Con la Ley que Regula la Compra y Venta de Vehículos volvemos a la verdadera razón de nuestros males y nos aprestamos a cometer los mismos errores que en el pasado porque quienes son hoy gobierno y oposición atribuyen los problemas económicos a la falta de controles y no, por ejemplo, al desorden fiscal, o a los controles que restringen la producción
"En el 2008 la demanda interna de vehículos fue calculada en unos 500.000 vehículos aproximadamente y la oferta se calculó en 350.000 unidades...; tal situación hizo que el mercado nacional haya presentado un fenómeno que quizá sea único en el mundo: los vehículos, al salir del concesionario, llevan un precio superior al sugerido por las ensambladoras para la venta al público, generando una elevación artificial de los precios y la sensación de desabastecimiento esgrimida por la conspiración".
Esta es una cita textual de la exposición de motivos del Proyecto de Ley que Regula la Compra y Venta de Vehículos Nuevos y Usados Nacionales o Importados.
Aprobado de forma casi unánime por gobierno y oposición. Esto merece algunos comentarios porque nos retrata de cuerpo entero y a nuestra historia económica de los últimos decenios.
En efecto, la exposición de motivos declara que hay un enorme desbalance entre oferta y demanda y a renglón seguido se pregunta por qué se elevan los precios y lo atribuye a una conspiración.
Que un comunista diga esto, puede que pase ya que su dogma pasa por la sustitución del mercado por la "planificación científica" y valor y costo son para él casi lo mismo y se refieren al trabajo socialmente necesario que contiene el producto.
Pero que gente que ha estudiado economía en las universidades y que sabe perfectamente que el ajuste entre oferta y demanda lo hace el precio, y que este refleja la escasez relativa que no tiene nada que ver con el costo... y se escandaliza públicamente del fenómeno y no se pregunta por qué se llega a eso, ni por el estado de la producción ni por el cierre de la economía, ni por el desbarajuste fiscal del gobierno que imprime bolívares sin contrapartida, resulta revelador y triste a la vez.
Se trata pues de una muestra de la verdadera razón de nuestros males y como en la maldición de Sísifo, nos aprestamos a cometer los mismos errores que en el pasado porque quienes son hoy gobierno y oposición, y que en el pasado eran lo contrario, casi siempre atribuyeron los problemas económicos a la falta de controles y no, por ejemplo, al desorden fiscal, a los controles que restringen la producción y a nuestra débil institucionalidad legal y económica.
Nuestro problema no es económico sino cultural, como bien dice el doctor Efraín Velásquez. Hacemos un mal diagnóstico de las causas y una peor lectura de los efectos. Siempre culpamos al sofá.