La universidad venezolana lleva largos años en una crisis que cada dÃa se agrava. El deterioro de la calidad de vida de los docentes es uno de los aspectos esenciales de tal situación. Hay una relación de causa a efecto entre la merma de los sueldos y la disminución del número de profesores con mayor dedicación académica
Dispone la Ley de Universidades que la enseñanza y la investigación que se realiza en nuestras máximas casas de estudio "están encomendadas al personal docente y de investigación, "cuyos miembros ordinarios son los profesores Instructores, Asistentes, Agregados, Asociados y Titulares". En dicho escalafón se asciende de acuerdo con "credenciales o méritos científicos y años de servicio" que deben ser evaluados por un jurado.
Atendiendo a su dedicación el cuerpo docente se clasifica en profesores a dedicación exclusiva, tiempo completo, medio tiempo y tiempo convencional. El peso fundamental de lo que denominamos academia, descansa sobre los profesores con mayor dedicación.
La Constitución vigente dispone, como obligación del Estado, garantizar a quienes se ocupan de la docencia "un régimen de trabajo y un nivel de vida acorde con su elevada misión".
No está de más recordar que vivimos en la era del conocimiento, en la sociedad de la información y que sin una educación en permanente renovación, acorde con los avances científicos y tecnológicos, la sociedad no progresa.
La universidad venezolana lleva largos años en una crisis que cada día se agrava. El deterioro de la calidad de vida de los docentes es uno de los aspectos esenciales de tal situación. Hay una relación de causa a efecto entre la merma de los sueldos y la disminución del número de profesores con mayor dedicación académica. A las insuficiencias presupuestarias se asocia la imposibilidad de "reponer cargos", asunto que se ha intentado paliar mediante la figura de los profesores contratados a tiempo parcial; muchos de los cuales trabajan en condiciones precarias y sin protección social.
Una simple mirada al modo como han evolucionado las remuneraciones del profesorado, desde la década de los 80, evidencia que caminamos por un despeñadero. En 1983, año del aciago Viernes Negro, el sueldo mensual de un profesor Instructor a dedicación exclusiva (Bs. 7.152,00) era el equivalente a 7,95 salarios mínimos, cuyo monto, para entonces, era de Bs.
900,00. Desde mayo de 2011, por efecto de otro me dio la gana presidencial, el sueldo de un profesor con idéntica categoría y dedicación pasó de Bs. 2.380,68 a Bs. 3332,95 que corresponde a 1,63 salarios mínimos, comparado con el vigente desde septiembre pasado (Bs. 2.047,50).
En fin, estamos ante la caída más estrepitosa de los sueldos de los docentes universitarios, en los últimos 30 años, pero también frente a otra evidencia del empeño gubernamental de destruir a toda institución que no le sea incondicional.
Por cierto, resulta por lo menos cínico que en la página de la OPSU (http://www.opsu.gob.ve) el cuadro salarial descrito se exhiba como prueba del "buen vivir promovido por el gobierno bolivariano"; es decir, según estos revolucionarios de orilla, los profesores universitarios ahora están mejor que nunca.
*Esta nota data de diciembre de 2011. Se reproduce, con algunos cambios, porque el problema ha empeorado.