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Mundo | 16/02/2013 | 4 Comentarios
Cuatro años más
Con 51% de intención de votos, Rafael Correa asume el domingo el reto de ganar en primera vuelta las presidenciales de Ecuador, con lo cual completaría 10 años en un poder, acumulado además por el "secuestro" del sistema judicial y el hecho de que compite contra una oposición debilitada y dividida
Correa
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Este domingo los ecuatorianos elegirán a quien los gobernará los próximos cuatro años, y según las encuestas es muy probable que el presidente Rafael Correa gane en primera vuelta y acceda a la reelección con lo que estará en el poder un total de 10 años.

Correa tiene, según las últimas encuestas difundidas, entre el 48 y el 51 por ciento de la intención de voto, seguido muy lejos por el banquero Guillermo Lasso, con entre el 15 y 21 por ciento. Y ante el alto nivel de indecisos que se ubican entre el 26 y 30 por ciento, podría llegar a ganar en primera vuelta.

El mandatario necesita obtener el 50% más uno de los votos o una diferencia de 10 puntos de su rival más cercano para ganar la elección en una sola vuelta. Si gana, Correa estará en el poder por 4 años, con lo que sumarán 10 años en total de gestión tras haber sido elegido en el 2006 y reelecto en abril de 2009, cuando se convocó a elecciones generales tras la aprobación en referendo de la nueva Constitución.

Al igual que Chávez, Correa afirma que no busca una reelección indefinida o perpetuarse en el poder y ha insistido en que su actual postulación será la última y que si gana, se retirará de la vida pública una vez que finalice su período en mayo del 2017. Según ha reiterado en varias ocasiones, extraña su vida como ciudadano "común y corriente" y se irá a vivir a Bélgica, de donde es oriunda su esposa.

Según los sondeos, el economista de 49 años acumula el 51% de la intención de voto en el país petrolero y cuadruplica a su perseguidor inmediato. Su agrupación política también ganaría en la Asamblea Nacional, aunque en este capítulo las encuestas no reflejan unánimemente si logrará obtener la mayoría absoluta que ha perdido en los últimos años.

Sus políticas han sido cuestionadas por quienes sostienen que extremó el control del Estado sobre los sectores estratégicos, en detrimento de la inversión, y por haberse enemistado con los mercados de deuda al declarar un incumplimiento a poco de comenzar su primer Gobierno.

Ex profesor universitario, Correa se ha enfocado sus programas para reducir la pobreza y a atender a sectores de la población largamente olvidados.

Con un discurso plagado de rechazos al pasado reciente, un capítulo muy sensible para los ecuatorianos, víctimas de recurrentes crisis económicas e institucionales, ha ofrecido mantener en un nuevo mandato los beneficios que regó sobre las zonas periféricas y rurales. "No se puede tapar el sol con un dedo y negar el cambio radical de la patria", dijo en un mitin reciente al sur de Quito.

"El ferrocarril ha vuelto, la salud ha vuelto, el trabajo ha vuelto pero sobre todo ha vuelto la dignidad, ha vuelto la justicia, ha vuelto la soberanía", agregó en medio de la euforia de sus simpatizantes.

Asociado originalmente al líder venezolano Hugo Chávez, hoy convaleciente por un cáncer, Correa ha levantado muchos de los postulados socialistas que comparten -con matices- otros países latinoamericanos como Bolivia o Nicaragua.

DEBIL OPOSICION
Para sus detractores, ha acumulado demasiado poder, influido sobre otros poderes del Estado, como el judicial y ha tenido la "suerte" de que sus gestiones fueran acompañadas por altos precios del crudo, la primera fuente de ingresos del país.

Sus choques con la prensa le valieron acusaciones de atentar contra la libertad de expresión. Pero lejos de amedrentarse, Correa hizo millonarias demandas contra periódicos críticos, a los que luego perdonó.

Ninguno de esos cuestionamientos logró erosionar el inédito apoyo popular que tiene, aunque probablemente deberá agudizar su ingenio en un eventual nuevo periodo de cuatro años para conseguir los recursos frescos que necesita para cumplir con las promesas que han encumbrado su popularidad.

La fragmentada oposición no ha logrado calar en la población con un discurso que tilda al Gobierno de radial y autoritario.

El ex banquero Guillermo Lasso, principal figura opositora, tracciona gran parte de ese rechazo a Correa que se concentra en la clase media de las grandes ciudades, aunque los sondeos apenas le dan entre un 9 y un 15 por ciento de intención del voto.

"Es elegir entre seguir el camino del miedo o mirar hacia la senda de la libertad, la seguridad y el empleo", dijo recientemente en una caminata Lasso, estigmatizado por el socialismo por sus antecedentes en el sector financiero y por su fortuna personal.

NUEVOS RETOS
Correa busca que su plan socialista se vuelva "irreversible" y promete una reforma agraria, mayor acceso a coberturas básicas como la salud y la educación, extender la red vial y diversificar la economía para reducir la dependencia al crudo.

"Ha habido un cambio, en su totalidad aún no, pero sí se notan todos los cambios, no son palabras son hechos. Tenemos que mejorar y seguir el proceso en todos los sentidos porque aún hay mucho que hacer", dijo Luis Paredes, un microempresario de 38 años que elogió la firmeza de Correa .

Un eventual triunfo también le permitiría desempeñar un papel más importante en la alianza de mandatarios de izquierda en América Latina, que vive un momento decisivo por la ausencia de su principal figura, Chávez, hospitalizado desde hace dos meses en Cuba.

Correa , que en su juventud fue misionero y luego se formó académicamente en Estados Unidos y Bélgica, se ha enfrentado a los inversores con un discurso combativo cuando se trata de obtener mayores ganancias para el Estado.

En el 2008 declaró una polémica moratoria sobre parte de la deuda soberana para luego recomprarla a precio de mercado. Más tarde obligó a las petroleras privadas a pasar de ser socias a simples operadoras y subió el costo de las licencias de telefonía móvil a las gigantes mundiales que trabajan en el país.

También convirtió a China en el principal socio financiero de Ecuador. Pero ahora lo esperan otros desafíos.

"Su principal reto es la transformación de la matriz productiva (...) Puede ser un buen presidente, pero si no hace esto no habrá un cambio estructural", dijo Franklin Ramírez, catedrático de política de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso).

El presidente negocia actualmente contratos mineros con firmas canadienses para explotar importantes yacimientos de oro, cobre y plata y convocó a una licitación internacional para desarrollar una cuenca petrolera en una zona virgen del país.

Mientras busca inversión foránea para concluir la construcción de centrales hidroeléctricas y desarrollar la industria local de textiles, alimentos y productos refinados, mantiene el foco en su apuesta socialista.

"Crucemos de forma definitiva la línea entre el pasado y lo que viene", dijo.

 
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