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Reportaje | 28/01/2013
Guerra de los drones
En total, desde que el programa de drones se inició en el 2004, durante el gobierno de George W. Bush, por lo menos 473 civiles han muerto en ataques de la Agencia Central de Inteligencia
HARRY BLACKMOUTH
Drones
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Durante el 2012, drones de la CIA mataron a 246 personas en las provincias paquistaníes de Waziristán del Norte y del Sur, según grupos de monitoreo norteamericanos y británicos. Los aviones manejados por control remoto lanzan misiles contra presuntas bases de Al Qaida o de la milicia afgana Talibán, aunque en los ataques suelen morir civiles El Bureau of Investigative Journalism, con sede en Londres, denunció que 68 civiles murieron en el 2011 en ataques con drones, y siete en el 2012. En total, desde que el programa de drones se inició en el 2004, durante el gobierno de George W. Bush, por lo menos 473 civiles han muerto en ataques de la Agencia Central de Inteligencia.

The New York Times dijo que la CIA paga algunos centenares de dólares a delatores para que descubran sitios donde se ocultan milicianos de al-Qaida o del Talibán, a fin de asesinarlos desde el aire. En ocasiones, esos delatores colocan aparatos electrónicos cerca de las viviendas de milicianos para que puedan ser detectadas desde el aire. Hace algunos meses, el Talibán divulgó un video mostrando uno de esos artefactos: se trata de un circuito electrónico de unos 2,5 centímetros por lado, protegido por una cubierta de plástico transparente. Cuando se lo conecta con una pila de nueve voltios, el artefacto emite luz infrarroja, que guía a los drones hacia su objetivo.

DILES QUE NO ME MATEN
Varios grupos de milicianos afganos han divulgado videograbaciones donde presuntos delatores confiesan sus delitos, y explican cómo fueron reclutados por la CIA. Entre los acusados figuran personajes que se hacen pasar por combatientes del Talibán, vendedores de frutas, e inclusive drogadictos. Según las confesiones, la CIA paga entre 150 y 450 dólares por cada ataque exitoso con drones.

Algunos de los prisioneros confesaron haber colocado artefactos electrónicos de seguimiento envueltos en papel de cigarrillo cerca de vehículos y viviendas de milicianos de Al-Qaida. Varios informantes aseguraron haber sido reclutados por el servicio de inteligencia de Pakistán. El ejército paquistaní ha negado toda colaboración con la CIA en los ataques aéreos.

El final de cada videograbación es tan conocido como el final en una película de vaqueros. Los presuntos informantes son ahorcados, decapitados, o fusilados.

Los encargados de las videograbaciones no intentan disimular que los prisioneros han sido maltratados. Cuando aparecen ante las cámaras de video, son visibles las huellas de tortura. Grupos de defensa de los derechos humanos han dicho que algunos de los supuestos delatores confesaron luego de ser suspendidos de ganchos durante aproximadamente un mes.

The New York Times dijo que aunque pululan los escuadrones de la muerte en las diferentes milicias que combaten en Afganistán y en Pakistán, tal vez el grupo más formidable es el Ittehad-e-Mujahedeen Khorasan. Algunos expertos lo consideran parte del servicio de contrainteligencia de Al Qaeda. La organización, que cuenta entre sus verdugos a milicianos árabes y uzbecos, ha sembrado el terror en la región pues cultiva una imagen siniestra, robustecida con videos espectaculares, y con una implacable violencia.

En un video del 2011 se ve a milicianos de Khorasan viajando en camionetas que tienen los vidrios ahumados. Todos ellos cubren sus rostros con pasamontañas. Posteriormente, se observa a varios milicianos inspeccionando vehículos.

Luego, los milicianos se desplazan hacia el centro de una población en el norte de Waziristán, y distribuyen panfletos a comerciantes exigiéndoles que denuncien a los traidores. A continuación, los milicianos alinean a tres hombres cerca de una estación de servicio, y los ejecutan.

ALGUNOS SE SALVAN...
Aunque los captores de los supuestos informantes les aseguran que les perdonarán la vida si confiesan, muy pocos se salvan de la ejecución. Un caso excepcional es el de Suleiman Wazir, un cabrero de veinte años del Sur de Waziristán. Suleiman fue secuestrado por milicianos del Talibán en septiembre, tras ser acusado de espía, encerrado en una cueva, y flagelado centenares de veces. El prisionero estaba seguro que lo ejecutarían.

Sin embargo, tras algunas semanas de cautiverio, familiares de Suleiman pidieron a los jefes de una tribu que intercedieran por el cautivo. Los familiares lograron convencer al Talibán que Suleiman era inocente. El secuestrado fue puesto en libertad a cambio de la entrega de cinco cabras a los milicianos.

...OTROS NO
Pero esa no es generalmente la suerte que corren los condenados. Tal vez una de las escenas más conmovedoras de los videos divulgados por los milicianos es protagonizada por Hamidullah, un inmigrante afgano, quien parece decidido a saldar sus cuentas antes de su ejecución.

Frente a las cámaras, el condenado declara: "Díganle a mis padres que debo 250 rupias a un hombre de la aldea". Y luego, con voz temblorosa, Hamidullah añade: "Tras mi muerte, por favor, páguenle el dinero que le debo".

 
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