
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Probablemente Marco Aurelio García no se entiende como ideólogo del "socialismo del siglo XXl", pero leyendo su artículo titulado "Los desafíos de los gobiernos" no hay más alternativa que alinearlo en esa tendencia, entre otras cosas, porque ahí subscribe punto por punto la doctrina de legitimación de las autocracias y neodictaduras sudamericanas.

Según MAG, las izquierdas sudamericanas, particularmente las del Cono Sur, fueron afectadas política, organizacional y militarmente por las dictaduras que asolaron esa región.

Lo que no dice MAG es que esas dictaduras no sólo fueron ejercidas en contra de las izquierdas. Víctimas de ellas fueron otros sectores democráticos, como ocurrió en Uruguay y en Chile.

Para hablar con ejemplos: Si las Madres de la Plaza de Mayo tuvieron repercusión mundial no fue porque eran de izquierda sino porque eran madres. Y si gran parte de la lucha democrática de los chilenos reposó sobre la Iglesia Católica, no fue porque el Cardenal Silva Henríquez hubiera sido un personaje de izquierda.

Ni en Brasil, ni en Argentina, ni en Chile, ni en Uruguay, ni en Paraguay, ni en Bolivia, los primeros gobiernos democráticos post-dictatoriales fueron de izquierda. Pero tampoco, en sentido estricto, fueron de derechas. Fueron formaciones centristas orientadas a facilitar el retorno de usos democráticos y el retiro de los militares a sus cuarteles.

De tal modo que el supuesto auge de la izquierda debe ser entendido como un fenómeno post-transición, pero no post-dictatorial. De ahí que para MAG, el gran mérito de la "nueva izquierda gubernamental latinoamericana" (la del socialismo del siglo XXl) habría sido subvertir los programas neo-liberales puestos en práctica durante el periodo de transición.

Acerca de que es lo que entiende MAG por neo-liberalismo es un misterio sólo descifrable si entendemos qué es lo que significa "neo-liberalismo" para gente como MAG. Para decirlo en síntesis, neo-liberalismo es para ellos todo lo que no es estatismo.

La izquierda latinoamericana en la visión de MAG no se define como lo hicieron las primeras izquierdas por su posición a favor de la democracia, de la clase obrera, por su laicismo o por la libertad de pensamiento. Izquierda es para ellos estatismo; y punto.

En ningún momento se les pasa por la cabeza que el estatismo puede ser más opresivo que una economía liberal políticamente regulada. Tampoco se les ha ocurrido que el estatismo pueda llevar a la práctica una economía neo-liberal. Cuba es un gran ejemplo. En ningún país del continente los derechos de las organizaciones obreras han sido más violados que en Cuba. Venezuela es un caso parecido.

Después de 14 años de vida autocrática, los otrora poderosos sindicatos obreros han sido desmantelados por el gobierno militar. Pero como esos gobiernos son para MAG "de izquierda" quedan a salvo de toda crítica.

MAG, siguiendo esa tradición economicista que caracteriza a la política latinoamericana (de izquierda y derecha), sólo conoce un límite: el neo-liberalismo.

Todo lo que no es neo-liberal (estatista) es de izquierda, incluyendo a las FARC, a las que alude con el hipócrita eufemismo de "importante insurgencia rural". En palabras de MAG: "A pesar de esas diferencias, algunos elementos programáticos estuvieron presentes, con distintos enfoques y perspectivas, en las luchas y movimientos de los distintos países: 1) énfasis en las cuestiones sociales (combate a la pobreza, la exclusión y las desigualdades), 2) democratización del Estado y participación social, 3) defensa de la soberanía nacional e 4) integración sudamericana y latinoamericana capaz de garantizar a la región un lugar en un mundo que vivía (y vive) una intensa y acelerada transformación".

¿De dónde saca MAG que estamos frente a una "nueva" versión de la izquierda latinoamericana? En su propio país, Brasil, el lulismo no surgió de la nada. Desde Getulio Vargas, pasando por Joao Goulart, siguiendo por F. H. Cardoso, las tradiciones predominantes han sido de centroizquierda.

En la gran mayoría de los países latinoamericanos, el tronco grueso de la política ha sido de centro-izquierda, a veces de centro-derecha, nunca de izquierda-izquierda o de derecha-derecha, como imagina, de modo abstruso, MAG.

¿Y de qué defensa de la soberanía nacional habla el ideólogo del Brasil? ¿Quién amenaza la soberanía continental en estos momentos? ¿O es MAG otra viuda más del "imperialismo norteamericano" con el cual Brasil ha practicado siempre las más intensas relaciones, sobre todo en tiempos de Lula?

Tampoco la política social latinoamericana ha comenzado con los "nuevos" gobiernos de izquierda. Es de muy larga data. Mucho menos la democratización del Estado a la que MAG hace mención, a menos de entender por ella la creación de relaciones verticales entre masa-Estado y líder, o el control del Poder Judicial por el Ejecutivo, o la creación de partidos-Estados, en fin, todas esas estructuras anti-democráticas que caracterizan a la nueva izquierda latinoamericana cuando se apodera de las palancas del poder.

SI MAG no estuviera tan alienado como aparenta, podría darse cuenta de que los valores que defiende el gobierno venezolano al cual ha amparado en todas sus múltiples violaciones constitucionales, son los de las más rancias derechas: militarismo, culto irracional al líder, mistificación del pasado y, recientemente, fanatismo religioso. Las tradiciones de la izquierda venezolana están en la oposición, no en los cuarteles.

Pero MAG sólo ve lo que su ideología le permite. Así nos explicamos por qué, bajo su funesta influencia, Brasil en la ONU sólo supo practicar la más antipolítica abstención, protegiendo a regímenes tiránicos como Libia ayer, Cuba y Siria hoy.

Con ese tipo de conducción, Brasil sólo será una potencia económica de "clase media". Una potencia política, jamás.

 

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