Elías Jaua repentinamente, recordó sus viejos tiempos de estudiante de Sociología en la UCV cuando la clase obrera era el sujeto de la revolución. Sin embargo, en esta parodia "revolucionaria" la clase obrera lo que ha recibido del Gobierno es puro palo
Elías Jaua asistió el pasado miércoles a la inspección de la planta de aceite Diana, acto en el que se convirtió en el agitador de turno.
Este funcionario multipropósito y multiincapaz hace pocos meses era Vicepresidente, después se convirtió en candidato a la gobernación de Miranda y ahora es Canciller, tuvo la infeliz ocurrencia de darle vivas a la clase obrera.
Tal vez, repentinamente, recordó sus viejos tiempos de estudiante de Sociología en la UCV cuando la clase obrera era el sujeto de la revolución. Sin embargo, en esta parodia "revolucionaria" la clase obrera lo que ha recibido del Gobierno es puro palo.
Que lo digan los trabajadores de las llamadas empresas básicas, o los que integran la administración pública donde no se discuten los contratos colectivos desde hace años.
Pero hay otro sector donde tampoco los obreros ganan con este gobierno: la industria cementera. Allí los sindicatos denuncian que tienen cinco años sin aprobar el contrato colectivo. Se preguntarán qué tiene que ver Jaua con ello: bueno, además de que dichas empresas son públicas, son dirigidas por la esposa del susodicho. Hay que predicar con el ejemplo, Canciller.