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Entretenimiento | 12/01/2013
Rock para un país acéfalo
Era 31 de diciembre en la noche y mientras muchos estaban brindando y comiendo uvas y lentejas, Salvador Gozzo subía a la red el nuevo disco de Los Melancólicos Anónimos que los muestra más ruidosos, más comprometidos con su propia estética y mensajes, y más expansivos en su sonido
VÍCTOR AMAYA/FOTO CORTESÍA MARÍA GABRIELA LARA
Los Melancólicos Anónimos
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Era 31 de diciembre en la noche y mientras muchos estaban brindando y comiendo uvas y lentejas, Salvador Gozzo subía a la red el nuevo disco de Los Melancólicos Anónimos que los muestra más ruidosos, más comprometidos con su propia estética y mensajes, y más expansivos en su sonido.

Así como el primer venezolano nacido este año se llama Olinger, el primer disco se titula El Segundo, y viene firmado por el sexteto que incluye a Pachi Jiménez, Sebastián Núñez, Vicente Vitulli, Salvador Gozzo, Luis y Daniel Esparza (culpables de @correoguaire junto a Joaquín Ortega), con quien conversamos en serio pero con chistes.

Inscripciones Abiertas (2011) los puso contestones, los dio a conocer y los hizo hermanarse en el estudio. Ahora tomaron lo que dejaron por fuera para completarlo, aumentarlo y mejorarlo en este nuevo trabajo que no deja de plantarle cara a "las mayorías" con su "Tuami nome asusta" o de relatar historias tan humanas, como un amor de metro en "Seis Estaciones".
 
–¿Qué quería explorar más en El Segundo?
–Nuestro primer disco es muy acústico y quizá tiene mucha influencia del folk de trovadores norteamericanos. Este disco es más eléctrico, más rocanrolero, más rolinga, algo más pesado. Aquí hay más distorsiones y atendimos influencias beatleras, de los Stone Roses, de Oasis, incluyendo más piano y orquestando temas, entre otras excentricidades.
 
–Un sexteto es mucha gente, muchas influencias. ¿Cómo complementarlas o sacarles provecho?
–Parte de la ventaja que tenemos es que Luis, Vicente y yo venimos de tocar rock progresivo. Eso te hace saber trabajar con varios timbres, con orquestación y demás, y eso se deja ver en el disco, como en "Mejor me voy". Salvador es un baterista joven que tiene influencias de cosas recientes. Pachi viene de la tradición del cantautor y sabe cómo armar un tema melódicamente completo; y Salvador en la batería le da la oportunidad a Luis de dedicarse más a componer, por eso firma varios temas como "Perfecta" donde yo hice pianos y Nikola Krestonosich, un músico croata que reside en Bélgica y viene de la tradición del blues, le hizo las guitarras. Sebastián (el dueño del estudio) viene de hacer hip hop y de influencias como Pink Floyd. Ser seis nos permite rotarnos y jugar más entre nosotros.
 
–Las letras van desde el punk de reclamo social y político, pasan por la joda ciudadana, y llegan hasta la intimidad humana.
–Hemos tratado de acercarnos a lo que pretendemos que sea una mirada socioantropológica al rollo criollo. El disco está anclado en un contexto histórico, social y político determinado. No existe una definición clara del sonido del rocanrol hecho en Venezuela, por eso lo anclamos con las letras. Sin querer ser Porno Para Ricardo ni Pussy Riot, es importante que el rock haga denuncia; sin dejar de incluir el aspecto puramente humano o hasta la búsqueda de lugares para consumar el amor juvenil (que tratan en "Banos aser el amor", escrita por Joaquín Ortega).
 
–Hay canciones que suenan distinto en el disco a como lo hacen en directo.
–Creemos que cada cosa tiene su sonido. Estamos ensayando para adaptar las nuevas canciones a tarima donde no usamos teclados, por ejemplo. Creemos que son ofertas distintas, el disco y el concierto, por eso un bolero acústico con percusión latino puede sonar más "tarantineado".
 
–La banda comenzó como un punto de fuga a la creatividad, a las ganas de tocar, pero ya los ha hecho irse enseriando. ¿Están dispuestos a asumir esa exigencia?
–El show del Trasnocho fue un antes y un después. Tenemos que asumir el rocanrol en serio, algo inusual para unos treintones y un niño de 21 años. Es el único espacio de producción de mercancía en el que no estamos por el dinero, ni tomándolo en serio, como el trabajo, los estudios, la familia, el país (aunque el país no lo tome en serio a uno). El rock te pide todo pero no te deja nada a cambio, y está empezando a pedir. Lo que ofrecemos es no bajar el ritmo en la producción y vamos a empezar a grabar el tercer disco (ya tienen adelantadas unas 5 canciones); armar un buen repertorio y tocar mucho.
 
El disco se puede escuchar completo en el bandcamp de la agrupación, y pronto tendrá edición física y para descargas.
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MEMORIAS DE LA MÚSICA
"Maggie May"
En 1971, Rod Stewart la compuso junto a Martin Quittenton, y la grabó en Inglaterra para su disco Every Picture Tells A Story. El tema se refiere a la relación de un joven con una mujer mayor que él, para lo cual el cantante se inspiró en su propia experiencia recordando su "primera vez" a los 16 años y durante el Beaulieu Jazz Festival.

El nombre de la mujer nunca se ha sabido. La canción se llama así tomando el nombre de una prostituta de la calle Lime, mencionada en la tradicional "Maggie Mae" (la primera palabra es una forma coloquial de decir prostituta en Inglaterra).

Durante su grabación, hubo problemas con la batería al haberse extraviado el pedal de bombo (algunas versiones dicen que se había roto). Por ello, el baterista debió grabar las partes de bombo en una pista separada, golpeando el cuero con baquetas como si fuera un gran tambor, por eso el bombo suena lejano en la edición final a diferencia de los platillos y el redoblante.

"Maggie May" se lanzó como lado B del tema "Reason To Believe", original de Tom Hardin, porque la disquera pensó que no tenía buen potencial comercial. Los discjockeys de las radios la desmintieron, poniendo al aire "Maggie May" en Reino Unido y Estados Unidos. Así consiguió tener éxito en ambos lados del Atlántico.

El sobrevenido éxito de la canción motiva su relanzamiento como lado A. Se convierte así en el primer single notorio del cantante en solitario, algo que además propulsa la fama del álbum. Stewart aún formaba parte de The Faces y grababa como solista por exigencias contractuales. Luego de la fama de este tema, los hows de la banda comenzaron a publicitarse como "The Faces con Rod Stewart".

La canción inicia con un solo de mandolina interpretado por Ray Jackson, del grupo de folk británico Lindisfarne (quien luego lo demandó reclamando regalías), y se destaca por los ritmos pegadizos, los punteos de guitarra y la voz de Stewart.

El británico llegó a confesar lo que le impresionó el éxito de la canción porque "no tiene melodía. Está llena de carácter y buenos acordes, pero nada de melodía". La revista Rolling Stone la situó en el puesto 130 en la lista de las 500 mejores canciones de todos los tiempos.
                                                                                                                          Alicia Hernández / @AliciaHS

 
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