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Opinión | 16/01/2013
Crecen los enanos
El control político, lo ejercen con efectivas campañas circenses de propaganda y de vinculación social, así como de formación ideológica y adoctrinamiento educativo con un partido único
FERNANDO NIÑO
Promesas incumplidas
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Poco probable parecía después de la caída del imperio soviético en los años 80’s por quiebra económica y su entierro simbólico con la caída del Muro de Berlín en 1989, que un país tropical con plenos recursos petroleros decidiera comprar la franquicia comunista que había estado en oferta por más de 50 años, con fracasos estruendosos por Asia, África y América.

El Gobierno de Chávez por 250 mil barriles de petróleo al día, la mitad de la producción petrolera de Ecuador, dispondría así de la eficiente maquinaria cubana para mantener el poder. La franquicia cubana funciona con un férreo control político y militar, Fidel y Raúl para los que necesitan cabezas visibles.

El control político, lo ejercen con efectivas campañas circenses de propaganda y de vinculación social, así como de formación ideológica y adoctrinamiento educativo con un partido único. Sus saltimbanquis, serían los cortadores de caña y sus enanos, los milicianos, utilizados en verdaderos circos de homogenización del pensamiento.

El control militar, por su parte, es mucho más que el control de las armas, pues se dedican al espionaje y a controlar los recursos de inmigración, cedulación, y registro, para llevar en tiempo real, en qué está pensando la población, y a qué dedica el tiempo libre, como la canción aquella de José Luis Perales.

Pero esta franquicia ha encontrado en esta tierra de gracia, serías dificultades para implantarse. Mientras "el héroe" como pieza central del circo-propaganda, había sido logrado con tan buena mezcla de redentor cristiano, guerrero bolivariano, y justiciero a lo Che Guevara, de pronto, la campaña se encuentra orientada sólo para el 55% de la población, ignorando al otro 45%, de la población, es decir unos 6,5 millones de personas, con un producto que se vende como un mito: hará la acrobacia ésta y aquella, pero no sabemos cuándo...

Cualquier gerente de mercadeo sabe que su "market share" o torta del mercado, aunque buena, está basada en algo muy volátil y efímero. Pero como dijera Fernando Mires, en su artículo de "Bicefalia política" ( TalCual, 12/01/13), en el "Pacto de La Habana" se establece un control militar en manos de Cabello, y uno político en las de Maduro, creando un monstruo de dos cabezas.

Aquí también, la franquicia muestra resquebrajamientos, pues por una parte, no confían en el militar designado, y el control que esperaban del liderazgo político y pensamiento único, se lo enfrentan a ese otro país, con un anti-héroe, que se consigue con un "fractal" de visiones del socialismo del siglo 21, más parecido a una galleta de soda rota en pedazos, con un país que se cae a pedazos, una gestión paralizada y corrupta, con más promesas que logros, en medio de una inconstitucionalidad que hará mella en el tiempo. La franquicia de cortadores de caña y milicianos como saltimbanquis y enanos, recitando odas al líder, no parece suficiente para reducir a este país indómito al circo tropical castrense.

 
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