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Mundo | 13/02/2013
Los últimos aplausos
Una multitud congregada en la Basílica de San Pedro brindó una estruendosa ovación a Benedicto XVI en su última misa pública, que estuvo cargada de emotividad. "Gracias, ahora regresemos a la oración", dijo el Pontífice de 85 años, poniendo fin a varios minutos de aplausos que claramente lo emocionaron.
Benedicto XVI
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Una multitud congregada en la Basílica de San Pedro brindó una estruendosa ovación el miércoles por la noche al Papa Benedicto XVI en su última misa pública, la cual estuvo cargada de emotividad, antes de su renuncia a fines de mes. "Gracias, ahora regresemos a la oración", dijo el Pontífice de 85 años, poniendo fin a varios minutos de aplausos que claramente lo emocionaron.

En un gesto inusual, los obispos se quitaron sus mitras como muestra de respeto y algunos de ellos lloraban conmovidos. Uno de los sacerdotes en el altar, que según la tradición se encuentra sobre la tumba de San Pedro, sacó un pañuelo para secarse las lágrimas.

La misa fue cambiada a la basílica para que más personas pudieran asistir. Cientos esperaron fuera de la iglesia. Horas antes en el hall de audiencias del Vaticano, un visiblemente emocionado Benedicto XVI dijo a feligreses de todo el mundo que confiaba en que su sorprendente renuncia al cargo, la primera de un pontífice en siglos, no dañará a la Iglesia.

Mientras, el Vaticano anunció que el cónclave en el que se elegirá a su sucesor comenzaría en algún momento entre el 15 y el 20 de marzo, manteniendo las normas eclesiásticas sobre los tiempos de tales reuniones en estos casos. "Continuad rezando por mí, por la Iglesia y por el futuro papa", dijo en sus palabras al comienzo de su audiencia general semanal, su primera aparición desde que el lunes anunciara inesperadamente que dejaría el cargo el 28 de febrero.

Fue la primera vez que Benedicto XVI, de 85 años, pronunció las palabras "futuro papa" en público. El pontífice cambiará el esplendor del Palacio Apostólico, del siglo XVI, por un sobria residencia moderna en un monasterio dentro de los terrenos vaticanos.

Los responsables de la Iglesia siguen tan impactados por la decisión que los expertos vaticanos tienen aún que decidir cuál será su título y si continuará llevando el hábito blanco de papa, el rojo de cardenal o el negro de sacerdote ordinario.

Su voz sonó con fuerza durante la audiencia, pero claramente estaba conmovido y sus ojos parecieron humedecerse ante un aplauso ensordecedor en la moderna y gran sala de audiencias del Vaticano, repleta con más de 8.000 personas.

En unas breves palabras en italiano similares a las que leyó en latín ante los estupefactos cardenales el lunes, pareció querer calmar el temor de los católicos hacia lo desconocido. Su mensaje fue que Dios continuaría guiando a la Iglesia.

EXAMEN DE CONCIENCIA
"Tomé esta decisión en plena libertad por el bien de la Iglesia tras rezar durante mucho tiempo y examinar mi conciencia ante Dios", dijo. Añadió que conocía bien "la gravedad" de tal decisión, pero también que ya no tenía la fuerza necesaria para dirigir una Iglesia con 1.200 millones de fieles, que en los últimos años se ha visto acosada por una serie de escándalos en Roma y en otras partes del mundo.

Benedicto XVI dijo que se apoyaba en el hecho de que "la Iglesia pertenece a Cristo, que nunca dejará de guiarla y de cuidarla", y sugirió que los fieles deberían sentirse reconfortados por eso. Añadió que "sentía casi físicamente" el afecto y bondad que había recibido desde que anunció su decisión.

Cuando Benedicto XVI comunicó su renuncia el lunes, el portavoz del Vaticano dijo que el pontífice no temía que fuera a darse un cisma en la Iglesia.

Unos 115 cardenales de menos de 80 años podrán optar a entrar en un cónclave secreto que designará a su sucesor.

Cardenales de todo el mundo han comenzado ya consultas informales por teléfono y correo electrónico para construir el perfil del hombre que creen que sería el más adecuado para dirigir la Iglesia en un periodo de continua crisis.

El conservador Benedicto nombró a más de la mitad de los cardenales que elegirán a su sucesor, por lo que es poco probable que el nuevo Papa cambie las posiciones previas como la prohibición contra la anticoncepción artificial o la ordenación de mujeres sacerdote.

La posibilidad de que el próximo papa sea un hombre más joven y quizás no italiano va en aumento, particularmente por los muchos contratiempos causados por los principales ayudantes de Benedicto XVI, de nacionalidad italiana.

A Benedicto XVI se le ha acusado de colocar demasiado poder en las manos de su amigo, el secretario de Estado Tarsicio Bertone. Los críticos de Bertone, a todos los efectos jefe de la administración vaticana, dijeron que debería haber impedido algunos contratiempos papales y equivocaciones burocráticas.

UN PAPA MAL ACONSEJADO
"Estos escándalos, esta mala comunicación, en muchos casos estuvieron motivados por los propios ayudantes cercanos del Papa y creo que muchos católicos del mundo creen que quizás estuvo deficientemente aconsejado por algunos de sus cardenales", dijo John Thavis, autor de un nuevo libro, "The Vatican Diaries".

El papado de Benedicto XVI se vio salpicado de crisis por los escándalos de abusos sexuales a niños por parte de sacerdotes en Europa y Estados Unidos, la mayoría de los cuales ocurrieron antes de que él llegara al cargo pero salieron a la luz durante su pontificado.

También despertó la ira de los musulmanes al comparar el islam con la violencia. Los judíos también se molestaron por la rehabilitación de un religioso que negó el Holocausto. Durante un escándalo sobre los acuerdos empresariales de la Iglesia, su mayordomo fue acusado de filtrar sus papeles privados.

"Cuando los cardenales lleguen aquí para el cónclave (..) van a tener esto en la cabeza, van a mirar con dureza la forma en que se sirvió al Papa Benedicto, y creo que muchos de ellos creen que la carga del pontificado que finalmente pesó demasiado sobre Benedicto estuvo causada en parte por algunas de sus luchas internas (en la administración)", dijo Thavis a Reuters.

El portavoz vaticano, el sacerdote Federico Lombardi, instó a los fieles a seguir confiando en la Iglesia y en su futuro. "Quienes puedan sentirse algo desorientados o sorprendidos por esto, o tengan dificultades para entender la decisión del Santo Padre deberían echar un vistazo al contexto de la fe y a la certeza de que Cristo apoyará a su Iglesia", dijo Lombardi.

Lombardi indicó que en sus últimos días en el cargo, Benedicto XVI recibiría a los cardenales en una reunión de despedida y tras el 28 de febrero, su anillo, usado para sellar documentos oficiales, será destruido como si hubiera muerto.

 
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