La mala gobernanza, las decisiones equivocadas, carentes de profesionalidad y planificación, así como el predominio de intereses privados por encima de los del común, derivaron en ampliación excesiva de la burocracia estatal, decaimiento de las instituciones y enlentecimiento de la economía con sus consecuentes aumentos de la pobreza y desigualdad social
JORGE L. CARRASQUEL
Una narración común intenta dar cuenta del proceso político vivido en años recientes. En ella se señala a los políticos como principales responsables de una crisis económica y social que decantó la posibilidad y realidad del mismo.
La mala gobernanza, las decisiones equivocadas, carentes de profesionalidad y planificación, así como el predominio de intereses privados por encima de los del común, derivaron en ampliación excesiva de la burocracia estatal, decaimiento de las instituciones y enlentecimiento de la economía con sus consecuentes aumentos de la pobreza y desigualdad social.
Esta última sirvió de caldo de cultivo para la llegada de un populismo al gobierno que se justifica a sí mismo como necesario del poder gracias a la voluntad del pueblo que se rebela contra la opresión de los otros.
En los años más recientes, un matiz se ha agregado a la narración: fueron también responsables -si bien en menor medida- las personas de «la clase media» que cultivaron una suerte de antipolítica, determinante para la baja motivación de las personas mejor educadas del país a dedicarse a la militancia política, dejando en consecuencia el terreno libre a los actuales gobernantes. Por tanto, necesario era generar un nuevo liderazgo, con una «nueva forma de hacer las cosas», basado en otra cultura y otros valores, deslastrado del pasado.
Esta nueva forma consiste en trabajar con esfuerzo, en «estar al servicio de las personas», en buscar las «verdaderas soluciones a los problemas del país», en «enseñar a pescar más que dar el pescado». Desde ella se buscó, en su momento, alejarse de aquello que era común a los políticos viejos y nuevos en el gobierno, así como a las personas que los eligieron: la cultura rentista, pícara, facilista y clientelar de los venezolanos.
Sin embargo, han tenido poco éxito al hacerlo. Se dice que les ha costado mucho trabajar con los viejos políticos, mientras quienes gobiernan han acaparado de tal manera la circulación de los discursos que ni siquiera los hechos concretos de una buena gestión heroica- ha ayudado a convencer a su favor ampliamente a los electores beneficiarios de dicha gestión.
En consecuencia, el reto es cambiar la estrategia con la cual comunican la política, trabajar en su discurso. La narración de fondo, en tanto, sigue intacta. A su vez, los políticos del pasado poco hacen por refutar la narración endilgada.
A su vez, los del gobierno explican y narran el otro cuento, sin la creatividad y retórica explotada por uno de sus líderes ausentes. Parece que avizoran la ventaja de estar juntos y así no tener que justificar lo injustificable. Así las cosas, como dice el locutor.