Es interesante constatar que las leyes de la economía no solo existen sino que cuando se las respeta de manera consistente, y por supuesto conservando un papel importante pero no asfixiante para el Estado, los resultados no se hacen esperar
En el fin de semana del 26 de enero se reunieron en Santiago los Estados miembros del nuevo CELAC con la Unión Europea a hablar de negocios e integración de mercados. Sobre la cumbre del CELAC propiamente dicha no hay mayor cosa que reportar más allá de los discursos interminables, tradicionales de nuestra cultura política, y el nombramiento de Raúl Castro como su presidente; para lo que sirva. Lo interesante de la otra reunión, la de negocios, fue mostrar dos Américas Latinas: una que lleva años en franco crecimiento y que ha adoptado políticas sanas y esencialmente sostenibles, y otra que va en la dirección contraria o en todo caso no se decide aún.
Cuando uno lee los informes sobre nuestro continente, se ven expresiones como que América Latina crece mientras la Unión Europea se estanca, o que la UE viene a buscar en AL mercados y aliados que le provean salidas a sus productos... Pero como todos sabemos, esos promedios esconden realidades muy diversas, así como no todos los países de la UE tienen los mismos problemas.
En el caso de nuestra región, son los países del Pacífico (Chile, Perú, Colombia, Panamá y México) los que muestran (junto con Brasil, es justo reconocerlo) un verdadero empuje de crecimiento, que se basa en economías de mercado, apertura a la inversión extranjera, suscripción de acuerdos de libre comercio (o sea exponer a sus empresas a la competencia) y una conducción macroeconómica ortodoxa, vale decir control del déficit fiscal e independencia de sus bancos centrales para evitar el financiamiento del gasto público. Eso es en lo económico lo que aprecian los inversionistas de otros países, y que disfrutan sus ciudadanos: crecimiento sin inflación además de generación de empleo y capacidad de ahorro.
Es interesante constatar que las leyes de la economía no solo existen sino que cuando se las respeta de manera consistente, y por supuesto conservando un papel importante pero no asfixiante para el Estado, los resultados no se hacen esperar.
De hecho, el problema ahora es que el peso chileno, el sol peruano y el peso colombiano se han apreciado tanto que las importaciones se están haciendo baratas en perjuicio de la producción local. No como efecto de la aplicación de tasas de cambio controladas y de fantasía, sino como resultado de una economía atractiva y en expansión donde los propios ciudadanos prefieren traer sus ahorros internacionales.